ISRAEL y LA IGLESIA Cap. 14: La Teología del Reemplazo

por: Ed Smelser, Director Regional EE.UU.

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Michael Spivak/shutterstock.com

“Qué extraño es que Dios haya escogido a los judíos; pero no tan extraño como quienes escogen al Dios judío pero rechazan a los judíos.” William Norman Ewer & T. E. Brown

“Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado a Su pueblo, al cual conoció con anterioridad…” El Apóstol Pablo, Romanos 11:1-2

He sido pastor evangélico por 35 años. Durante los primeros 22 años de mi ministerio, ignorantemente cometí un error muy común al estudiar las Escrituras. Fui influenciado por una Biblia con subtítulos equivocados, y consistentemente bendecía a la Iglesia y maldecía a Israel. No comprendía que al maldecir a Israel, yo recibía la maldición de Dios. Para animar a mi congregación, aplicaba todas las Escrituras a la Iglesia. Si era una referencia a la Iglesia, la aplicación era literal. Si el texto hacía referencia a Israel, Jerusalén, el pueblo judío, Sión, o cualquier aspecto del trato de Dios con Su pueblo escogido, ese pasaje lo espiritualizaba para aplicarlo a la Iglesia. Sin embargo, todavía aplicaba los juicios y las maldiciones a Israel. Estaba enseñando la Teología del Reemplazo, o la Teología de la Suplantación, sin saber que mis enseñanzas tenían ese nombre. En efecto, enseñaba esa herejía casi semanalmente desde el púlpito de mi iglesia.

Sin embargo, oraba cada día para que mi iglesia fuese bendecida. Pero mis oraciones fueron respondidas por una serie de eventos que me condujeron a Israel, cambiando mi vida de manera imprevista. Mi viaje comenzó cuando fui confrontado por un hombre que me siguió a la oficina un domingo luego del sermón, y me preguntó: “¿Qué sabe usted de Israel?” Sólo había tomado unas clases introductorias de las Escrituras Hebreas y de Israel en la universidad. Eso fue reforzado por los comentarios en mi Biblia de Estudio. Yo creía que ya Israel no existía, excepto en la historia de su rebeldía y rechazo de Dios. Le respondí así, y luego pregunté, “¿Hay algo más que debo saber?”

El reto de ese hombre me sacudió: “Lo primero que debe hacer es ir a Israel. Y para que usted sepa que Israel es importante para Dios, le diré lo que pronto le ocurrirá a usted.” Yo conocía y admiraba a ese hombre. No era una persona que hablara apresuradamente, en especial cuando se trataba de asuntos espirituales. Me nombró cuatro cosas que me ocurrirían en los próximos diez días, de modo que supiera que “Israel es importante para Dios.” Las cuatro cosas se cumplieron en mi vida, tal como me lo había profetizado. Fue el principio de una jornada que continúa hasta el día de hoy, enseñándome más claramente que “Israel es importante para Dios. Él todavía ama al pueblo judío, y su destino en Dios es radiante.”

Mi caso no es uno aislado. Don Finto, el reconocido pastor de la Iglesia Belmont en Nashville, Tennessee de los Estados Unidos por más de 25 años, dice: “Yo había leído la Biblia durante años, pero leía las Escrituras Hebreas puramente como historia. En mi lectura anual a través de la Biblia, sentía alivio cuando llegaba al Nuevo Testamento…Excepto por aquellas palabras que claramente predecían la venida de Jesús, pasaba rápidamente por los libros proféticos para salir de ellos…Yo asumía que los profetas hablaban simbólicamente, y que su significado predecía el advenimiento del Evangelio. Si no comprendía un pasaje, lo ignoraba o lo espiritualizaba. ‘Israel’ era la Iglesia. ‘Los pecados de Israel’ eran los pecados de la Iglesia. ‘Jerusalén’ era una figura celestial. ‘Sión’ era otro nombre para el pueblo de Dios.”

¿Qué es la Teología del Reemplazo?

La Teología del Reemplazo, conocida también como Teología de la Suplantación o Supersesionismo, enseña que el pueblo de Israel ha perdido su lugar distintivo como pueblo escogido de Dios, y ha sido suplantado por la Iglesia. De esa manera, la Iglesia es la nueva Israel (Hilsden). Un diccionario de historia eclesiástica aclara que la Teología del Reemplazo es una enseñanza doctrinal que se originó durante la temprana Iglesia (Bercot). Por casi 1,900 años, fue el fértil terreno del cual el antisemitismo cristiano brotó, continuamente infectando a la Iglesia.

Dicha escuela de pensamiento tiene la premisa de que, debido al rechazo judío de Yeshúa (Jesús) como su esperado Mesías y Salvador, Dios ha rechazado a los judíos. Por esa razón, por supuesta evidencia escrituraria y una posición diferida del pacto, la Iglesia es la continuación histórica del pueblo judío y su Tierra, hasta la exclusión total de Israel. El pueblo judío ya no es el pueblo escogido. Ya no tiene exclusividad, y es como cualquiera otra nación o pueblo en cuanto a los propósitos de Dios. Aparte del requerido arrepentimiento, nuevo nacimiento e incorporación a la Iglesia, el pueblo judío no tiene futuro, esperanza, ni llamado en el plan de Dios (Brown).

La Teología del Reemplazo enseña que, luego de la visión de Pedro en Hechos 10 dando origen a la Iglesia gentil, el término “Israel” en el Nuevo Testamento se refiere a la Iglesia. Las promesas, los pactos y las bendiciones atribuidas a los judíos en el Antiguo Testamento les han sido quitadas y dadas a la Iglesia, quien los ha suplantado. Sin embargo, el pueblo judío está todavía sujeto a las maldiciones en la Biblia como consecuencia del histórico rechazo y rebeldía de sus antepasados. Pero debemos confrontar esta Teología del Reemplazo con varias preguntas, de modo que los cristianos puedan comprender claramente la importancia y los peligros de dicha enseñanza.

¿La Teología del Reemplazo tiene Defensa Histórica?

¿Por qué la Teología del Reemplazo ha mantenido su popularidad, aún ante el cumplimiento de una creciente cantidad de profecías bíblicas? Simplemente, porque muchos creen que tienen la historia de su lado. La premisa fundamental de la Teología del Reemplazo es que, debido a su rechazo de Yeshúa como Mesías, Dios descartó al pueblo judío como pueblo escogido para siempre. Como castigo, Dios dispersó al pueblo judío entre las naciones. Ellos perdieron la tierra de Canáan y ya no tienen el derecho legal de volverlo a reclamar. Y si se considera sólo la dispersión del pueblo judío luego del primer siglo, la historia podría defender la Teología del Reemplazo.

A primera vista, la evidencia histórica es sustancial. La próxima generación que vio crucificada a Yeshúa vio el saqueo de la ciudad de Jerusalén, la destrucción total del Templo, el desarraigo del pueblo judío de su tierra, y su dispersión a los extremos más distantes del imperio romano. Los padres fundadores de la Iglesia, quienes vieron esos eventos, se convencieron de que Dios había terminado con Israel y que la Iglesia había tomado el lugar de Israel en los propósitos de Dios.

Pero las crueles legiones romanas no fueron los únicos en causarle sufrimiento al pueblo judío. La historia del pueblo judío está repleta de tragedia tras tragedia (vea el capítulo 15). Para los proponentes de la Teología del Reemplazo, esa triste historia confirma la idea de que Dios finalizó Su trato con Israel. Sin embargo, su argumento es circular porque, en realidad, gran parte de su sufrimiento vino como resultado de la Teología del Reemplazo en vez de haberla ocasionado. Si el antisemitismo nunca hubiese invadido la Iglesia, muchas de las atrocidades que sufrió el pueblo judío durante los últimos 2,000 años nunca hubiesen ocurrido (Hilsden).

Cientos de años de persecución global no significan que Dios haya rechazado al pueblo judío como Su pueblo escogido. La historia, aún los pasados mil años, es mayor argumento contra la Teología del Reemplazo que en su favor. A pesar de lo horrible que haya sido dicha historia, eso no refleja el rechazo de Dios, sino la fidelidad absoluta de Dios hacia Su Palabra respecto a Su pueblo escogido.

La historia judía moderna sirve para desacreditar más la Teología del Reemplazo. El restablecimiento de la nación de Israel y el retorno del disperso pueblo judío a su Tierra no tiene precedente histórico. Ningún otro pueblo dispersado por 2,000 años ha podido regresar a su antigua tierra. Si Dios hubiese rechazado al pueblo judío, y si no tuviese interés en darle una nueva existencia como pueblo y nación, ¿cómo podría haberse levantado Israel de las cenizas del Holocausto y establecerse como nación soberana en la misma propiedad que había perdido hace dos mil años? Lo que vemos hoy día es un milagro divino de primera clase—el cumplimiento literal de las profecías bíblicas.

¿Y qué podría explicar la perpetuidad del pueblo judío? Sólo que el único y fiel Dios de Israel haya mantenido a Su pueblo del pacto en la palma de Su mano. “Porque Yo, el SEÑOR, no cambio; por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos” (Mal. 3:6). No hay otro grupo étnico en la historia del ser humano como el judío, que haya florecido nuevamente luego de confrontar tan fuertes obstáculos. El ver tal perdurable existencia de Israel es ocasión de alegría. Dios es todavía fiel a Israel, Su pueblo del pacto, y también será fiel a los que se han unido a la comunidad de Israel por la fe. De esa manera, la historia contradice la Teología del Reemplazo (Prince).

¿Podemos Honestamente Defender la Teología del Reemplazo?

No es posible que Dios deje de amar al pueblo judío. Eso sería inconsistente con Su carácter. Los israelitas son importantes para Dios, “a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo…” (Rom. 9:4-5). El pueblo judío es amado de manera incondicional y eterna, “porque los dones y el llamamiento de Dios” para con los judíos “son irrevocables” (Rom. 11:29).

Los teólogos del Reemplazo quieren que Dios trate a Israel de manera diferente que a la Iglesia. Por ejemplo, la Teología del Reemplazo usa algunos versos como el Salmo 103:12, de que Dios “alejó de nosotros nuestras transgresiones,” para decir que Dios perdona los pecados de la Iglesia, pero no puede perdonar así a Israel. Sin embargo, eso no es bíblico.

Dios recuerda Sus promesas y Sus pactos porque son irrevocables, tanto para el judío como para el gentil. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob nuevamente mostrará Su gracia y misericordia hacia Su amado Israel. “Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu de gracia y de súplica, y Me mirarán a Mí, a quien han traspasado. Y se lamentarán por El, como quien se lamenta por un hijo único, y llorarán por El, como se llora por un primogénito” (Zac. 12:10). Es tiempo de que la Iglesia deje de condenar a Israel, y ore como el profeta del Antiguo Testamento: “Oh SEÑOR…en la ira, acuérdate de tener compasión” (Hab. 3:2).

Yeshúa se lamentó sobre Jerusalén, reconociendo que la misericordia y el perdón de Dios hacia el pueblo judío son mayores que su rebelión y pecado, y nunca serían reemplazados. “¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! Por tanto, la casa de ustedes se les deja desierta. Porque les digo que desde ahora en adelante no Me verán más hasta que digan: ‘Bendito el que viene en el nombre del SEÑOR’” (Mat. 23:37-39).

Las palabras del profeta Jeremías silencian la Teología del Reemplazo: «Así dice el SEÑOR: ‘Si no hubiera permanecido Mi pacto con el día y con la noche, y si Yo no hubiera establecido las leyes del cielo y de la tierra, entonces hubiera desechado la descendencia de Jacob y de Mi siervo David, para no tomar de su descendencia quien gobernara sobre la descendencia de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pero Yo restauraré su bienestar y tendré misericordia de ellos'» (Jer. 33:25-26). Si las leyes del cielo y de la tierra todavía están vigentes, entonces podremos saber con seguridad que Dios no ha reemplazado a Su pueblo del pacto, Israel. Él está en el proceso de restaurar a Su pueblo Israel en su Tierra y para Sí. Cumplirá Su eterno pacto con Abraham, Isaac, Jacob y su descendencia.

Si Dios no guarda Sus promesas a Israel, luego de declarar sobre 15 veces en las Escrituras que es un pacto eterno, entonces nadie podrá tener seguridad en Su pacto y están excluidos de una relación con Él. Si Dios no cumple esas promesas con Israel, entonces la Iglesia está sin esperanza. Pero si Dios guarda Su pacto y Sus promesas con Israel, podemos tener total confianza de que guardará Sus promesas a quienes hemos sido injertados en el Olivo (vea el capítulo 8).

¿El Nuevo Testamento Defiende la Teología del Reemplazo?

Una doctrina teológica debe examinar todos los textos pertinentes en las Escrituras. Eso incluye la Teología del Reemplazo. A continuación hay varios pasajes del Nuevo Testamento que imposibilitan una defensa de dicha teología.

Gálatas 3:29—“Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa.” La Teología del Reemplazo enseña que nuestra fe en el Mesías (Cristo) significa que nos hemos convertido en hijos espirituales y herederos de los pactos hechos con Abraham. Esa promesa incluye a los gentiles, pero no excluye a los judíos, ni hace nulo el pacto, la promesa y la bendición original con la simiente natural de Abraham. Ese verso simplemente incluye a los cristianos gentiles en los planes que Dios comenzó con Israel. La Iglesia no ha reemplazado a Israel. ¡La Iglesia es una extensión de Israel! (Pawson).

Mateo 21:43—«Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca los frutos del reino.” La Teología del Reemplazo trata de enfatizar que Yeshúa enseñó aquí que el pueblo judío sería reemplazado. ¿Con quién hablaba Yeshúa cuando dijo, “el reino de Dios les será quitado”? Hablaba con los fariseos y los sacerdotes de esos días, quienes habían fallado como representantes de Dios, y no se refería a la nación de Israel en su totalidad.

La credibilidad de la Teología del Reemplazo sufre aún más cuando se intenta sustituir a Israel con la Iglesia en los textos bíblicos. En las 77 veces que aparece la palabra “Israel” en el Nuevo Testamento, no podemos legítimamente sustituirla con la palabra “Iglesia,” porque el texto perdería todo sentido y carecería de integridad contextual (Hilsden).

Considere los siguientes versos donde hemos sustituido la palabra “Israel” con “la Iglesia.”

  • Romanos 10:1 leería: “Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por [la Iglesia] es para su salvación.” La Iglesia ya es salva. Por definición, la Iglesia ya es la “comunidad de los salvos.”
  • Romanos 11:25b leería: “…a [la Iglesia] le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.”
  • Apocalipsis 7:4 leería: “Oí el número de los que fueron sellados: 144,000 sellados de todas las tribus de los hijos de [la Iglesia].

El texto pierde todo significado cuando ponemos “la Iglesia” en el lugar de “Israel.” La única manera en que podríamos concluir que las profecías concernientes a Israel se refieren a la Iglesia es que si las espiritualicemos o las alegoricemos, negando su sentido literal (Hilsden).

Algunos también han dicho que el Nuevo Testamento es antisemita y por eso promueve la Teología del Reemplazo. Sin embargo, eso es todo lo contrario. Los autores del Nuevo Testamento eran judíos. Es cierto que pronunciaron algunas palabras muy fuertes contra el pueblo judío de su tiempo. Yeshúa mismo habló ásperamente a los fariseos en numerosas ocasiones. Pedro criticó a la muchedumbre judía en el Pórtico de Salomón (Hechos 23). No obstante, esas discusiones entre judíos, incluso las más negativas, reflejan diferencias entre hermanos, no acusaciones desde afuera.

Efesios 2:11-18 recalca la relación que debe existir entre el pueblo judío y los gentiles. La Iglesia Gentil,  los de la “incircuncisión,” ahora han “sido acercados por la sangre de Cristo” (v. 13). Pero en ningún momento éstos sustituyen a los de la “circuncisión” (v. 11). El Mesías, nuestra paz, ha unido el judío y el gentil, “derribando la pared intermedia de separación…para crear en El mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz” (vs. 14-16). Por medio de Yeshúa, ambos “tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu” (v. 18).

La identidad de la Iglesia en Dios no permite que ignoremos el continuo plan de Dios con Israel. La existencia de la Iglesia no niega la existencia y el propósito de Israel. Nuestra identidad no depende de una negación del verdadero Israel, sino que es confirmada en el Mesías y entrelazada con Israel. La Iglesia no suplanta a Israel, sino que nos unimos a Israel, y ambos seremos una sola entidad (Doron).

El pueblo judío sólo puede ser restaurado y redimido, nunca reemplazado. Hay promesas en el Nuevo Testamento para el pueblo judío que no pueden ser adjudicadas a otra nación o pueblo (Hedding). “Y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: ‘El libertador vendrá de Sión; apartará la impiedad de Jacob. Y éste es Mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados’” (Rom 11:26-27).

La Biblia está Clara

Los pactos de Dios con Israel son eternos. En la simiente de Abraham, todas las naciones de la tierra han sido bendecidas (Gén. 12:3) porque por la simiente de Abraham vino el Mesías (Rom. 9:4-5). Dios recuerda Su pacto que hizo con Abraham, Isaac y Jacob, una promesa por mil generaciones. Los actuales israelíes son los antiguos israelitas, y a ellos todavía pertenece “la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Rom. 9:4).

El Evangelio y el Mesías Yeshúa vino primero al judío y luego al griego (Rom. 1:16; Mat. 10:5-7, 15:24). Ambos son nombrados, porque hay una distinción entre los propósitos divinos con ambos. Pero “no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos son uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:28). Así como los papeles del hombre y la mujer son distintos pero iguales delante de Dios, los propósitos de Dios para los judíos son diferentes pero aún iguales ante el Señor.

El cumplimiento de la profecía ha evidenciado la falsedad de la Teología del Reemplazo. Las profecías de los finales tiempos, que se cumplen a una velocidad cada vez más rápida, continúan apoyando la completa redención del pueblo judío (Rom. 11:26), la restauración del pueblo judío en su tierra, y la renovación de su relación con su Señor (Isaías 11, 43, 49 y 60; Jeremías 16; Ezequiel 35-37; y los profetas menores) (Lohfink).

Los judíos son todavía judíos, Israel es todavía Israel, y la Iglesia es todavía la Iglesia. El pueblo judío será siempre el Pueblo del Pacto de Dios; y por medio de Israel, todas las naciones han sido bendecidas. ¿Fue reemplazado Israel? “¡De ningún modo!…Dios no ha desechado a Su pueblo, al cual conoció con anterioridad…Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios…Así, todo Israel será salvo, tal como está escrito: ‘El Libertador vendrá de Sión; apartará la impiedad de Jacob’…porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables… ¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos! (Rom. 11:1a, 2a, 5, 26, 29, 33).

 

(Traducido por Teri S. Riddering,
Coordinadora Centro de Recursos Hispanos)

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Bibliografía

Bercot, David W. A Dictionary of Early Christian Beliefs. Peabody, MA: Hendrickson
Publishers, 1998.
Brown, Harold O. J. Heresies—Heresy and Orthodoxy in the History of the Church.
Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1984.
Hedding, Malcolm. (comment) In the entire Bible, the name Jacob is not used once to
refer, in fact or type, to the Church. “Jacob” without exception always refers to…
natural Israel.
Hilsden, Wayne. Replacement Theology. Jerusalem, Israel: Feast of Tabernacles, 2003.
Audiocassette.
Lohfink, Norbert. The Covenant Never Revoked. New York: Paulist Press, 1991.
Pawson, David. Romans 9, 10 and 11. Jerusalem, Israel: Feast of Tabernacles, 2003.
Audiocassette.
Prince, Derek. Promised Land, God’s Word and the Nation of Israel. Charlotte, NC:
Derek Prince Ministries, 1978. (Original title, The Final Word on the Middle East)

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