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¿Qué Realmente Significa esa Parábola?

por: Rebecca J. Brimmer, Presidenta Ejecutiva Internacional

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Mi esposo es un guía turístico israelí, y dice que las parábolas son historias narradas a medida que uno anda por el camino. Puedo imaginarme a Yeshúa (Jesús) contando historias mientras caminaba con Sus discípulos por la Tierra de Israel.

Generalmente, cuando pensamos en parábolas, recordamos cómo Yeshúa las usó. Sin embargo, Él no inventó las parábolas. Eran una herramienta muy común usada por otros rabinos de su época. En hebreo, se llama mashal, y puede significar proverbio, cuento ficticio, poema, fábula, acertijo o alegoría. David Stern, una autoridad en parábolas rabínicas, dice: “Sobre todo, el mashal era el mejor medio de representar a Dios en la literatura rabínica.”

Según Brad Young, “el Jesús de los Evangelios Sinópticos acostumbraba usar dramatizaciones cortas para comunicar Su mensaje. El cuadro pictórico de la parábola crea un drama que re-describe en términos claros la realidad que intentaba ilustrar. La semejanza entre la realidad y la ilustración hace una comparación instructiva.”

Las parábolas son historias que ilustran una verdad más profunda. A menudo son cuadros pictóricos. Utilizan imágenes fáciles de comprender y de uso común. Algunos han descrito las parábolas como historias terrenales con significados celestiales. Claramente, eran un método de comunicación para instruir, iluminar y dar a comprender un concepto más elevado usando imágenes del diario vivir. Las parábolas de Yeshúa eran entretenidas. Atraían la atención, y a veces tenían un elemento sorpresivo. Quizás se nos olvide un sermón seco, pero fácilmente recordemos los giros sorprendentes en las historias de Yeshúa. Veamos más de cerca algunas de las parábolas de Yeshúa, una de cada Evangelio.

Las Ovejas y los Cabritos – Mateo 25

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Esta parábola es parte del Discurso de los Olivos. Los discípulos le habían preguntado a Yeshúa: “Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de Tu venida y de la consumación de este siglo?” (Mat. 24:3b). Yeshúa contestó esa pregunta en el capítulo 24. Además, les dijo cómo deben actuar en los finales tiempos. Hay seis parábolas en Mateo 24 al 25. Esas incluyen la parábola de la higuera, del ladrón, del siervo prudente, de las vírgenes, de los talentos, y de las ovejas y los cabritos.

Con la excepción de la parábola de la higuera, creo que todas tienen que ver con la manera en que nos debemos conducir durante los últimos tiempos. La parábola del ladrón nos dice que debemos estar alertos y vigilantes. Las parábolas tanto del siervo como la de los talentos nos exhortan a que seamos fieles con los recursos de nuestro amo. La parábola de las diez vírgenes nos advierte que estemos preparados. La parábola de las ovejas y los cabritos enfatiza la importancia de cuidar a los necesitados y advierte que Dios juzgará a las naciones según trataron a los oprimidos.

La palabra “naciones” en Mateo 25:32 viene del griego ethnos. Podría también significar grupos poblacionales o tribus. En 1 Pedro 2:9, Pablo usa el término de “nación santa” para hablar de los gentiles cristianos.

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Yeshúa dice que todas las naciones serán agrupadas como ovejas o cabritos durante el Juicio. Serán juzgadas según se portaron con los hermanos de Yeshúa (Mat. 25:40). Los que proveyeron agua, alimento y ropa, o visitaron a los encarcelados y enfermos, o proveyeron hospitalidad a los extranjeros caerán dentro de la categoría de ovejas. Esos heredarán “el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo” (v. 34). Los que no hicieron así serán identificados como cabritos. “Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna” (v.46).

Consideremos el contexto. Yeshúa, siendo maestro judío del primer siglo, quiso contestar la pregunta hecha por Sus doce discípulos judíos. Eso fue mucho antes de que los primeros gentiles fueran aceptados como parte del “Camino.” Hechos 10 describe cuán difícil se le hizo a Pedro ir a hablar con Cornelio, el primer gentil en aceptar a Yeshúa y recibir el regalo del Espíritu Santo.

Cuando los discípulos del Mesías, parte de la más amplia comunidad de fe judía, escucharon la mención de Sus “hermanos,” seguramente pensaron que se refería a los necesitados entre la nación judía. Claro está, los creyentes cristianos hoy día deben seguir los principios expuestos aquí y ministrar a cualquier necesitado del mundo. Pero también pienso que debemos considerar que Yeshúa decía que las naciones (o grupos poblacionales) serían juzgadas por la manera en que trataron al pueblo judío (los hermanos naturales de nuestro Salvador, nacido como judío). El profeta Joel también habló acerca de un juicio de las naciones (denominadas como goyim en hebreo), y claramente lo relaciona con su trato de “Mi pueblo y Mi heredad, Israel” (Joel 3:2).

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Esta parábola también exhibe unas características sobresalientes de Dios, que son la misericordia y la compasión. A medida que sigamos los caminos de Dios en estos últimos tiempos, no olvidemos de demostrar Su misericordia y compasión hacia los necesitados.

Los Malvados Labradores – Marcos 12

La parábola de los malvados labradores se encuentra en los tres Evangelios Sinópticos (Mateo 21:33-46; Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19). El argumento común de que Dios ha rechazado al pueblo judío para favorecer a los cristianos ha sido defendido durante toda la historia eclesiástica en base a esta parábola.

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En esta parábola, Yeshúa contó acerca de un terrateniente que tenía una viña. Este la arrendó a unos labradores y se fue de viaje a un país lejano. Luego de un tiempo, envió a un siervo para recoger su parte de la ganancia de los frutos. Los labradores golpearon al siervo y lo echaron de la propiedad. Luego el amo envió a otro siervo, quien fue tratado igual. Al fin, el terrateniente envió a su amado hijo, a quien los malvados labradores mataron. En respuesta, el dueño destruyó a los labradores y arrendó la viña a otros.

La tradición cristiana trata esta parábola como una alegoría. David Wenham describe su significado: “…la idea general de la parábola está clara. Es una historia acerca de Dios, quien primero envía Sus profetas y luego Yeshúa al pueblo de Israel, y les pide pacientemente que ‘lleven fruto.’ Es la historia del violento rechazo a ese llamado, culminando con el asesinato de Yeshúa; y es la historia de Dios castigando a Israel y entregando la viña a otros.” Esta típica interpretación explica que los “otros” son los cristianos, quienes ya han reemplazado al pueblo judío.

Pero yo quisiera estudiar esta parábola según su contexto histórico y cultural en vez de mirarlo por el lente de una posterior doctrina eclesiástica, definida usualmente por líderes con actitudes antisemitas.

En el tiempo de Yeshúa, el pueblo judío vivía bajo la opresión romana. Herodes era el rey en representación de Roma, y este controlaba el sacerdocio. Mandó matar al sumo sacerdote e instaló a quien quiso (Simeón); subsiguientemente, el oficio era comprado con favores políticos y monetarios. La secta saducea judía era quien controlaba todos los aspectos del Templo, pero eran vasallos de Roma. Los piadosos judíos del tiempo, incluyendo Yeshúa y Sus discípulos, aborrecían la corrupción en torno al sagrado Templo. Según el Dr. David Flusser, el resto del pueblo de Israel se oponía al sacerdocio corrupto, y Yeshúa mismo estaba en solidaridad con el pueblo en Su rechazo de los líderes de esa generación. Podemos ver la intensidad de Su ira por la manera en que echó los mercaderes del Templo poco antes de pronunciar esta parábola.

Yeshúa pronunció la referida parábola en Jerusalén durante Su última semana antes de la crucifixión. Un comentario en la Biblia de Estudio Nelson dice: “Cuando Yeshúa enseñó en Jerusalén durante Su última semana, Sus parábolas se referían a la aceptación o el rechazo de Su persona. En esas ocasiones, los sacerdotes y los fariseos sabían que hablaba de ellos. Se sentían ofendidos por las parábolas de Yeshúa, y lo despreciaban tanto a Él como a Su mensaje.” De hecho, los tres evangelios dicen que los sumos sacerdotes y los escribas respondieron airadamente porque reconocieron que se refería a ellos. Los autores de los Evangelios no niegan ese hecho.

Pero la interpretación tradicional ignora que los seguidores de Yeshúa eran judíos. De hecho, fueron Su seguidores quienes llevaron el Evangelio al mundo conocido de su tiempo. Por lo tanto, todos los que tienen fe en Yeshúa hoy día recibimos ese gran regalo por mano de los creyentes judíos del primer siglo.

Así que, ¿qué significado tenía esta parábola para la audiencia original? Pienso que la viña era una referencia a Israel. Yeshúa no hablaba en contra de la viña. Hablaba contra los malvados labradores, los que gobernaban la viña, o sea, el sacerdocio corrupto y la corte religiosa de ese tiempo. Yeshúa también profetizó que el sumo sacerdote y el Sanedrín, junto con los gobernantes romanos, lo arrestarían y lo matarían. Rechazarían al Hijo de Dios. Pero Yeshúa no condenó al pueblo de Israel en general, muchos de los cuales sí le seguían. A manera interesante, no hubo remanente de la secta saducea luego del año 70 d.C.

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La prevalente enseñanza eclesiástica de que Dios ha rechazado al pueblo judío no es apoyada por esta parábola. Jeremías dijo que mientras el sol, la luna y las estrellas estuviesen en su lugar, Dios nunca olvidaría Su pacto con ellos (Jer. 31:33-35). El Apóstol Pablo dijo que, respecto al Israel natural, “los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables” (Rom. 11:29).

Asientos en el Banquete – Lucas 14:7-14

En esta parábola muy práctica, Yeshúa advierte sobre cómo debemos actuar en un banquete de bodas y a quién debemos invitar. En la primera mitad del pasaje, Yeshúa advierte que no debemos sentarnos en los lugares de honor, sino que debemos tomar una posición más humilde. La segunda mitad advierte que debemos invitar a los menos distinguidos de la sociedad. Como es común en Sus parábolas, ambos consejos tienen un elemento sorpresivo para que las personas se detengan a pensar. No tan sólo dice que los que esperan ser honrados no procuren esa honra, sino que debemos honrar a los menos merecedores y a los que no puedan devolver el favor.

Esta parábola se pronunció en el hogar de un prominente fariseo. Lucas 14:1 dice: “Y aconteció que un día de reposo, Jesús entró para comer en casa de uno de los principales de los Fariseos, y ellos Lo estaban observando cuidadosamente.” El hogar de este destacado fariseo probablemente era espacioso y de clase social alta. No sabemos si Yeshúa era un huésped de honor o no, pero sabemos que se destacó porque todos lo estaban mirando. Él también miraba a los demás invitados.

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Es posible que una vivienda de clase alta tendría una mesa especial de banquete llamada triclinio. Esa era una mesa romana formal compuesta por tres lados en forma de “U.” Los participantes se reclinaban en divanes o almohadas en la parte exterior de la mesa, dejando libre el interior para que los sirvientes pudiesen servir cómodamente. Y había un orden definido en el acomodo de los invitados. El anfitrión se sentaba entre las dos personas más importantes en el ala izquierda de la “U”: el huésped principal se sentaba al lado izquierdo del anfitrión, y su amigo de más confianza a su mano derecha. Los demás se sentaban a la mesa por orden descendiente de importancia hasta el final de la “U”. Puedo imaginar a Yeshúa observando a los invitados mientras peleaban por los lugares más cercanos al anfitrión. ¿Cuál fue Su consejo? Que tomasen los asientos más inferiores, porque era mejor ser movido hacia arriba que ser avergonzado al ser movido a un asiento de menos importancia. Entonces dijo: “Porque todo el que se engrandece, será humillado; y el que se humille será engrandecido” (Lucas 14:11).

En nuestro mundo moderno, la humildad es una virtud casi olvidada. Nos enseñan que debemos tratar de ser importantes y sobresalir, y muchos contratan a especialistas para que los promocionen públicamente. Pero en el judaísmo, la humildad siempre ha sido algo admirable. De hecho, Moisés es descrito como “un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la superficie de la tierra” (Núm. 12:3).

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El rabino Jonathan Sacks, anterior Principal Rabino de Gran Bretaña, una vez escribió sobre la humildad. Dijo: “La humildad, la verdadera humildad, es una de las virtudes que más alcance y valor tiene en la vida. No significa que uno se rebaja, sino que uno estima a las demás personas. Refleja cierta disposición a ver la grandeza de la vida, a ser sorprendido y elevado por la bondad que uno encuentra en todo lugar. Yo aprendí el significado de la humildad de mi fallecido padre. Él había llegado a este país a la edad de cinco años, huyendo la persecución en Polonia. Su familia era pobre y tuvo que abandonar la escuela a los catorce años para mantenerla. Su educación fue por aprendizaje propio. Pero amaba la excelencia en cualquiera de las áreas o formas. Tenía una pasión por la música y el arte, y su gusto literario era impecable, mucho mejor que el mío. Era entusiasta de la vida. Tenía la capacidad de admirar, y eso era lo que yo más admiraba de él.”

Continuó escribiendo Sacks: “Creo que en eso consiste la humildad, en la capacidad de abrirse a algo superior a uno. Una falsa humildad es la pretensión de ser pequeño. Verdadera humildad es la consciencia de estar ante la presencia de algo grande, por lo cual es virtud de los profetas, quienes sentían más intensamente la cercanía de D-os.”

En la segunda parte de la parábola, Yeshúa dijo: “Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos, cojos, ciegos” (Luc. 14:13). ¡Me pregunto cómo se sentiría Su anfitrión cuando dijo eso! Probablemente los invitados eran personas prominentes (quienes esperaban buenos asientos a la mesa). Quizás lo dijo como crítica de su anfitrión. Quizás nunca lo sabremos.

Sin embargo, no creo que Yeshúa decía que nunca debemos invitar a nuestros amigos y familiares a nuestros banquetes, pero no existe una recompensa especial por hacerlo. Recibiremos nuestra recompensa cuando seamos invitados a cambio. Pero cuando invitamos a los necesitados, pobres y enfermos, nuestra recompensa será “en la resurrección de los justos” (v. 14). Eso me recuerda el texto en Mateo 25 cuando Yeshúa dijo que seremos juzgados por la manera en que tratemos al más pequeño de Sus hermanos. Parece que es muy importante para Dios que demostremos compasión y amor hacia los menos destacados. Santiago 1:27 dice: “La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.”

Santiago nos advierte contra demostrar preferencia por los adinerados: “Porque si en su congregación entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y también entra un pobre con ropa sucia, y dan atención especial al que lleva la ropa lujosa, y dicen: ‘Siéntese aquí, en un buen lugar;’ y al pobre dicen: ‘Tú estate allí de pie, o siéntate junto a mi estrado;’ ¿acaso no han hecho distinciones entre ustedes mismos, y han venido a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, escuchen: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que El prometió a los que Lo aman?” (Sant. 2:2-5).

Cada historia tiene su moraleja, ¿cierto? Recuerde lo que dijo el rabino Sacks cuando dijo que la verdadera humildad es que valoremos a los demás. Y en paráfrasis de lo que dijo Yeshúa, debemos permitir que otros nos estimen mientras nosotros estimamos a los demás, aun a los que el mundo dicen ser de poco valor.

El Buen Pastor – Juan 10:1-18

La Biblia está llena de ricas ilustraciones para que sus lectores comprendan mejor las profundas verdades bíblicas. Una de las imágenes frecuentemente usadas es la del pastor y sus ovejas. Los profetas compararon a los pastores buenos con los corruptos, y presentaron a Dios como nuestro Buen Pastor. Uno de los salmos preferidos para los cristianos y también los judíos es el Salmo 23. Este comunica el gran cuidado que Dios tiene por Su pueblo.

Por otro lado, la Biblia describe a los líderes del pueblo como pastores, quienes eran responsables por el bienestar de las ovejas, cuidándolas y proveyendo por ellas. El uso de esa imagen comunicaba mucho más que unas simples palabras. Los que leían la Palabra en seguida pensaban en todo lo que un pastor hacía para cuidar a su rebaño. Y en realidad, el pastor actuaba como un líder, conduciendo su rebaño a pastos verdes y al agua. Los protegía de animales salvajes, de las inclemencias del tiempo y de individuos inescrupulosos.

En Juan 10, Yeshúa se refirió a Sí mismo como el Buen Pastor. Usa la metáfora sobre las ovejas y su pastor para comunicar verdades sobre Su persona. Es imposible dar una explicación completa de cada aspecto aquí, así que enfatizaré sólo algunos puntos.

First let’s think about the context. According to the Nelson Study Bible, Yeshua was in Jerusalem when He spoke these words. “In John 7, Jesus journeyed to Jerusalem for the Feast of Tabernacles (7:2,10). All of the events between 7:10 and 10:39 take place on that visit to Jerusalem.”

Primero, consideremos el contexto. Según la Biblia de Estudio Nelson, Yeshúa estaba en Jerusalén cuando pronunció esas palabras. “En Juan 7, Jesús viajó a Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos (7:2,10). Todos los eventos ocurridos entre 7:10 y 10:39 se llevaron a cabo durante esa visita en Jerusalén.”

Los discípulos de Yeshúa eran hombres judíos devotos cuando se trata de la Fiesta de los Tabernáculos. Subían a Jerusalén y dormían en casetas o tiendas temporeras. Quizás podían ver al Templo desde allí, ya que esa estructura imponente se encontraba en un lugar alto y visible para todos.

En Juan 10, Yeshúa habló acerca del buen pastor, y lo contrastó con los asalariados. Sabemos que los judíos devotos se afligían por la corrupción en el Templo. Probablemente hubiesen relacionado de inmediato la mención de los asalariados con el liderato del Templo que Herodes “contrató” en lugar de un liderato legítimo. Quizás recordaron el pasaje en Ezequiel 34.

“Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza y di a los pastores: ‘Así dice el Señor DIOS: “¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Comen la grasa, se han vestido con la lana, degüellan la oveja engordada, pero no apacientan el rebaño…” Porque así dice el Señor DIOS: “Yo mismo buscaré Mis ovejas y velaré por ellas. Como un pastor vela por su rebaño el día que está en mediode sus ovejas dispersas, así Yo velaré por Mis ovejas y las libraré de todos los lugares adonde fueron dispersadas un día nublado y sombrío. Las sacaré de los pueblos y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las barrancas y por todos los lugares habitados del país'” (Ezeq. 34:2-3, 11-13). Este mensaje profético continúa diciendo que el rebaño será dispersado, pero luego sería reunido y alimentado por el siervo de Dios, “David,” quien es una clara referencia al Mesías.

Cuando Yeshúa dijo: “Yo soy el buen pastor,” no simplemente les aseguraba sobre Su profundo amor y cuidado de ellos, sino que declaraba sin dudas que Él era el Mesías. Dijo: “Yo soy el buen pastor, y conozco Mis ovejas y ellas Me conocen” (Juan 10:14). Dijo que las ovejas conocen la voz del pastor, y que el pastor los llama por su nombre (v. 3). Seguramente, el público recordaría el Salmo 23, donde dice que “el Señor es mi pastor.”

Luego Yeshúa profetizó acerca de Su muerte: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da Su vida por las ovejas” (Juan 10:11). Continuó diciendo: “Por eso el Padre Me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo. Nadie Me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de Mi Padre” (vs. 17-18). Este verso es muy importante. Por siglos, el pueblo judío ha sido culpado por la muerte de Jesús. Pero aquí Yeshúa dice que Él mismo entregó Su vida por las ovejas. A la sombra del Templo y su corrupción, reconociendo que los asalariados conspirarían con los romanos para matarle, Yeshúadijo claramente que Su muerte sería parte del plan de Dios.

Les quiero compartir un último pensamiento. Lo anterior ocurrió durante la fiesta de Sucot, cuando Israel habitaba en débiles cabañas para enfatizar su dependencia total de Dios. Muchos años después, el Apóstol Juan escribiría: “Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: ‘El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos'” (Apoc. 21:3).

¡Cuánta riqueza podemos encontrar en la Palabra de Dios! Hemos meramente raspado la superficie de estas cuatro parábolas. Mi oración es que tengamos hambre para comprender las verdades de la Palabra de Dios por medio del lente del contexto histórico de la Biblia.

 

(Traducido por Teri S. Riddering,
Coordinadora Centro de Recursos Hispanos)

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Bibliografía

Denison, Barry. Israel and the Church, God’s Road Map (Page 118). Jerusalem: Bridges for Peace, 2006.
Flusser, David. Yeshua. Jerusalem: Magnum Press, 1997.
Nelson Study Bible. “In Depth Parables: More than Stories,” Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1997.
Sacks, Rabbi Jonathan, former Chief Rabbi of Great Britain, www.rabbisacks.org
Stern, David. Parables in Midrash: Narrative and Exegesis in Rabbinic Literature. Cambridge: Harvard University Press, 1991.
Wenham, David. The Parables of Yeshua.  Downers Grove, IL: Intervarsity Press, 1989.
Young, Brad. The Parables, Jewish Tradition and Christian Interpretation. Grand Rapids: Baker Academic, 1998.

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