Puentes para la Paz en acción

Reconstruyendo las ruinas

Por Rvdo. Peter Fast

HAN PASADO TRES AÑOS desde que el mundo se detuvo… sin llegar a recuperar completamente la normalidad. Tres años de guerra en siete frentes: Hamás, Jizbolá, los hutíes y la cabeza de la propia serpiente: Irán. Tres años de sirenas, refugios y del agotamiento particular de una nación que no pudo detenerse a llorar porque aún no ha sobrevivido a la crisis actual.

Ahora, por primera vez en tres años, las sirenas están en silencio.

Sí, el silencio ha traído un respiro. Pero junto a ese alivio, llega una inquietante sensación de tener que rendir cuentas. Durante la guerra, el instinto de supervivencia amortigua el terrible peso de la pérdida. No hay tiempo para sentirla; solo para soportarla. Ahora que esa amortiguación ha desaparecido, Israel finalmente está haciendo balance del costo de estos años.

Las cifras son asombrosas. Los economistas estiman que el costo total de esta guerra en múltiples frentes asciende a casi 700 mil millones de shekels (aproximadamente 205 mil millones de dólares estadounidenses). El gasto directo del gobierno en materia de defensa ha superado los 118 mil millones de dólares estadounidenses. Más de 1,600 israelíes han muerto desde el 7 de octubre de 2023, y más de 18,000 han resultado heridos, muchos de los cuales enfrentan años de rehabilitación física y psicológica. Más de 40 comunidades a lo largo de la frontera con Gaza y otras 40 a lo largo de la frontera con el Líbano sufrieron daños catastróficos en viviendas, granjas e infraestructura. En el punto álgido del conflicto, 140,000 israelíes fueron desplazados de sus hogares.

Pero las cifras, por abrumadoras que sean, no pueden expresar el dolor. Solo un rostro puede hacerlo. Permíteme presentarte a uno.

Beit Shemesh (Samuel Flanagan/Bridges for Peace)

La historia de David

Todas las noches, antes de cerrar, David solía ir en coche a las panaderías locales de Beit Shemesh. Nunca llamaba para avisar. No era necesario. Todos lo conocían. Recogía el pan sobrante y lo repartía entre las familias necesitadas, sin ceremonias, con una alegría contagiosa. Durante el día, coordinaba la distribución de alimentos de Puentes para la Paz por todo Beit Shemesh, conociendo a cada familia por su nombre. Llevaba más de 30 años haciéndolo.

Y entonces llegó el 1 de marzo de 2026.

Durante la primera semana de la Guerra de los Cuarenta Días con Irán, un misil balístico impactó contra un refugio antiaéreo público ubicado bajo una sinagoga cerca de la casa de David. Nueve personas perdieron la vida, entre ellas tres hermanos.

En un radio de 500 metros (1,640 pies), la explosión destrozó ventanas, arrancó puertas de sus bisagras, dañó las tuberías y destruyó todo lo que había dentro. La casa de David se encontraba dentro de ese radio. Aunque él y su familia sobrevivieron, su hogar quedó destruido.

Hay algo más que necesitas saber. A David le diagnosticaron recientemente con demencia en etapa temprana. Para la mayoría de las familias, la destrucción de su hogar es una catástrofe, pero para alguien en la condición de David, la pérdida de todo lo familiar, destroza el alma. Reconstruir su hogar significa brindarle a este hombre tan especial, que tanto ha dado a los necesitados a su alrededor, un sentido de dignidad y seguridad en los difíciles años que le esperan.

El costo de reparar completamente la casa de David tras los daños de esta magnitud asciende a aproximadamente 350,000 dólares estadounidenses. El gobierno israelí cubrirá una parte, pero aún queda un déficit considerable, y nos corresponde a personas como nosotros —sus hermanos y hermanas cristianos de todo el mundo— suplir esa falta.

Durante 30 años, David estuvo presente para quienes no tenían a dónde acudir. Ahora es un honor para nosotros estar presentes para él.

Una promesa que no caduca

Jamás olvidaré las palabras que me dijeron horas después del 7 de octubre. Nuestro equipo había atravesado una zona de guerra para llegar a las comunidades más afectadas en la frontera de Gaza y entregar ayuda humanitaria. Nuestra primera parada fue Ofakim, una próspera comunidad agrícola de poco más de 33,000 habitantes. Recuerdo lo surrealista que fue ver todas las tiendas, escuelas, casas y oficinas cerradas. Las persianas bajadas cubrían las ventanas. Ni un peatón, ni tráfico. Solo una tristeza paralizante envolvía el pueblo como una manta de lana mojada.

Photo Credit: D Williams/Bridges forPeace

Aparcamos frente a la casa de nuestro contacto, Gabi, y apilamos 125 bolsas de comida en su porche; las familias aún se escondían en los refugios antiaéreos. Gabi señaló una mesa de mármol pesada en su cocina. Su casa no tenía refugio antiaéreo, explicó. Así que, cuando cayeron los cohetes, su esposa y él se escondieron allí, bajo la mesa, uno al lado del otro, desde donde oyeron los disparos de la mañana del 7 de octubre.

Gabi había servido en el ejército. Reconocía ese sonido. Salió corriendo para ayudar, siendo testigo —paralizado por el horror— de cómo los terroristas de Hamás, en formación organizada, disparaban a dos de sus amigos que estaban sentados —como cada mañana— en un banco del parque al otro lado de la calle. 

Al despedirnos de Gabi, señaló la comida sobre su mesa. «Vinieron a ayudar de dos maneras», dijo, con el puño tembloroso presionado contra el pecho. «La gente tiene que comer. Eso es lo físico. Pero también está lo emocional». Su voz se quebró, las lágrimas corrían por las profundas arrugas que el sol israelí y los años habían grabado en su rostro. «Esto nos demuestra que no estamos solos».

Aún no estamos solos

Aquello ocurrió hace tres años, y sin embargo, parece que fue hace muchas vidas. Ahora, las sirenas han cesado, pero la angustia persiste. De hecho, la necesidad se ha hecho aún más evidente ahora que el humo se ha disipado. Dios promete que Su pueblo “reedificará las ruinas antiguas, levantará los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas” (Is 61:4). Creemos que Él nos llama —a ti y a mí— a ser parte de esa reconstrucción, casa por casa, familia por familia.

¿Nos ayudarás a terminar lo que empezamos? ¿Nos ayudarás a reconstruir la casa de David y las de cientos de familias como la suya que aún están esperando? Tu donativo a nuestro fondo de ‘Ayuda en Crisis’ le dice a Israel, en la calma que sigue a las sirenas, lo que Gabi ya sabe que es verdad: “Israel, no estás solo. Tus hermanos y hermanas en Cristo están contigo”.

Con shalom y gratitud,

Rvdo. Peter J. Fast

Presidente ejecutivo internacional

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz

Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

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