Yo, el Señor, no cambio

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Por Janet Aslin, escritora para Puentes para la Paz
El mundo en que vivimos hoy puede parecer muy inestable. Hay guerras y rumores de guerras. Los terremotos y otros desastres naturales ocurren con creciente frecuencia. Los cambios se suceden por todas partes. Sin embargo, en medio de esta inestabilidad, hay una constante. El Señor nos asegura que Él no cambia, ni tampoco sus planes y propósitos. Aquel que puso en marcha la promesa de redención tras la caída del hombre en el Jardín del Edén —y que luego eligió al pueblo judío como instrumento humano para cumplir esa promesa en Jesús (Yeshúa)— llevará a cabo esa promesa hasta su gloriosa consumación. De hecho, a través del pueblo judío y su papel continuo en Su plan, presenciamos claramente Su naturaleza inmutable

Este mes, consideraremos el Salmo 126, un testimonio breve pero poderoso de la fidelidad e inmutabilidad de Dios hacia el pueblo judío, que también puede fortalecer nuestra fe cuando nos encontramos en situaciones aparentemente desesperadas.
Este breve salmo contiene tres señales clave que evidencian Su fidelidad. La primera es Su decisión de identificarse con el pueblo judío y, de esta manera, revelarse al mundo. La segunda es la aliyá, el regreso del pueblo judío del exilio a su antigua patria. Finalmente, hay una promesa de que el dolor y el sufrimiento llegarán a su fin algún día y habrá un tiempo de cosecha lleno de alegría.
Alabando a Dios
Antes de sumergirnos en los versículos del salmo, consideremos algunos antecedentes. El Salmo 126 forma parte de un grupo de 15 salmos conocidos como los “Salmos o Cánticos de Ascención”. Tres de estos salmos se atribuyen a David y uno a Salomón, mientras que se desconoce la autoría de los once restantes. La mayoría de estos salmos son de carácter gozoso, reflexionan sobre la presencia de Dios y lo alaban.
¿Cuándo se cantaban los “Cánticos de Ascensión”? La respuesta más aceptada es que estos cantos acompañaban a las familias judías en su ascenso al Templo de Jerusalén para las fiestas de peregrinación de Pésaj (Pascua), Shavuot (Pentecostés) y Sucot (Fiesta de Tabernáculos). Sin embargo, otras fuentes afirman que los levitas cantaban estos salmos al subir los 15 escalones que conducían al patio interior del Templo. Quizás ambas explicaciones sean correctas.
Aunque ya no existe el Templo en Jerusalén, el Salmo 126 sigue siendo uno de los favoritos en las celebraciones, un canto festivo. En los hogares judíos, se recita antes de la oración habitual de Birkat Hamazon (bendición después de comer) en Shabat (día de reposo) y en otras ocasiones alegres, como bodas o festividades.
Shir HaMa’alot (El canto de ascenso)
Conforme leemos las palabras del Salmo 126, nos sumergimos en un canto atemporal de esperanza y restauración.
“Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría; entonces dijeron entre las naciones: «Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos». Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estamos alegres. Haz volver, Señor, a nuestros cautivos, como las corrientes en el sur.
Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo. El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas”. Salmo 126:1-6

La introducción al Salmo 126 en la serie Artscroll Tanaj dice: “Este cántico describe la más sublime de las ascensiones, la ascensión del pueblo judío desde el exilio. La redención final parecerá un sueño, porque las maravillas que la acompañarán superarán las expectativas más audaces de Israel”.
Cuando el Señor los trajo de vuelta
El Salmo 126 comienza con una declaración sobre el futuro del pueblo judío: el cumplimiento de la promesa de Dios de traer a Su pueblo de regreso a casa. Esta promesa se encuentra 64 veces en el Tanaj (Gn-Mal), lo que demuestra la naturaleza inmutable de Dios, así como Su identificación con el pueblo de Israel. A través de Sus luchas con el pueblo judío, Dios se propone mostrar al mundo quién es Él. El mismo Dios que liberó a los judíos de la esclavitud en Egipto se asegurará de que regresen de los confines de la tierra.
Jeremías profundiza en este punto, «Por tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando ya no se dirá: “Vive el Señor, que sacó a los israelitas de la tierra de Egipto”, sino: “Vive el Señor, que hizo subir a los israelitas de la tierra del norte y de todos los países adonde los había desterrado”. Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres» (16:14-15, énfasis añadido).

Una cuestión de tiempos verbales
Hay una pregunta sobre las primeras cuatro palabras del salmo. ¿Está el salmista escribiendo sobre un acontecimiento que ya había sucedido o está profetizando sobre un tiempo futuro? Nuestra traducción al inglés dice: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión” (Sal 126:1), con el verbo en tiempo pasado, lo que indica que el regreso ya tuvo lugar. Sin embargo, en el hebreo leemos: “Cuando el Señor restaurará…” Creo que esto refleja la profundidad y el misterio de la palabra de Dios, ya que hay eruditos afirmando que el versículo se cumplió cuando el pueblo judío regresó del cautiverio en Babilonia. Sin embargo, algunos judíos permanecieron en Babilonia. Además, hoy en día, aproximadamente la mitad de la población judía todavía vive en el exilio, fuera de la Tierra de Israel. Por lo tanto, ambos tiempos verbales son correctos.
La aliyá, o el regreso a Israel, comenzó en tiempos de Esdras y Nehemías (535-445 a. C.) y continúa hasta el día de hoy. Sin duda, Dios completará el proceso de retorno de Su pueblo desde todas las naciones donde viven actualmente. Tengamos también en cuenta que nuestro salmo comienza con la palabra “cuando” y no “si”. Es una certeza. Sin importar cuándo regresen, sabemos que las bocas de Su pueblo “se llenarán de risa” y sus lenguas “de cánticos”.
Entre las naciones
La reverencia al nombre de Dios entre las naciones es otro tema importante: “Entonces dijeron entre las naciones: «Grandes cosas ha hecho el Señor con ellos»” (Sal 126:2). Esto no es algo nuevo. Los ojos del mundo han estado puestos en el pueblo judío durante milenios, a veces con asombro y otras veces con burla y desprecio.
El Señor ató Su reputación a un pueblo en particular cuando llamó a Abraham a dejar la casa de su padre en Ur de los caldeos. Nuestro salmista escribe que las naciones reconocerán la soberanía y la naturaleza de Dios a través de Su relación con el pueblo judío. Hubo momentos en la historia en que las naciones se han maravillado ante Dios y Su poder protector. He aquí algunos ejemplos de las Escrituras.

Cuando Moisés suplicó a Dios que no destruyera a los israelitas después de que adoraran el becerro de oro, dijo: «¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: “Con malas intenciones los ha sacado, para matarlos en los montes y para exterminarlos de la superficie de la tierra”?» (Éx 32:12a). En otras palabras, Moisés desafió a Dios diciéndole que los egipcios pensarían que no era capaz de salvar completamente a Su pueblo.
Rahab les dijo a los espías que Josué había enviado a Jericó: «Sé que el Señor les ha dado esta tierra, y que el terror de ustedes ha caído sobre nosotros, y que todos los habitantes del país se han acobardado ante ustedes» (Jos 2:9). Los habitantes de Jericó no tenían ninguna duda sobre la soberanía de Dios ni sobre el poder de Su nombre.
El Reino de Israel fue famoso en todo el mundo antiguo, como leemos:
“Cuando la reina de Sabá oyó de la fama de Salomón, por causa del nombre del Señor, vino a probarlo con preguntas difíciles” (1 Reyes 10:1).
En otras ocasiones, el nombre de Dios fue objeto de burla a causa de Su pueblo elegido, algo que también vemos suceder en la actualidad. Después de que Israel fuera llevado al cautiverio babilónico y el Templo destruido, el nombre de Dios fue "profanado entre las naciones" (Ez 36:22). Debido a Su identificación con Israel y el pueblo judío, la reputación de Dios en el mundo se vio empañada, lo que lo hizo parecer impotente ante sus ojos. Sin embargo, Dios no cambió. Su plan permaneció intacto, y proclamó: "’Las naciones sabrán que Yo soy el Señor’, declara el Señor Dios, ‘cuando demuestre Mi santidad entre ustedes a la vista de ellas. Porque los tomaré de las naciones, los recogeré de todas las tierras y los llevaré a su propia tierra" (Ez 36:23b-24, énfasis añadido).
¿Cuánto tiempo?
La primera parte del Salmo 126 anticipa el gozoso regreso del pueblo de Dios a la Tierra de Israel y el posterior reconocimiento entre las naciones de que «grandes cosas ha hecho el Señor con ellos» (versículo 2). Luego viene la ferviente súplica: «Haz volver, Señor, a nuestros cautivos,…», una frase que puede sonar un poco extraña para quienes hablan inglés.
La Biblia Hebrea Completa ofrece una imagen más clara, traduciendo el versículo 4 como: «Haz regresar a nuestro pueblo del exilio, Adonai...». Este versículo concluye con las palabras: «como arroyos en el sur». La imagen de los arroyos en el sur de Israel —o en el desierto del Néguev— evoca la imagen de corrientes de agua repentinas, impetuosas e incontenibles que descienden de las montañas. No podemos predecir entonces cuándo cumplirá Dios Sus promesas, pero podemos estar seguros de que no tardará.

De las lágrimas a la alegría
En El Libro de los Salmos: Nueva Traducción y Comentario [The Book of Psalms: The New Translation and Commentary], los autores escriben: “Los exiliados que conocieron la amargura y la persecución tras largos años en la diáspora disfrutarán de libertad y alegría, de independencia y paz en su tierra restaurada y cantarán con júbilo a Dios por su liberación”.
Es improbable que algún otro pueblo haya experimentado la profundidad del dolor que los judíos sufrieron durante sus años de exilio. Si bien hubo períodos en los que fueron aceptados en otras naciones, al final siempre se mantuvieron aparte, con la huella inconfundible de Dios sobre ellos. En el Salmo 126, el salmista expresa la esperanza en el corazón del pueblo judío: la esperanza de que llegaría un día de regocijo cuando finalmente regresarían a Jerusalén.
La metáfora agrícola utilizada en los versículos 5 y 6 subraya la importancia vital de la fe en la naturaleza inmutable de Dios: “Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo. El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas”. El sembrador puede estar constantemente desesperado por no ver una cosecha abundante, pero el salmista nos asegura que no hay duda de que se regocijará al recoger sus gavillas de grano. Solo la confianza y la fe en un Dios inmutable pueden generar tal seguridad.
Nuestro Dios inmutable
¿Te imaginas estar en el patio del Templo y escuchar a los sacerdotes levitas cuando ascendían al patio interior, cantando alabanzas al Dios inmutable? ¿O subir la larga colina hasta la ciudad de Jerusalén, el único lugar en la tierra en el que Dios eligió habitar?
En estos seis breves versículos, hemos considerado las señales que sirven como evidencia del cumplimiento de la promesa de Dios de que Él cumple Su palabra con el pueblo judío; de que las naciones verán y sabrán que fue el Dios de Israel, y no otro, quien hizo grandes cosas por ellos; y de que los años de lágrimas y luto algún día llegarán a su fin.
Cuando leemos el Salmo 126, podemos ponernos en el lugar del pueblo judío y dar gracias por haber sido injertados en esta herencia a través de nuestra fe en Jesús. Puede que hayamos experimentado lágrimas y dolor en el camino, pero una vez que contemplemos Su rostro, nos regocijaremos en Su presencia.
Al meditar en este salmo somos recordados que lo que era cierto cuando el autor escribió estas palabras hace miles de años sigue siendo cierto hoy en día. Como escribió el profeta Malaquías hace más de dos milenios: «Porque Yo, el Señor, no cambio; por eso ustedes, oh hijos de Jacob, no han sido consumidos» (Mal 3:6).
Bibliografía
Feuer. Rabbi Avrohim Chaim, (ed.). Tehilim, Artscroll Tanach Series. Brooklyn, New York: Mesorah Publications, Ltd., 1995.
“Is Aliyah Biblical?” https://aliyahreturncenter-help.mailchimpsites.com/64-aliyah-verses
Rozenberg, Martin S., Bernard M. Zlotowitz. The Book of Psalms: The New Translation and Commentary. Northvale, New Jersey: Jason Aronson, Inc., 1999.
Stern, David H. (translator). Complete Jewish Bible. Clarksville, Maryland: Jewish New Testament Publications, Inc., 1998.
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Chuy González – Voluntario en Puentes para la Paz
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