Israel: ¿Un “Estado paria” o una guerra de narrativas?

Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 —en el que 1,200 israelíes fueron brutalmente asesinados—, la respuesta militar de Israel en Gaza se convirtió rápidamente en el foco de una intensa condena mundial. Cada vez es más frecuente que, en los medios de comunicación, los gobiernos y el debate público, se describa al Estado judío como un “Estado paria”. Pero ¿qué significa realmente esa etiqueta y hasta qué punto es acertada?
Un estado paria es, por lo general, aquel que se encuentra aislado internacionalmente debido a un comportamiento agresivo, al desacato del derecho internacional o a graves violaciones de los derechos humanos. Históricamente, este término se ha reservado para regímenes como los de Corea del Norte o Siria; estados ampliamente rechazados por la comunidad global. ¿Realmente se puede comparar a Israel con estos países? ¿O existen otros factores que impulsan esta narrativa?
El poder de la percepción
La guerra moderna ya no se lleva a cabo únicamente en el campo de batalla; sino que se libra también en los titulares y en las redes sociales. Gaza representa uno de los entornos de combate más complejos del mundo: densamente poblado y con infraestructura terrorista integrada en las zonas civiles. Desde hace mucho tiempo, Hamás opera desde el interior de hogares, escuelas, hospitales y mezquitas, al tiempo que mantiene una extensa red de túneles bajo la población. Esta realidad genera una tragedia ineludible: cuando existen objetivos militares dentro de espacios civiles, resulta difícil evitar las bajas civiles. Sin embargo, las imágenes viajan más rápido que el contexto. Las escenas de edificios destruidos, civiles heridos y familias en duelo se difunden a nivel mundial en cuestión de minutos, a menudo sin haber sido verificadas. Para cuando salen a la luz informaciones adicionales, la opinión pública ya se ha formado. Al comienzo de la guerra, una explosión en un hospital de Gaza fue atribuida ampliamente a Israel, provocando indignación en todo el mundo. Sin embargo, pruebas posteriores apuntaron a que la explosión probablemente fue causada por un cohete palestino que falló en su trayectoria. Para entonces, la narrativa ya se había instalado en la opinión pública.

El debate sobre la “proporcionalidad”
Gran parte de las críticas dirigidas contra Israel se han centrado en la idea de que su respuesta en Gaza ha sido “desproporcionada”, basándose a menudo en las comparaciones del número de bajas. Sin embargo, este planteamiento resulta profundamente engañoso. En el derecho internacional, la proporcionalidad no hace referencia a una igualdad numérica de bajas; se refiere, más bien, a si las acciones militares están justificadas en relación con el objetivo que persiguen. El daño a la población civil, si bien resulta trágico, se evalúa en el contexto de la necesidad militar, y no en función de una simetría numérica. Ninguna guerra moderna ha sido evaluada basándose únicamente en una mera comparación del número de víctimas de cada bando; y, sin embargo, este criterio se aplica con frecuencia a Israel. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿Por qué se mide a Israel de esta manera tan singular? El profesor David Bercuson, de la Fundación Aristotle, ha afirmado que se trata, sencillamente, de «una forma más refinada de odio hacia los judíos, disfrazada bajo un concepto "ético" que no existe en la brutal realidad que denominamos guerra».
¿Genocidio... o guerra?
Algunos críticos han ido más allá, acusando a Israel de genocidio. El genocidio, por definición, es la destrucción deliberada y sistemática de un grupo de personas. Esto requiere intencionalidad. La evidencia disponible no respalda dicha afirmación.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han demostrado repetidamente sus esfuerzos para minimizar el daño a civiles, incluida la emisión de advertencias de evacuación a través de llamadas telefónicas, mensajes de texto, folletos y de las redes sociales, abortando en ocasiones los ataques cuando hay civiles presentes. Esto no significa que la guerra haya estado libre de tragedias o errores. Las muertes de civiles en Gaza son reales y devastadoras. Pero la presencia de víctimas civiles por sí sola no constituye un genocidio. Un genocidio es lo que Hamás intentaba hacer el 7 de octubre, cuando los terroristas entraron en Israel y mataron indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños.

Una realidad ignorada: la ayuda al enemigo
Uno de los aspectos menos debatidos de la guerra de Gaza ha sido el papel de Israel en la facilitación de la ayuda humanitaria: no para sus propios ciudadanos, sino para el territorio gobernado por el mismo grupo contra el que luchaba. En medio de los enfrentamientos, Israel permitió el flujo de alimentos, agua, suministros médicos y materiales de protección hacia Gaza, trabajando en coordinación con socios internacionales. Asimismo, Israel ha facilitado la evacuación de miles de pacientes en Gaza —incluidos niños— para que pudieran recibir tratamiento en el extranjero.
Dentro de Gaza, cocinas, panaderías e instalaciones médicas respaldadas por la ayuda humanitaria han proporcionado servicios esenciales, mientras que la infraestructura israelí ha contribuido a mantener el suministro de agua y a cubrir otras necesidades básicas. Al mismo tiempo, la entrega de ayuda se ha visto complicada por casos documentados en los que Hamás desviaba los suministros para su propio uso. Esto ha obligado a Israel a buscar un equilibrio entre facilitar la ayuda y evitar que los recursos fortalezcan a su enemigo. Pocas naciones se han enfrentado a una expectativa dual de tal magnitud: combatir a un enemigo incrustado en el terreno y, simultáneamente, ayudar a sustentar a la población civil que se encuentra bajo su control. Sin embargo, esta realidad suele estar ausente de las narrativas globales.
¿Un doble rasero?
Desde su fundación en 1948, Israel ha vivido bajo una amenaza constante; sin embargo, se le presenta a menudo como el agresor, en lugar de una nación que responde a una hostilidad continua. La rapidez y la intensidad de la condena global sugieren que hay algo más en juego que las meras acciones militares. El sesgo político, el encuadre mediático y las narrativas arraigadas influyen en la forma en que se percibe este conflicto.
La guerra de la información
Además de la batalla física, se ha estado librando otra guerra: la guerra de la información. En el panorama actual de las redes sociales, el contenido emocional suele prevalecer frente a la verdad verificada. Israel se encuentra en clara desventaja en este terreno, ya que las narrativas simplificadas y las imágenes impactantes están moldeando la opinión global que presenta a Israel como el agresor, independientemente del contexto. La etiqueta de “estado paria” sugiere aislamiento e ilegitimidad. Sin embargo, Israel continúa manteniendo relaciones diplomáticas, alianzas económicas y asociaciones estratégicas a nivel mundial. La realidad es mucho más compleja de lo que dicha etiqueta implica. Lo que estamos presenciando no es un simple juicio legal, sino una guerra de narrativas moldeada por la percepción y los prejuicios.
Defendiendo la verdad
En un mundo saturado de información, la claridad suele ser la primera víctima. Para comprender este conflicto es necesario resistirse a las narrativas simples, examinando cuidadosamente las fuentes y reconocer su complejidad. La voz más fuerte no siempre refleja la verdad, pero sigue siendo la más importante. En el mundo actual impulsado por la información, los individuos pueden desempeñar un papel determinante en la configuración de la comprensión pública. El apoyo a Israel comienza con un compromiso con la verdad: verificando la información, cuestionando las afirmaciones virales y compartiendo contenido veraz y bien fundamentado. También significa participar en conversaciones reflexivas que aporten claridad y matices en los debates a menudo demasiado simplificados, y la oposición al antisemitismo cuando aparece. El apoyo práctico también es importante, ya sea a través de la promoción o el apoyo a organizaciones como Puentes para la Paz que brindan una ayuda tangible.
Apoyar a Israel no significa ignorar el sufrimiento en Gaza o en otros lugares. Significa reconocer la complejidad de una guerra contra una organización terrorista incrustada en una población civil y responder con convicción y claridad.
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

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