Las raíces judías de las organizaciones de derechos humanos

Dondequiera que haya ocurrido injusticia en el mundo, puedes encontrar a judíos defendiendo a los más desfavorecidos. El concepto de tikún olam, o “reparar el mundo”, está profundamente arraigado en el judaísmo. En un artículo de Jabad titulado “¿Qué es el tikún olam?”, el autor Tzvi Freeman afirma que este término “significa literalmente hacer algo con el mundo que no solo repare cualquier daño, sino que también lo mejore...”. Dado que el Génesis —el primer libro de la Torá (Gn-Dt)— establece claramente que hombres y mujeres fueron creados a imagen de Dios, se deduce que el sufrimiento humano es algo que “debe repararse”. Por tanto, no debería sorprender que varias de las organizaciones de derechos humanos más conocidas de la actualidad fueran fundadas por judíos. Lo sorprendente es que estas organizaciones, que aun continuan con su defensa de los derechos humanos, han adoptado una postura extremadamente hostil hacia el Estado de Israel. Analizaremos dos ejemplos concretos: Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Orígenes humildes
En 1961 surgió una modesta campaña de envío de cartas, impulsada por la compasión de Peter Benenson hacia las personas injustamente encarceladas en Portugal. Aquella iniciativa dio origen a una organización de alcance mundial. Hoy en día, Amnistía Internacional cuenta con la participación de más de “10 millones de personas en más de 150 países y territorios que hacen campaña para poner fin a las violaciones de los derechos humanos”.
¿Quién era Peter Benenson? Nacido en Londres en 1921 en el seno de una numerosa familia judía, su nombre de nacimiento era Peter James Henry Solomon; más tarde lo cambió por Benenson, el apellido de su madre. Aunque creció en un entorno privilegiado —que incluyó una educación con tutores particulares y una etapa en el Eton College—, desde muy joven fue consciente del sufrimiento ajeno. A los 16 años, ayudó a crear un fondo de ayuda para los niños huérfanos de la Guerra Civil española y permaneció activo en el movimiento por la defensa de los derechos humanos hasta su fallecimiento en 2005.
En 1961, Benenson leyó una noticia en la prensa sobre el gobierno autoritario y represivo de Portugal, que había encarcelado y retenido a dos ciudadanos sin causa justificada. En un artículo publicado en The Observer titulado “Los prisioneros olvidados” (“The Forgotten Prisoners”), pidió a los lectores que “escribieran cartas para mostrar su apoyo a todas aquellas personas encarceladas por sus creencias políticas o religiosas”. Con el fin de coordinar esta creciente campaña de envío de cartas, se fundó Amnistía Internacional.
Acusaciones de genocidio y segregación racial
Amnistía Internacional, una de las organizaciones de derechos humanos más conocidas de la actualidad, sigue defendiendo las causas de quienes sufren bajo gobiernos totalitarios. Sin embargo, su postura respecto a los países del Medio Oriente es claramente parcial y contraria al Estado de Israel.
El sitio web de Amnistía afirma: “A través de nuestra "investigación exhaustiva" y nuestras campañas específicas, ayudamos a combatir los abusos contra los derechos humanos en todo el mundo” (énfasis añadido). No obstante, su investigación exhaustiva en Medio Oriente ha generado información sesgada, dando lugar a una campaña decidida a presentar a Israel como el opresor y a los miembros de grupos terroristas como los oprimidos.
Desde el comienzo de la guerra en Gaza, Amnistía se contó entre los críticos más severos de Israel y se apresuró a dar por cierta información no verificada sobre la situación en la Franja. Lamentablemente, esa postura se ha mantenido y no parece que vaya a cambiar en un futuro próximo.
En un informe reciente, Amnistía Internacional escribió: “El apoyo —tácito o explícito— de la comunidad internacional a los crímenes israelíes, incluidos el genocidio y el apartheid [segregación racial], o su falta de actuación decidida para detenerlos, ha envalentonado a las autoridades israelíes para intensificar una campaña brutal destinada a desplazar por la fuerza a los palestinos y ampliar su control territorial en Cisjordania [Judea y Samaria]”. Este lenguaje contundente y explícito, que emplea términos como “genocidio” y “apartheid” indica claramente el sesgo anti israelí de Amnistía.

De ‘Helsinki Watch’ a ‘Human Rights Watch’
Cuando Robert L. Bernstein, considerado una de las figuras más influyentes de la industria editorial estadounidense, visitó la Unión Soviética en 1973, quedó consternado por la falta de libertad de expresión que sufrían los escritores críticos con el gobierno. A su regreso a Estados Unidos, fundó el ‘Fund for Free Expression’ (Fondo para la Libertad de Expresión) y trabajó para ofrecer una plataforma que permitiera a los escritores soviéticos disidentes alzar su voz en Occidente.
En 1975, 35 países firmaron los ‘Acuerdos de Helsinki’ , comprometiéndose a respetar ciertos principios de los derechos humanos. Un grupo de disidentes rusos creó la organización ‘Moscow Helsinki Watch’ para denunciar las violaciones soviéticas de dichos acuerdos. Al otro lado del Atlántico, en respuesta a la represión ejercida por el gobierno soviético, Bernstein cofundó en 1978 la ‘American Helsinki Watch’ con el fin de apoyar la labor de los disidentes de Moscú, muchos de los cuales habían sido encarcelados.

La ‘American Helsinki Watch’, junto con otros grupos de vigilancia en América, Asia y África, supervisó y documentó violaciones de los derechos humanos en sociedades represivas hasta 1988, año en que estos diversos grupos se fusionaron para formar ‘Human Rights Watch’ (HRW). Bernstein, cariñosamente conocido como “el padre de Human Rights Watch”, presidió la junta directiva hasta 1998 y permaneció activo como presidente emérito hasta su fallecimiento en 2019, a los 96 años de edad.
HRW adopta una postura crítica hacia Israel
Bernstein siempre fue un firme y decidido defensor del Estado de Israel. Cuando observó que HRW comenzaba a adoptar una postura crítica hacia Israel y que sus informes “ayudaban a quienes deseaban convertir a Israel en un estado paria”, decidió tomar acción. A finales de 2009, Bernstein publicó un artículo en el New York Times en el que sostenía que “‘Human Rights Watch’ había traicionado su misión original: abrir sociedades cerradas, defender las libertades fundamentales y apoyar a los disidentes”. Argumentaba además que la organización dedicaba demasiado tiempo a sociedades abiertas capaces de supervisarse a sí mismas, mientras “se ignoraba a las sociedades brutales, cerradas y autocráticas del mundo árabe”.
El artículo causó un gran revuelo en el ámbito de los derechos humanos; sus críticos afirmaron que su amor por Israel le había llevado a comprometer su postura sobre los derechos humanos. Él respondió: «La forma más fácil de descartar un argumento es etiquetar a alguien como partidario de Israel o de Palestina. Yo simplemente intentaré mostrarme partidario de los derechos humanos. Así de sencillo».
Mantener el enfoque de los derechos humanos en los derechos humanos
Hoy en día, hay personas que siguen sufriendo bajo regímenes totalitarios. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras desempeñan una labor fundamental al llamar nuestra atención sobre ese sufrimiento. Sin embargo, cruzan una línea roja cuando optan por elaborar informes sesgados y unilaterales sobre el único estado judío del mundo.
¿Es Israel perfecto? Por supuesto que no. Pero es una democracia donde se respetan los derechos de judíos, cristianos y musulmanes. Así que pongámonos de acuerdo con el objetivo de Bernstein: defender los derechos humanos en lugar de posicionarnos a favor de los palestinos o de Israel.
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz
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