La muerte del miedo

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NUNCA HE SIDO UNA PERSONA TEMEROSA, pero sí he conocido a personas que se ven paralizadas por el miedo. Es importante señalar desde el principio que no me refiero a ese miedo saludable —ese instinto de supervivencia que el Señor ha infundido en los seres humanos— ante algo peligroso o imprudente; más bien, hablo de un miedo irracional que imagina escenarios sobre un futuro que aún no ha acontecido.
Este tipo de miedo suele disfrazarse de ansiedad. El sitio web NeuroLaunch publicó recientemente un artículo titulado: “La poderosa relación entre la ansiedad y la gratitud: ¿pueden coexistir?”. En él se define la ansiedad como “una sensación persistente y, a menudo, abrumadora de miedo o aprensión ante eventos o situaciones futuras”. Si bien considero que esta es una definición precisa, no aborda el tremendo impacto que la ansiedad supone en nuestras vidas.
El miedo es un ladrón
El miedo controla la vida de las personas y las debilita, privándolas de la alegría, el sueño, la salud, el pensamiento lógico y la capacidad de concentrarse y trabajar productivamente. Jesús (Yeshúa) instruye a Sus discípulos con respecto al miedo en Mateo 10:29-31: «¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos». Los seres humanos fueron creados a imagen de Dios (Gén 1:26) y Su amor por nosotros es inconmensurable (Rom 5:8; 2 Pe 3:9). Por lo tanto, la instrucción de Jesús debería, lógicamente, disipar nuestras ansiedades; y, sin embargo, el miedo continúa atormentándonos.

Una simple búsqueda en Google ofrece una extensa lista de los principales miedos (fobias) que enfrentan las personas, entre ellos el miedo a hablar en público, a las arañas, a las alturas, a volar y a la muerte. Pero, ¿qué hay del miedo al fracaso? El apóstol Pedro advierte en 1 Pedro 5:8: “Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar“. Una de las armas del enemigo es el miedo. El miedo puede llevar a la destrucción.
La respuesta al miedo
Muchos cristianos responden al miedo con la oración y la lectura y estudio de la Biblia, y no les falta razón. Cuando el miedo invade nuestras vidas, necesitamos confiar en Dios. Jesús enseñó en Mateo 11:30: «Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera». La Biblia es un manantial inagotable que sentencia a muerte el miedo para proceder después a ejecutar sin demora dicha sentencia. El miedo nunca debería tener dominio sobre nosotros; sin embargo, muchos permiten precisamente que sea así. Permitir que el miedo se encone en nuestras vidas es como encerrarnos y luego tirar la llave. La ansiedad descontrolada conduce a la depresión, dejando a millones de personas sufriendo en la oscuridad de esta plaga mental. Pero Dios es Luz, y Él puede liberarnos.
Pablo escribe en Romanos 8:15: “Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!»”. La palabra griega utilizada para “temor” es fobos, de la que se deriva el término “fobia”. En términos clínicos, una fobia es un temor o terror intenso que lleva a la persona a huir. Pablo continúa exhortándonos de la siguiente manera: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía [timidez], sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim 1:7). La palabra “timidez” (deila en griego) significa cobardía, miedo o aprensión. El apóstol le recuerda a su discípulo, Timoteo, que Dios expulsa el miedo, reemplazándolo con poder, amor y dominio propio.

En formación de batalla junto a nosotros
¿Cuál es el antídoto contra el miedo y la ansiedad? Según los expertos de NeuroLaunch, es la gratitud o el agradecimiento. Su conclusión resulta a la vez reveladora y profunda. Las investigaciones han demostrado que la gratitud y la ansiedad se desarrollan en la misma zona del cerebro, pero no pueden coexistir. Es imposible que una persona experimente simultáneamente gratitud y ansiedad. NeuroLaunch describe la gratitud como “la apreciación de aquello que resulta valioso y significativo para uno mismo”. Por consiguiente, cultivar la disciplina de la gratitud constituye una herramienta poderosa que enriquece la vida de la persona.
Yo afirmaría también que la gratitud se halla en el Señor. Ser agradecidos con el Señor y confiar en Él revoluciona nuestras vidas y aniquila todo temor. Las Escrituras nos ofrecen una miríada de versículos como prueba de ello. Veamos dos: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas” (Pr 3:5-6). “Me gozaré y me alegraré en Tu misericordia, porque Tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma” (Sal 31:7).
Muchos creyentes tienen un versículo favorito al que recurren tanto en la alegría como en la tristeza. Uno de esos versículos es Isaías 41:10a: “No temas, porque Yo estoy contigo; no te desalientes [o no te angusties], porque Yo soy tu Dios”. Es importante leer este versículo en su contexto. No se trataba de meras palabras de consuelo; más bien, el profeta Isaías las ofreció como una exhortación al Reino de Judá, recordándoles de dónde proviene la verdadera fortaleza. Sus palabras estaban impregnadas del poderío militar del Cielo, enviado para fortalecer a Judá.
Centrarse únicamente en un pasaje concreto de las Escrituras sin tener en cuenta su propósito o el idioma original puede causar una gran confusión. Leer Isaías 41:10 en el hebreo original resulta tan impactante que la promesa de Dios hace que el miedo parezca imposible.
Examinemos Isaías 41:10b: “Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de Mi justicia”.
En Isaías 41:10, el profeta emplea la palabra yareh para referirse a un pavor aterrador. Muchos cristianos se conforman al interpretar Isaías 41:10a como: “No tengo porqué preocuparme, pues Dios está cerca”. Sin embargo, las palabras de Isaías poseen un peso mucho mayor que hace imposible que el miedo pueda subsistir en presencia de un Dios todopoderoso.
La palabra hebrea para “contigo” es imaj, un antiguo término militar que no significa estar cerca o al lado de ti, sino más bien estar de pie en formación de batalla junto a tí. Comprender la magnitud de imaj implica saber que Dios está desplegado en formación de combate —con todas Sus armas, Su rango y Su poderío militar— a tu lado, luchando como tu aliado. El Señor de los Ejércitos está listo para atacar y destruir el miedo.
Imaj aparece también en Éxodo 3:12, cuando Dios le dice a Moisés: «Yo estaré contigo [imaj]». Dios no está diciendo: “Observaré mientras sacas a Israel de Egipto o mientras haces las cosas por tu cuenta”. La promesa de Dios es que Él luchará junto a Moisés en el enfrentamiento con el faraón.
Más adelante vemos lo que Dios dice en Josué 1:9: «¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo [imaj] dondequiera que vayas». Josué está a punto de invadir la Tierra Prometida con los ejércitos de Israel y de librar una batalla contra 31 reyes. Sin embargo, no lo harán solos. Dios luchará al lado de Israel. En la víspera de la batalla de Jericó, un ángel del Señor de los Ejércitos, vestido como un general guerrero, aparece para recordarle a Josué que Israel está unido al Cielo, y no a la inversa (Jos 5:13).
Nuestro Dios inmutable
Santiago 1:17 declara: “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación”. Hebreos 13:8 afirma: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”. Dios no cambia. Él escucha, responde, lucha por su pueblo del pacto: Israel y los creyentes en Jesús que han sido injertados en el olivo de Israel (Rom 11). Tal como luchó junto a Israel en los días de Moisés, Josué e Isaías, Dios también está preparado a tu lado para luchar y librar la batalla contra el miedo. Él no se limita a consolarte u ofrecerte apoyo moral; Él va delante de ti y entra en combate.
Te invito a reflexionar sobre lo que supone la falta de comprensión de imaj cuando creemos que se trata únicamente de un consuelo. Por supuesto que brinda consuelo, pero al no comprender su pleno significado se reduce su poder intrínseco. La verdad es que, gracias al poder del Dios de Israel y a la obra consumada del Mesías, no estamos destinados a temer ni a derrumbarnos bajo el peso del miedo. La Biblia es la Palabra de Dios revelada a nosotros, pero es también un manual de guerra.

Fortalecido, ayudado y sostenido
Dios promete en Isaías 41:10b: “Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de Mi justicia”. Esta breve mitad del versículo encierra cuatro acciones militares de propósito y mandato, mediante las cuales Dios promete disipar el temor y liberar al Reino de Judá. Sin embargo, también podemos aplicarlo a nuestras propias vidas cuando nos enfrentamos al miedo.
La palabra hebrea amatz (“te fortaleceré”) implica la acción de fortalecer, fortificar, endurecer para la batalla e infundir valor. En Deuteronomio 31:6-7 y 23, Moisés exhorta al pueblo de Israel a ser fuerte (amatz), y emplea la misma palabra que en Josué 1:7, cuando Dios promete otorgar fuerza (amatz) a Josué y valentía para la guerra venidera. La imagen que se evoca es la de Dios fortificando a Su pueblo del pacto para la batalla.
La palabra hebrea para “te ayudaré” es ezer, cuyo significado es estar rodeado como forma de protección, acudir en auxilio durante la batalla y rescatar del combate. Al reflexionar sobre ezer, imagino las filas cerradas de los antiguos hoplitas macedonios formando una inexpugnable falange cuadrada. El éxito de la falange dependía de dos aspectos: un terreno de combate llano y no romper filas dentro de la formación de batalla. Ezer implica sentirse resguardado y tener cubierta cualquier área vulnerable, incluso en el fragor de la batalla.
La palabra hebrea para “te sostendré” es timaj, que significa agarrarse con firmeza, mantenerse en pie en medio de la batalla y negarse obstinadamente a ceder a pesar de la presión. Un general que demostrara el genio del timaj en la práctica militar sabría discernir el momento exacto para avanzar hacia la victoria tras percibir la debilidad del enemigo. El general observaría la intensidad del combate y, en el momento oportuno, explotaría cualquier área vulnerable en las filas enemigas, desplegando las tropas de choque para quebrar la resistencia del adversario. Alejandro Magno, Aníbal y Napoleón poseían un agudo sentido del timaj en el campo de batalla, que a menudo jugaba a su favor.
Esto es lo que significa timaj en relación con Dios. Él es el comandante supremo que convierte la derrota en victoria en el momento decisivo. Él aguarda el tiempo justo —el suficiente para que el enemigo crea tener la ventaja— antes de dar un giro decisivo para asestar un golpe mortal al miedo. Él es la fuerza imparable de poder y fortaleza, que derrota al enemigo mediante una estrategia superior.
Isaías le recuerda al pueblo de Judá que Dios trae timaj a sus filas y a su reino. Tan solo necesitan clamar a Él y caminar en este poder, lo que requiere esfuerzo y disciplina. Del mismo modo que a una legión romana necesitaba incontables horas de disciplina para derrotar a un enemigo mucho más numeroso, nosotros debemos reconocer que Dios nos da Su timaj y que no estamos solos en la disciplina de nuestro caminar en la fe.
La diestra de justicia de Dios
Isaías 41:10b concluye con la declaración de Isaías a Judá de que Dios la “sostendrá con la diestra de justicia”. En la guerra antigua, la mano derecha del guerrero empuñaba el arma. Los relieves y mosaicos de la antigüedad también la representan como el lado del juicio. La mano derecha era un símbolo de poder, autoridad y fuerza militar.
A través de Isaías, Dios asegura a Judá: «¡Mi mano diestra —la que destroza a los enemigos y rompe sus armas— te sostiene!». Esa misma diestra de justicia, fuerza y poder soberano, sigue luchando por ti y liberándote de la ansiedad y del temor.
Como pueblo de Dios, podemos sentir Su aliento y Su ánimo. Dios no permanece a nuestro lado de forma pasiva, para ofercernos simplemente Su consuelo;
Él está desplegado en formación de batalla, fortaleciéndonos, rescatándonos, tomando nuestra mano y guiándonos hacia adelante en una conquista victoriosa para destruir al enemigo. Él es el León de Judá (Ap 5:5), quien da muerte al miedo y lo sepulta en una tumba sin nombre.
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz
Bibliografía
NeuroLaunch. “The Powerful Relationship Between Anxiety and Gratitude: Can They Coexist?” https://neurolaunch.com/anxiety-and-gratitude-cannot-coexist/
Brown, F., S. Driver, and C. Briggs. The Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon, Hendrickson Publishers, 1996.
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