Un pueblo apartado

Por Chris Eden

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EL RELATO SOBRE LOS ISRAELITAS, el rey Balac y Balaam, registrado en Números 22-24, resulta fascinante. Es una especie de montaña rusa con cimas impresionantes y numerosos valles, repleta de pequeños detalles y mensajes poderosos. Por si fuera poco, estos sucesos, aparentemente tan remotos, encierran una verdad trascendental que nos habla de forma directa a día de hoy. Es importante que comprendamos el contexto en el que tuvo lugar el relato. Los sucesos registrados en Números 22 y 24 ocurrieron en el año 1407 a. C., mientras los israelitas acampaban frente a Jericó, apenas unos meses antes de entrar finalmente en la Tierra Prometida. Acababan de derrotar a los reyes amorreos Sehón y Og. Durante 40 años, habían sido testigos del poder milagroso de Dios al liberar a Su pueblo, Israel, de la esclavitud en Egipto y guiarlo a través del desierto hacia la tierra que Él había elegido para ellos. Generaciones más tarde, el rey David nos ofrece una visión del asombroso poder de Dios manifestado durante aquella travesía: «Oh Señor DIOS, por eso Tú eres grande; pues no hay nadie como Tú, ni hay Dios fuera de Ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. ¿Y qué otra nación en la tierra es como Tu pueblo Israel, al cual viniste a redimir para Ti como pueblo, a fin de darte un nombre, y hacer grandes cosas a su favor y cosas portentosas para Tu tierra, ante Tu pueblo que rescataste para Ti de Egipto, de naciones y de sus dioses?» (2 Sam 7:22-23, énfasis añadido)

Valle de Jericó (Crédito: Robyn Hill/Puentes para la Paz).

Desde nuestra perspectiva histórica, resulta difícil creer que el Creador de todas las cosas necesitase hacerse un nombre, pero eso era precisamente lo que se necesitaba en ese momento. Durante su primer encuentro con Moisés, el faraón declaró: «¿Quién es el Señor para que yo escuche Su voz y deje ir a Israel? No conozco al Señor, y además, no dejaré ir a Israel» (Éx 5:2; énfasis añadido). Diez plagas más tarde, el faraón había cambiado de actitud. Su encuentro con el Dios de Israel fue tan transformador que le pidió a Moisés [y a Aarón]: «bendíganme también a mí» (Éxodo 12:32).

El cántico de Moisés, entonado después de que Dios rescatara a los israelitas dividiendo las aguas, permite comprender cómo Dios estaba dándose a conocer en la región: «Lo han oído los pueblos y tiemblan; el pavor se ha apoderado de los habitantes de Filistea. Entonces se turbaron los príncipes de Edom; los valientes[i] de Moab se sobrecogieron de temblor; se acobardaron todos los habitantes de Canaán. Terror y espanto cae sobre ellos; por la grandeza de Tu brazo quedan inmóviles, como piedra,
hasta que Tu pueblo pasa, oh Señor, hasta que pasa el pueblo que Tú has comprado»
(Éx 15:14-16; énfasis añadido). El lenguaje empleado deja claro que el poderoso nombre de Dios estaba provocando una conmoción emocional en la región. El testimonio de Rahab ante los espías en Jericó, así lo confirma: «Cuando oímos esto, nos acobardamos, no quedando ya valor en hombre alguno por causa de ustedes. Porque el Señor, el Dios de ustedes, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra» (Jos 2:11).

Balac y Balaam entran en escena

Es en este contexto de temor ante el Dios de Israel donde encontramos al rey Balac y al adivino Balaam. Ellos comprendían que no era el poderío militar de los israelitas lo que los sostenía y les otorgaba la victoria, sino la mano de su Dios. Por tanto, su estrategia de conquista militar consistía en apartar la mano de Dios de los israelitas. Balaam, quien obtenía su poder de otras fuentes espirituales, reconoció incluso el poder superior del Dios de Israel.

El telón de fondo del complot de Balac y Balaam fue el dramático surgimiento de la nación elegida de Dios, una transformación de esclavos oprimidos a un pueblo unificado, cuyo Dios infundía temor en toda la región. Más tarde, el profeta Jeremías señaló que la liberación de Israel de la esclavitud demostró que su Dios era un “Dios vivo” (Jer. 10:10), un tema de la redención que sigue siendo central en la liturgia judía y cristiana actual. Sin embargo, Jeremías declaró que algún día, una señal aún mayor del poder de Dios eclipsaría el Éxodo: Dios reuniría a Su pueblo de todas las naciones para traerlo de vuelta a su Tierra Prometida. El mensaje fundamental permanece inalterable: «El Dios de Israel es un Dios vivo».

Balac y Balaam tienen sus equivalentes modernos. Hoy en día, las naciones hostiles y los organismos internacionales como la ONU invierten enormes recursos en intentar aislar y maldecir a Israel. De manera similar, otras entidades teológicas como el Consejo Mundial de Iglesias se esfuerzan por separar la mano a Dios de la reunificación moderna del pueblo judío, negando Su papel soberano en su regreso. Sin embargo, al igual que los intentos de Balaam de maldecir a Israel finalmente fracasaron ante el Dios vivo de Israel, ninguna potencia actual puede deshacer la promesa del pacto hecha por Aquel que hace regresar a Su pueblo a casa.

Crédito: Philip De Vere/ Phillip Medhurst Picture Torah/Wikimedia.org

El Israel real frente al Israel virtual

Cada vez que Balaam se preparaba para maldecir a Israel, construía altares, ofrecía sacrificios y recurría a los augurios y a la hechicería. Resulta interesante observar que, durante los dos primeros intentos, Balac controlaba cuidadosamente lo que Balaam podía ver. En la primera ocasión, Balaam fue colocado de tal manera que solo veía «un extremo del pueblo» (Núm 22:41b). Durante el segundo intento, se le mostró aún menos: fue llevado a un lugar desde el cual «solo verás el extremo de ellos, y no los verás a todos» (Núm 23:13b).

La astucia de la estrategia de Balac se hizo plenamente evidente en el tercer intento. Esta vez, Balaam abandonó sus presagios y se le mostró todo el campamento de Israel. Las Escrituras registran: «Y levantó Balaam sus ojos y vio a Israel acampado por tribus; y vino sobre él el Espíritu de Dios» (Núm 24:2).

Balac eligió su estrategia con cuidado. Sabía que, mientras le ocultara a Balaam el panorama completo, podría engañarlo para que maldijera a Israel. Hoy en día, reconocemos esta táctica como la manipulación mediática: mostrar de forma selectiva una parte de la realidad para construir una narrativa engañosa.

Desde el renacimiento de Israel en 1948, sus enemigos han empleado exactamente esta misma táctica: presentar un «Israel virtual» manipulado para distorsionar la percepción mundial e influir en la política internacional. Este Israel virtual se construye sobre una historia reescrita, un vocabulario sesgado y una imaginería manipulada. Utiliza como armas etiquetas cargadas de emotividad —tales como apartheid, genocidio, ocupación y limpieza étnica— al tiempo que busca borrar el vínculo milenario del pueblo judío con la tierra. Mediante campañas como el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), la propaganda en redes sociales y la demonización de los sionistas cristianos, su objetivo final es aislar a Israel y convertirlo en un Estado paria.

El único antídoto contra el Israel virtual es el contacto con el Israel real. Por ello, los activistas anti israelíes trabajan incansablemente para silenciar las voces auténticas de los israelíes en el extranjero e impedir que la gente conozca el país de primera mano. Trágicamente, quienes se atreven a cruzar la brecha que separa al Israel virtual de la realidad suelen enfrentarse de inmediato a burlas, boicots y la cultura de la cancelación.

Las tres declaraciones de Dios

Aunque los adversarios actuales siguen construyendo un falso Israel virtual, esta táctica dista mucho de ser nueva. Su esquema se diseñó hace miles de años en las llanuras de Moab. Sin embargo, así como Balac manipuló el punto de observación para crear una ilusión propicia para una maldición, Dios intervino repetidamente para deshacer el engaño. Cada vez que Balaam abría la boca para maldecir, Dios anulaba sus palabras y ocurría lo contrario. Examinemos las tres declaraciones que el adivino terminó pronunciando y cómo éstas reflejan la situación actual del Israel moderno.

 

Crédito: Philip De Vere/ Phillip Medhurst Picture Torah/Wikimedia.org
Primera declaración: Un pueblo apartado

«Porque desde la cumbre de las peñas lo veo, y desde los montes lo observo. Este es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones» (Núm 23:9).

En Levítico 18, Dios advirtió a Israel de que no imitara las prácticas de Egipto —que habían dejado atrás— ni las de los cananeos —que tenían delante—, y les ordenó: «Habrán de cumplir Mis leyes y guardarán Mis estatutos» (Lv 18:4). No hacerlo atraería el juicio de Dios y provocaría que la tierra los vomitara (Lv 18:28). Ochocientos años más tarde, Israel provocó la ira de Dios al amoldarse a las naciones vecinas (Ez 11:12), lo que resultó en su exilio de la tierra (Ez 11:16).

Hoy en día, Israel sigue siendo objeto de un trato singular, señalado y juzgado por organismos internacionales como la ONU bajo un doble rasero que no se aplica a ningún otro país. Mientras otras naciones resuelven sus disputas mediante una diplomacia discreta, el escrutinio mundial sobre Israel es ruidoso, apasionado e implacable.

Segunda declaración: Un pacto inquebrantable

«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho Él, y no lo hará? ¿Ha hablado, y no lo cumplirá? Mira, he recibido orden de bendecir; si Él ha bendecido, yo no lo puedo anular» (Núm 23:19-20).

Este es el lenguaje del pacto, una promesa sagrada y vinculante que comenzó cuando Abraham, en obediencia, dejó todo lo que le era familiar para dirigirse a la tierra que Dios le mostró (Gn 12:1). Dios selló este pacto de forma incondicional, pasando entre las partes de los animales sacrificados como una antorcha encendida en medio de la oscuridad (Gn 15:17). Dios le dejaba claro a Balaam que su promesa de bendecir a Israel jamás podría ser revocada.

El apóstol Pablo se hace eco de esta verdad inquebrantable respecto al pueblo judío cuando pregunta: «¿Acaso ha desechado Dios a Su pueblo? ¡De ningún modo!» (Rom 11:1) y  «¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ningún modo!» (Ro. 11:11). Pablo respondió con un enfático «¡De ningún modo!» porque el carácter de Dios hace imposible que Él rompa un pacto incondicional. Si Dios pudiera cambiar de parecer respecto a Israel, no se podría confiar en ninguna de sus otras promesas. En consecuencia, la teología del reemplazo, la teología del cumplimiento o cualquier afirmación de que Dios ha terminado con Israel constituyen una imposibilidad teológica.

Tercera declaración: Un destino divino

Cuando Balaam contempló a todo Israel, acampado alrededor del Tabernáculo, sus ojos fueron abiertos y, por medio del Espíritu de Dios, declaró: «Oráculo del que escucha las palabras de Dios, del que ve la visión del Todopoderoso; caído, pero con los ojos descubiertos. ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob; tus moradas, oh Israel! Como valles que se extienden, como jardines junto al río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas» (Núm 24:4-6).

Desde una perspectiva puramente humana, se trataba del mismo Israel que había murmurado pidiendo carne, que se había rebelado contra el liderazgo de Moisés, que había construido el becerro de oro en el Sinaí, y que había retrocedido con temor cuando los diez espías regresaron con un informe carente de fe. Sin embargo, al contemplar su campamento, Dios vio vida, y vida en abundancia. La mirada de Dios trascendía sus fragilidades pasajeras para contemplar su destino divino y su identidad basada en el pacto.

Viendo a Israel a través de los ojos de Dios

Esta perspectiva divina sigue siendo esencial hoy en día. ¿Qué ves cuando miras más allá de los titulares sensacionalistas, la hostilidad política y la cobertura mediática sesgada?

Si permites que Dios oriente tu perspectiva, verás una nación milagrosamente restaurada, apartada de una manera única y perseguida incansablemente por las bendiciones de Su pacto (Dt 28:2). La propaganda moderna intenta atrapar al mundo en la imagen engañosa de un Israel virtual, pero Dios llama a Sus creyentes a mirar más allá y a alinear sus corazones con Su Palabra eterna.

No te conformes con la narrativa distorsionada creada para aislar y maldecir. Ven a conocer el Israel verdadero, el Israel de Dios. Mientras recorres esta tierra y te solidarizas con su pueblo, encontrarás a Puentes para la Paz sirviendo junto a esta nación apartada, afirmando su llamado y dando testimonio de la vida que el Dios de Israel sigue derramando sobre Su pueblo del pacto.

Todas las referencias bíblicas han sido tomadas de la versión Nueva Biblia de las Américas.

Bibliografía:

“Timeline of the Bible.” Bibeltext. https://www.bibeltext.com/timeline/.

“Balaam Teaches the Theology of Blessings for Israel: A Biblical Study of Numbers 22–24.” Bible Truths. https://bibletruths.org/balaam-teaches-the-theology-of-blessings-for-israel-a-biblical-study-of-numbers-22-24/.

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz

Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

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