Revista desde Jerusalén

El falso libertador del sur del Líbano

Por Dr. Bill Adams

El Memorando de Entendimiento (MOU por sus siglas en inglés) de Islamabad, firmado por Estados Unidos e Irán en junio con el objetivo de reducir la tensión del conflicto, suscitó una gran preocupación en Israel. Uno de los principales motivos de inquietud fue que, sin haber participado en las negociaciones, se instó a Israel a detener las hostilidades contra Jizbolá, el ejército terrorista respaldado por Irán apostado en su frontera norte con el Líbano. En resumen, los negociadores iraníes exigieron que Israel se comprometiera a un alto el fuego en el sur del Líbano para mantener abierto el estrecho de Ormuz.

Si bien Israel no desea otra cosa que una paz duradera en todos los frentes, lamentablemente, en este momento, no es una de las opciones que están sobre la mesa. El estado judío sabe que, si deja de mantener la presión militar sobre Jizbolá, nunca disfrutará de tranquilidad en sus comunidades del norte. Por ello, el primer ministro se mantuvo firme e Israel continuó atacando objetivos de Jizbolá.

Crédito: Khameini.ir/wikimedia.org

El Partido de Alá

La situación reciente no es nada nuevo en la lucha, que dura ya décadas, por el dominio político y militar en el Levante. Israel no reclama ningún territorio ni desea controlar a la población situada al norte de su frontera con el Líbano; tampoco el gobierno libanés reivindica territorio israelí al sur de la frontera compartida —y potencialmente pacífica— con Israel. ¿Cuál es, entonces, el problema? La respuesta se resume fácilmente en una palabra: Jizbolá. O mejor dicho, en dos: Jizbolá e Irán.

Jizbolá —que se traduce literalmente del árabe como “Partido de Dios”— es un ejército interpuesto chií de carácter terrorista que actúa bajo las órdenes de Irán. Surgido a principios de la década de 1980 con la doble misión de dominar políticamente el Líbano y expulsar militarmente al ejército israelí, Jizbolá ha logrado desde entonces avances significativos gracias al apoyo iraní. En el momento de su creación, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se encontraban desplegadas en el sur del Líbano tras haber expulsado a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yaser Arafat, que ya llevaba mucho tiempo sembrando el terror entre los israelíes a lo largo de la frontera norte. Así comenzó una saga de cuatro décadas marcada por tensiones, enfrentamientos y guerras abiertas entre Jizbolá y las FDI.

¿Ocupante o libertador?

 Para un mejor entendimiento de esta amarga lucha es necesario trazar una cronología que rastree el papel de Jizbolá como “libertador” y “ocupante” del sur del Líbano a lo largo de los últimos cuarenta años:

1982–1985

Intervención israelí: Las FDI entran en el sur del Líbano para desmantelar las redes terroristas de la OLP que lanzaban ataques transfronterizos contra Israel. Inicialmente, las poblaciones cristiana, drusa y chií los recibieron como libertadores.

Formación de Jizbolá: Surge Jizbolá, respaldado por Irán, presentándose como una “resistencia islámica” para librar una guerra de guerrillas contra Israel y proyectar la influencia iraní.

Crédito: Khameini.ir/wikimedia.org

1986–1999

Israel establece una zona de amortiguación: Junto con el Ejército del Sur del Líbano (ESL), Israel mantiene una zona de seguridad en el sur para proteger el norte de Israel de los ataques con cohetes transfronterizos. El sentimiento local, más allá de las divisiones sectarias, se vuelve en contra de Israel.

Expansión de Jizbolá: Jizbolá lleva a cabo una guerra asimétrica constante contra las FDI y el ESL, aprovechando el sentimiento antiisraelí para consolidar su dominio político y militar en el Líbano.

2000–2005

Retirada de Israel: En mayo de 2000, por conveniencia política, Israel retira unilateralmente todas sus fuerzas hasta la “Línea Azul” demarcada por la ONU, cumpliendo así la Resolución 425 de las Naciones Unidas para restablecer la frontera internacional.

Jizbolá se proclama vencedor: En lugar de desarmarse tal como exigía la ONU, Jizbolá presenta la retirada como un triunfo militar y continúa llevando a cabo ataques transfronterizos de baja intensidad e intentos de secuestro.

2006–2007

Israel regresa: Tras la muerte de ocho soldados y el secuestro de otros dos a manos de Jizbolá —sumado al lanzamiento de andanadas de cohetes contra Israel el 12 de julio de 2006—, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzan una gran campaña para desmantelar la infraestructura terrorista de Jizbolá en el sur del Líbano.

Jizbolá secuestra al estado: Jizbolá lanza cerca de 4,000 cohetes contra núcleos de población israelíes. A pesar de sufrir graves pérdidas, proclama una “victoria divina”. La organización provoca un rechazo interno por parte de facciones no chiitas, preocupadas de que Jizbolá mantenga al país como rehén.

2008–2022

Jizbolá dirige sus armas hacia el interior: En mayo de 2008, Jizbolá dirige sus armas contra su propia población y toma el control de partes de Beirut para asegurar su red de comunicaciones privada, transformándose de un actor interpuesto regional en una fuerza armada que ocupa internamente el estado libanés.

Israel actúa de forma preventiva: Israel hace valer sus líneas rojas mediante ataques aéreos selectivos para interceptar envíos de armas iraníes, al mismo tiempo que mantiene una fuerte disuasión fronteriza a lo largo de la Línea Azul.

2023–Presente

Israel libera: Tras los ataques de Jizbolá contra Israel el 8 de octubre en solidaridad con Hamás, Israel incursiona en el sur del Líbano para desmantelar la infraestructura fronteriza del grupo. Las facciones opuestas a Jizbolá ven la oportunidad de romper el férreo control que la organización ejerce sobre el estado.

Jizbolá se debilita: Mientras el Líbano gestiona propuestas de alto al fuego y el despliegue de las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) en el sur, la imagen de Jizbolá como “libertador” se deteriora considerablemente. La mayoría de los libaneses considera ahora que su condición de fuerza armada constituye el principal obstáculo para la soberanía del estado.

Una nueva esperanza para la paz

Mientras que el MOU de Islamabad suscitó inquietud en Israel, también dio paso a una nueva modalidad de negociación, en gran beneficio tanto para el Líbano como para Israel. Bajo la supervisión del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, negociadores libaneses e israelíes se reunieron en Washington para forjar un acuerdo histórico. Ambas partes afirmaron que no existe disputa territorial entre ellas y manifestaron su voluntad de alcanzar la paz. Aunque la propuesta contempla la retirada militar israelí del sur del Líbano, las FDI solo se replegarían de manera escalonada a medida que el Ejército del Sur del Líbano (ESL) asumiera el control de los territorios y desarmara a Jizbolá.

Hanin Ghaddar es una desticada periodista, investigadora principal del Programa Rubin sobre Política Árabe del Instituto Washington y una mujer chií que creció en el sur del Líbano, profundamente marcada por la cultura del conflicto. En una entrevista concedida al Times of Israel el 2 de julio, Ghaddar ofreció un análisis experto sobre la historia del conflicto y la percepción que tiene el pueblo libanés de Jizbolá. Según Ghaddar, la población local vio la verdadera cara del grupo terrorista cuando este impuso una estricta aplicación de la ley islámica (Sharia), se alió con una clase política corrupta y desplegó a sus matones contra sus propios conciudadanos que se manifestaban en busca de justicia.

Ghaddar destaca que Jizbolá fue responsable de la explosión del puerto de Beirut en 2020 y que sus operativos amenazan actualmente a los jueces que llevan el caso. En consecuencia, cuando Jizbolá entró en guerra contra Israel el 8 de octubre de 2023, el grupo terrorista contaba con muy poco apoyo público. La mayor parte de la población chií ya no cree en “la Resistencia” ni considera a Jizbolá como su libertador. Por el contrario, la opinión pública responsabiliza a Jizbolá de la destrucción actual, consciente de que el grupo provocó el conflicto con Israel a pesar de saber perfectamente cuál sería la respuesta israelí.

En última instancia, Ghaddar señala que la sociedad libanesa desea la paz con Israel.

Y el libertador es...

Los ciudadanos libaneses se sienten alentados por su nuevo presidente cristiano maronita, Joseph Aoun, quien, junto con el ESL, está demostrando una firme determinación para desarmar los restos de las fuerzas de Jizbolá. La población anhela que el estado pertenezca, por fin, al pueblo libanés. Y muchos se preguntan si las FDI podrían actuar nuevamente como sus libertadores, tal como lo hicieron durante los años de la OLP.

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz

Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

Recursos relacionados

Cuando Israel se equivoca

Justicia para Gaza: Señalando al verdadero villano

El estrecho que detuvo a mil barcos

Disuasión: Irán está bombardeando a todos con la excepción de Israel

Descubre tu propósito y el corazón de Dios para ti

En el mundo actual, dividido y turbulento, es esencial que la Iglesia redescubra el corazón de Dios. Nuestro libro electrónico gratuito, escrito por una experta con tres décadas de experiencia en Israel, profundiza en las enseñanzas de Jesús (Yeshúa) para revelar los principios del amor y propósito de Dios. Aprender cómo abrazar estas verdades impactará significativamente tu vida, incluso en medio del caos. Suscríbete para recibir este libro electrónico gratis (si al suscribirte, no recibes tu copia, escríbenos a intl.spanish@bridgesforpeace.com)