El Yugo del Reino

por: Terry Mason, Director de Desarrollo Internacional

Print Friendly, PDF & Email

¿Alguna vez ha experimentado usted lo que es arar tras un equipo de bueyes? Mientras yo vivía por muchos años en África, tuve la bendición de tener alguna práctica en ese antiguo método agrícola. Al principio, parecía ser un trabajo que demandaba mucha fuerza. La tendencia es intentar usar la fuerza propia para mantener el filo del arado en un surco derecho. Sin embargo, uno aprende rápidamente a dejar que la fuerza de los bueyes hale a uno y que ellos alineen el filo por su cuenta. Sólo requiere un ajuste ocasional. Los bueyes son criaturas fuertes. ¡Déjelos que hagan su trabajo!

¿Qué es un Yugo?

Como discípulos y seguidores de Dios, es nuestra decisión el tomar sobre nosotros el yugo de Su Reino. Si queremos entender lo que eso significa, primero debemos saber qué es un yugo. En nuestro mundo moderno, pocas personas tienen conocimiento de primera mano lo que es un yugo o cómo usarlo. De hecho, en nuestra época tecnológica, muchos agricultores nunca usarán un equipo de bueyes enyuntados. La palabra “yugo” es una pieza transversal, generalmente de madera o hierro, que se coloca sobre los cuellos o los hombros de dos animales fuertes que les permita halar en conjunto. También usamos la frase “un yugo de bueyes,” refiriéndonos a un par de bueyes conectados por un yugo. Encontramos ese ejemplo en 1 Reyes 19:19–21, donde Eliseo araba en compañía de doce yuntas de bueyes. Tomó sus bueyes propios y los sacrificó, utilizando la madera del yugo para hacer un fuego, y cocinó la carne para dar de comer a sus compañeros. Así que, cuando dos animales están unidos por un yugo, decimos que están enyuntados.

Tanto en la agricultura como en el lenguaje bíblico, el concepto de poner un yugo sobre alguien o algo usualmente se considera opresivo y pesado. Por ejemplo, Deuteronomio 28 detalla las bendiciones y maldiciones en respuesta a la obediencia o desobediencia de las instrucciones de Dios. El versículo 48 advierte: “…por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el SEÑOR enviará contra ti: en hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas. El pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta que te haya destruido.” Eso se refiere a la opresión y servidumbre que los israelitas recibirían por parte de sus enemigos, como se ve en Jeremías 27 y 28, donde el profeta advierte a la nación cinco veces sobre el “yugo del rey de Babilonia.” También puede referirse a los impuestos y al trabajo forzoso de la población bajo su propio rey. Vemos esto en 2 Crónicas 10:11, donde el recién nombrado joven rey Roboam tomó el consejo de sus consejeros más jóvenes y le dije a las doce tribus: “Por cuanto mi padre los cargó con un pesado yugo, yo añadiré a su yugo…» El resultado trágico, por supuesto, fue la división de la nación.

El Yugo del Reino de los Cielos

El concepto de tomar un yugo no siempre tiene que ser negativo. En la tradición judía, el término “tomar el yugo del Reino” se refiere a una persona que está completamente dedicada al servicio de Dios y hace surcos para sembrar la Palabra de Dios en el mundo. Louis Isaac Rabinowitz, en su definición de “yugo” en Encyclopaedia Judaica [Enciclopedia Judaica], afirma: “Según el principio de que el judío debe ser libre de servidumbre humana para dedicarse al servicio de Dios, el ‘yugo de un reino humano’ se contrasta con el ‘yugo de un reino celestial.’” De manera similar, Jesús (Yeshía) enseñó: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

Lejos de ser negativo, se nos recomienda fuertemente que tomemos la decisión de aceptar ese yugo celestial. Jesús dijo:Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera” (Mat. 11: 28–30, énfasis agregado). Esta es una invitación muy amorosa, ¿pero cómo funciona exactamente? Bueno, es como una ecuación de 1 + 1 = 4.

Cuando dos animales se enyuntan, la carga se divide y juntos pueden halar mucho más que la suma de lo que cada uno pudiera halar individualmente. Por ejemplo, un solo caballo de tiro puede tirar de una carga que pese hasta 8,000 libras (3,629 kg). ¡Qué impresionante fuerza! Entonces, ¿qué pasaría si conectáramos dos caballos de tiro a una misma carga? La mayoría de las personas concluirían que dos caballos de tiro podrían halar el doble, o sea, 16,000 libras (7,257 kg). Pues están equivocados. Dos caballos de tiro que se juntan no halan solamente el doble, sino que pueden halar tres veces más. Los dos caballos de tiro unidos pueden halar hasta 24,000 (10,886 kg) libras.

Pero hay más. Si los dos caballos que están enyuntados estuviesen entrenados y habituados a trabajar juntos, no sólo pueden halar tres veces lo normal. Dos caballos entrenados pueden halar hasta 32,000 libras (14,514 kg), que es una carga cuatro veces más pesada que cualquiera de ellos podría halar por sí solo.

Puedo testificar del trabajo que puede producir una yunta de bueyes entrenada a trabajar unida por experiencia propia. Es una alegría trabajar con un equipo de animales que ha estado enyuntado por algún tiempo. Trabajan al unísono y conocen las órdenes de su dueño. Son obedientes y eficientes. Eso no sucede automáticamente. Los animales deben ser entrenados. Es una práctica común unir a un buey joven e inexperto con un buey mayor y más experimentado para que este enseñe al más joven. Por otro lado, es incómodo trabajar con un equipo en un “yugo desigual.” Por ejemplo, cuando uno coloca a un animal joven y débil con un animal más viejo y más fuerte en el yugo, el más joven a menudo trata de hacer lo suyo o se niega a detenerse al final del surco. Sin embargo, aunque le es incómodo, es la mejor manera de enseñar al animal más joven.

Cuando nos “enyuntamos” voluntariamente con Dios, aceptando Su instrucción y eligiendo andar en Sus caminos, encontramos que la vida es más fácil que cuando luchábamos por nuestra propia cuenta. Cuando Jesús nos llama a tomar Su yugo sobre nosotros, Él solo tiene en mente nuestros mejores intereses. Mientras más practiquemos andar en Sus caminos, más podremos “halar” con Él que lo hacíamos antes. El libro de Lamentaciones incluso nos dice: Bueno es para el hombre llevar el yugo en su juventud” (3:27, énfasis agregado). Los comentaristas varían sobre cómo interpretar este yugo que se lleva desde la juventud. Quizás se refiere a los mandamientos, al trabajo o a los problemas. Sea lo que sea, si aprendemos a soportar dificultades a una edad temprana, la superación hace que uno sea más fuerte y más sabio en los años posteriores. En el momento, la disciplina y las dificultades raras veces son apreciadas, pero en retrospectiva, aprendemos a valorar aquellas experiencias de la juventud que nos formaron para nuestro bien. Como dice Hebreos 12:11: “Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia.” Así como reacciona un animal joven cuando atraviesa su entrenamiento, podremos irritarnos con Su yugo, pero al final producirá grandes frutos de justicia en nuestras vidas, lo que trae gloria a Dios.

Una Herencia Judía

El Reino de Dios, o el Reino de los Cielos, como se le conoce a menudo, es un concepto muy antiguo dentro del judaísmo. Cada día en las oraciones comunales se menciona la toma del yugo del Reino de los Cielos. Por lo general, se entiende que esto significa una disposición para obedecer las instrucciones de Dios y seguir Sus mandamientos. En su libro, Normative and Sectarian Judaism in the Second Temple Period [El Judaísmo Normativo y Sectario en el Período del Segundo Templo], Moshe Weinfeld relaciona la aceptación del yugo del cielo con el concepto del Shemá. Ese es un rico término hebreo que significa “escuchar,” pero mucho más que escuchar pasivamente. Es escuchar inteligentemente con la intención de actuar. Es la gran confesión de fe judía tomada de Deuteronomio 6:4, que dice: “Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es.” Eso significa que uno debe escuchar y entender que el Dios de Israel es el único Dios; por lo tanto, uno debe relacionarse con Él y obedecer Sus instrucciones. Weinfeld señala que en ese contexto, tomar el yugo del Reino se convierte en un juramento de lealtad. Explicó: “Por medio de la confesión del Shemá, el creyente jura lealtad al Rey del Universo.” Un rey no puede tener un reino sin súbditos que le sigan ni que se sometan a sus reglas y valores. En la recitación diaria del Shemá, el pueblo judío devoto jura su lealtad a Dios como Rey y luego, con la segunda frase, se compromete a seguir Sus mandamientos. Ser parte de un reino requiere de ambas cosas.

Ya que las instrucciones de Dios son vistas como la voluntad amorosa del Padre Celestial hacia nosotros, los mandamientos no son vistos como una carga. El Salmo 119 exalta la Palabra de Dios y la sabiduría que podemos obtener de ella. Es el salmo más largo, que contiene 176 versos. Le invito a leerlo como parte de su estudio sobre este tema. Dentro de ese capítulo didáctico, la Palabra del Señor recibe muchos nombres: instrucción, ley, preceptos, estatutos, testimonios, mandamientos, caminos y juicios.

¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR! ¡Cuán bienaventurados son los que guardan Sus testimonios, y con todo el corazón Lo buscan!” (Sal. 119:1–2).

Enséñame, oh SEÑOR, el camino de Tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento para que guarde Tu ley y la cumpla de todo corazón. Hazme andar por la senda de Tus mandamientos, porque en ella me deleito” (Sal. 119:33–35).

¡Cuánto amo Tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos, porque son míos para siempre. Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque Tus testimonios son mi meditación” (Sal. 119:97–99).

Anhelo Tu salvación, SEÑOR, y Tu ley es mi deleite. Que viva mi alma para alabarte, y que Tus ordenanzas me ayuden. Me he descarriado como oveja perdida; busca a Tu siervo, porque no me olvido de Tus mandamientos” (Sal. 119:174–176).

Literalmente de principio a fin, y a lo largo de todo el salmo, el autor expone el valor y la bendición de la Palabra de Dios. ¿Por qué no quisiéramos aceptar sobre nosotros el yugo en pacto de lealtad con Aquel que nos da tan buena instrucción?

Para la Iglesia Hoy Día

Es un poco raro que cristianos hoy día perciban la “ley” (o la instrucción) del Señor como algo bueno, relevante y de bendición. Encontramos que frecuentemente se enseña que el “Antiguo Testamento” (el Tanaj) ha quedado eliminado y que ya no es necesario. ¿Pero acaso Dios cambió de opinión y abrogó Su buena instrucción anterior? ¡Por supuesto que no! Dios es inmutable. Él declara en Malaquías 3:6, “Porque Yo, el SEÑOR, no cambio; por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos.”

En Mateo 11:28-30, cuando Jesús (Yeshúa) dijo: Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón (énfasis agregado), Él estaba usando un término rabínico común de Su tiempo. Se refería al yugo de los mandamientos, tal como Él los entendía y los vivía. Como Sus discípulos, debemos decidir si vamos a aceptar sobre nosotros el yugo de la buena instrucción que se nos da en la Palabra de Dios. Allí nos muestra cómo vivir una vida buena, cómo agradar a Dios y cómo hacer una diferencia positiva en este mundo.

La Didache (pronunciada Didajé), un documento cristiano muy primitivo del primer siglo, también usa el término “yugo” del Señor. La palabra griega didaché significa “enseñanza,” y el documento a veces también se llama La Enseñanza de los Doce Apóstoles. El término proviene de la misma raíz griega de donde obtenemos la palabra “didáctico,” que se refiere a algo que tiene la intención de enseñar. Era un libro de instrucciones para nuevos creyentes, en su mayoría gentiles. En el capítulo 6 versículo 2, dice: “Si puedes llevar todo el yugo del Señor, estarás completo; pero si no puedes, haz lo que puedas.” En otras palabras, si quieres ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto (Mat. 5:48), esfuérzate por mantener la mayor parte del “yugo del Señor” como te sea posible. Es una buena instrucción para la vida y si la seguimos, nos hará sabios. Por lo tanto, el tomar el yugo del Señor se refiere al discipulado y el continuo proceso de santificación en la vida de un creyente. El apóstol Pablo le dijo a su discípulo Timoteo: Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16-17).

La única “Escritura” que tenían los primeros creyentes era el Tanaj. En Mateo 5:17-19, Jesús también afirmó: No piensen que he venido para poner fin a la Ley o a los Profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir. Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los guarde y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” La meta es guardar todas las instrucciones y los mandamientos de Jesús. El autor de Didajé reconoce que los creyentes, con el tiempo, deben crecer en madurez cristiana. Podemos recordar lo que dijo el salmista en el Salmo 119:1, 34-35: ¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del SEÑOR!…Dame entendimiento para que guarde Tu ley y la cumpla de todo corazón. Hazme andar por la senda de Tus mandamientos, porque en ella me deleito.”

Si entendemos cómo se usaba el término “yugo” en el tiempo de Jesús y antes, podremos aplicarlo con precisión a nuestras propias vidas. Otra referencia instructiva proviene de uno de los libros apócrifos, Ben Sira, escrito sobre 200 años antes de Jesús. Se refiere al valor de buscar la sabiduría, y se parece a Proverbios 2-4: “Acérquense a mí, ignorantes, y moren en la casa de estudio. ¿Por qué son tan lentos, y qué dicen sobre estas cosas?, porque sus almas tienen mucha sed. Abrí mi boca y dije: ‘Compren [la sabiduría] para ustedes sin dinero. Pongan sus cuellos bajo su yugo, y dejen que su alma reciba instrucción. Ella se encuentra cerca. Miren con sus ojos cómo, con sólo un poco de trabajo, yo he obtenido mucho descanso’” (Ben Sira 51:23-27). Vemos nuevamente la estrecha conexión entre la instrucción y la sabiduría, el yugo del Señor y el descanso. Es el mismo principio de 1 + 1 = 4. Aquellos que escucharon la invitación de Jesús habrían entendido claramente lo que quería decir y reconocerían la amorosa oferta que les hacía. De hecho, Jesús le dijo a Pablo en 2 Corintios 12:9, “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (RVG). Pablo añade en el versículo 10: “… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Comprendió que si se humillaba, no tratando de servir con su propia fuerza, encontraría una poderosa ayuda divina. Pablo aprendió esa verdad a través de muchas pruebas difíciles en su vida y fue capaz de declarar a la iglesia en Filipos: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

Conclusión                                     

¿Cuál es su decisión hoy y en los días por delante? ¿Reconocerá usted al Dios de Israel, el Dios de la Biblia, como el único Dios vivo y verdadero? ¿Aceptará Su oferta de tomar el yugo de Su Reino, el yugo de Sus mandamientos? Eso representa Su buena instrucción para nosotros, nuestro manual de instrucciones. Su oferta es que usted se una a Él en el yugo del discipulado y que sea entrenado en toda justicia. No es para adquirir la salvación, porque debemos ya ser salvos en Jesús (Yeshúa), sino para alcanzar la perfección. ¡Él desea que llevemos vidas santas que reflejen Su carácter y gloria al mundo! Jesús (Yeshúa) nos invitó a enyuntarnos con Él en una hermosa relación cuando dijo: “Si ustedes Me aman, guardarán Mis mandamientos” (Juan 14:15).

 

Traducido por Teri S. Riddering,
Coordinadora Centro de Recursos Hispanos

[Bajar Estudio en Formato PDF]

 

Bibliografía

“Didactic.” Dictionary.com. https://www.dictionary.com/browse/didactic
“Encyclopedia Judaica: Yoke.” Jewish Virtual Library. https://www.jewishvirtuallibrary.org/yoke
Janicki, Toby. The Way of Life: The Rediscovered Teachings of the Twelve Jewish Apostles to the Gentiles
         Jerusalem: Vine of David, 2017.
Rabinowitz, Louis Isaac. Encyclopaedia Judaica. Detroit: The Gale Group, 2008.
Stovall, Jim. “Horse Sense.” Tim Maurer. https://timmaurer.com/2012/01/16/horse-sense/
Tverberg, Lois. “Jesus’ Yoke.” En-Gedi Resource Center. http://www.egrc.net/articles/ Rock/Jesus’_Jewish_
        Teachings/JesusYoke.html
Weinfeld, Moshe. Normative and Sectarian Judaism in the Second Temple Period. London: T&T Clark
        International, 2005.

Explore