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Feliz Jánuca desde Jerusalén

diciembre 1, 2021
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Encendiendo la janukiya

Desde el domingo, las calles de Israel resuenan con la alegre frase: «¡jag Jánuca sameaj!» mientras seres amados y perfectos desconocidos se desean mutuamente una “feliz fiesta de Jánuca” (Fiesta de la Dedicación o Festival de las Luces). El domingo por la noche, en los hogares de la Tierra Prometida y en las comunidades judías de todo el mundo, familiares y amigos se reunieron para la primera noche de este festival de ocho días; encendieron la primera de las ocho velas de la janukiya, el candelabro de nueve brazos especial para Jánuca; disfrutaron los deliciosos aperitivos tradicionales del festival y recordaron el gran milagro que conmemora Jánuca.

La historia detrás de Jánuca pareciera el relato más épico de la Historia. Contiene todos los ingredientes necesarios: un pequeño grupo de fieles guerreros que defienden lo que es correcto en lugar de conformarse con lo que es cómodo, un tirano decidido a doblegar a sus súbditos ante su voluntad de hierro, una victoria milagrosa frente a las abrumadoras probabilidades y, al Dios del universo interviniendo a favor de aquellos que esperan en Él.

Los hechos ocurrieron hace unos veintiún siglos, cuando la Tierra de Israel fue gobernada por el poderoso Rey sirio Antíoco IV Epífanes. Su reinado se caracterizó por una severa opresión y frecuentes masacres. Antíoco prohibió al pueblo de Israel practicar el judaísmo; instaló altares e ídolos para el culto forzado a los dioses griegos; profanó el Segundo Templo en Jerusalén sacrificando un cerdo en el altar; y puso a un sacerdote griego a cargo de la morada del Dios de Israel. Ofreció a los judíos sólo dos opciones: convertirse o morir.

Muchos se convirtieron, optando por una vida de comodidad y subyugación por encima de la convicción y la libertad. Sin embargo, un puñado de judíos, conocidos como los Macabeos, se rebelaron y emprendieron una campaña de guerrilla de tres años contra la abrumadora fuerza del Imperio Sirio. Contra todo pronóstico, el pequeño grupo de judíos derrotó a uno de los ejércitos más poderosos del mundo en ese momento y expulsó a los opresores de Jerusalén.

Inmediatamente después de su milagrosa victoria, los Macabeos buscaron purificar y volver a dedicar el Templo, reconstruyendo el altar y volviendo a encender la menorá, el candelabro de oro con siete brazos, que debía mantenerse encendido día y noche. Sin embargo, había un problema: únicamente lograron encontrar una vasija de ‘aceite consagrado para ungir’ para encender la menorá; el cual era suficiente para mantener el candelabro encendido sólo por una noche. Sin embargo, según la tradición, algo milagroso ocurrió. Las llamas de la menorá continuaron encendidas durante ocho noches, el tiempo exacto que tomó preparar un nuevo suministro de ‘aceite consagrado’. De ahí viene el nombre de la fiesta: Jánuca, que significa ‘dedicación’ tanto en hebreo como en arameo.

Hoy en día, los descendientes de los antiguos Macabeos celebran este milagro de luz y aceite a través de la fiesta de ocho días de Jánuca. En cada noche de los ocho días, la familia y los amigos se reúnen para encender las velas de la janukiya: una vela la primera noche, dos la segunda y así sucesivamente, hasta que las ocho velas de la janukiya estén encendidas.

Durante ocho días, las mesas se llenan de aperitivos tradicionales de Jánuca, como sufganiyot (rosquillas dulces), latkes (tortitas de papa) y otras delicias fritas para rememorar el milagro del aceite. Y durante ocho noches, el frágil resplandor de miles de velas en Israel y en los hogares judíos de todo el mundo, trae a la memoria de quienes lo presencian el tremendo significado de algo tan aparentemente ordinario como la luz.

Este año, al atardecer del domingo se encendió la primera vela de la janukiya. Y en la noche del domingo 9 de diciembre, todas las velas del candelabro arderán intensamente.

En su mensaje de Jánuca publicado el sábado, el ex Primer Ministro Benjamín Netanyahu, destacó que la valentía que movió a los antiguos macabeos a oponerse ante las injusticias de un gigantesco enemigo hace miles de años, sigue siendo una fuerza que impulsa a sus descendientes hoy.

«El espíritu de los Macabeos late dentro de nosotros. Palpita en los soldados de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] y en nosotros, los ciudadanos de Israel», dijo Netanyahu. «Con él hemos establecido un estado fuerte, próspero y avanzado».

Si bien Jánuca generalmente comparte el mes de diciembre con Navidad, las dos fiestas rara vez coinciden. La variación en el tiempo se debe al uso de dos calendarios diferentes. Cada año, el pueblo judío continúa celebrando las fiestas según el calendario bíblico, que se basa en un ciclo lunar. El festival de ocho días de Jánuca comienza el 25 del noveno mes, llamado Kislev. La fecha de Navidad, por otro lado, se determina de acuerdo con el calendario gregoriano basado en el sol. Dado que estos dos calendarios no se alinean, las dos fiestas rara vez comienzan al mismo tiempo.

 

 

ENFOQUE DE ORACIÓN: Agradezcamos al Señor por el milagro de Jánuca y por Su guía y protección sobre Su pueblo durante milenios. Oremos para que los corazones de todo Israel se vuelvan hacia Él mientras las luces de Jánuca brillan en sus hogares recordándoles Su amor.

VERSO BÍBLICO: «El Señor dará fuerza a Su pueblo; el Señor bendecirá a Su pueblo con paz«.

Sal 29:11 NBLA

 

 

Traducido por Raquel González – Coordinadora Centro de Recursos Hispanos
 Revisado por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz

 

Publicado en diciembre 1, 2021

Fuente: Un artículo por Ilse Strauss, originalmente publicado por Bridges for Peace (Puentes para la Paz), el 29 de noviembre de 2021.

Fotografía por: Maddie Hunt/bridgesforpeace.com