Revista desde Jerusalén

¿Por qué algunos evangélicos se están volviendo contra Israel?

Por Kate Norman

Desde el renacimiento del Estado moderno de Israel, los cristianos evangélicos han sido uno de sus aliados más fuertes y confiables. Desde grupos de oración, hasta la defensa política y la ayuda humanitaria, los evangélicos han reconocido al pueblo judío como parte central de la historia redentora de Dios, y han buscado bendecir a la nación que Dios llama "la niña de sus ojos" (Zac 2:8).

Pero en los últimos años se ha producido un cambio. Quienes se identifican como evangélicos, incluyendo reconocidas personalidades de los medios, se han convertido en acérrimos opositores de Israel y del pueblo judío, defendiendo ancestrales ideas y difamaciones antisemitas. Tras el 7 de octubre, estas voces se hicieron más fuertes. Afirmaciones que antes se mantenían en el internet, de repente entraron al flujo abierto general: que Israel es corrupto; que el apoyo cristiano a Israel es "ciego"; e incluso, que el actual estado judío carece por completo de legitimidad bíblica.

Este movimiento sigue siendo minoritario, pero es una minoría vocal. Israel se enfrenta ahora a un nuevo tipo de desafío, no proveniente de críticos seculares ni rivales geopolíticos, sino desde el interior de la comunidad de sus mejores amigos.

Un cambio que nadie esperaba

Históricamente, los evangélicos han apoyado a Israel por dos razones principales: las Escrituras y los valores compartidos. Valoramos los pactos de Dios con Abraham, Isaac y Jacob. Los profetas hablaron de la restauración de Israel y su papel en los propósitos de Dios. Jesús (Yeshúa) mismo vivió, ministró, murió y resucitó en la historia judía. Para los creyentes de la Biblia, apoyar a Israel nunca ha sido una declaración política; ha sido una declaración teológica.

(Crédito: Gage Skidmore/Wikimedia.org)

Sin embargo, ahora, algunos que se autodenominan evangélicos rechazan ese marco. ‘Influencers’ como Candace Owens, Tucker Carlson y otros de la derecha, presentan a Israel en el mejor de los casos como un aliado hipócrita, que "no aporta nada"; una nación cuyos problemas supuestamente, agotan a Occidente. Su retórica refleja una creciente tendencia en línea que mezcla, la política antisistema, con una teología débil.
La oposición secular a Israel no es nueva. Sin embargo, cada vez más evangélicos caen víctimas de estas ideas. La era digital ha creado un mercado de moralidades en pugna, dentro de un contexto de escasa cultura bíblica, y las ideas sobre Israel se basan menos en el Génesis o Isaías y más en la indignación impulsada por algoritmos.

Primer argumento: “El Israel moderno no es el Israel de la Biblia”

Una de las afirmaciones más comunes es que el Estado moderno de Israel no tiene conexión con el Israel bíblico. Los críticos afirman que el Israel moderno es secular, político y, por lo tanto, espiritualmente irrelevante. Una rama del cristianismo sugiere que el pueblo judío ha perdido las bendiciones de su pacto; o que Dios lo ha reemplazado por la Iglesia. Otros simplemente concluyen que las antiguas promesas han expirado. Estos argumentos son el clásico supersesionismo, o teología del reemplazo, con un aire contemporáneo.
La afirmación de que “este no es el Israel de la Biblia” se derrumba incluso, con un breve contacto con las Escrituras. El pacto de Dios con Abraham se describe como «eterno» (Gén 17:7). Los profetas afirman repetidamente que Dios restaurará a su pueblo a la Tierra, no por su fidelidad, sino por la fidelidad propia de Dios (Ez 36:22-24).
La visión de Ezequiel de los huesos secos retrata una restauración nacional, que comienza físicamente, antes de madurar espiritualmente (Ez 37). El moderno renacimiento de Israel en 1948 se ajusta precisamente a ese patrón. Dios también asignó a la descendencia de Abraham una tierra específica, con límites definidos, que en realidad abarca una extensión territorial mayor que el actual Estado de Israel (Gén 15:18).
Dios sigue profundamente involucrado en la historia de Israel y pedirá cuentas a las naciones, por cómo tratan a su pueblo (Joel 3:2). La complejidad política de Israel no niega su identidad bíblica. De hecho, afirma que el plan profético de Dios continúa desarrollándose en tiempo real.


Segundo argumento: “Israel es moralmente corrupto o peligroso para Occidente”

El segundo argumento importante es político, más que teológico: Israel es inmoral, o una carga estratégica.

Esta retórica se intensificó tras la masacre del 7 de octubre, con críticos acusando a Israel de ser una fuerza desestabilizadora; una carga para los recursos estadounidenses; o incluso, el agresor en su propia guerra por la supervivencia. En noviembre, el comentarista político conservador estadounidense Tucker Carlson, respaldó la crítica a la relación de Estados Unidos con Israel "porque es una locura y nos perjudica. No nos beneficia en absoluto".

Los hechos cuentan una historia diferente.

Israel es la única democracia liberal de Oriente Medio; es un centro de innovación; de respuesta humanitaria; y donde existe la libertad de culto para judíos, cristianos y musulmanes por igual. La alianza entre Estados Unidos e Israel proporciona inteligencia crucial; tecnología de defensa innovadora; y cooperación diplomática global. Beneficios que superan con creces la asistencia brindada. Israel ha frustrado complots terroristas que habrían amenazado a naciones occidentales; ha sido pionero en desarrollos médicos vitales; y ha ofrecido ayuda humanitaria en zonas de conflicto en todo el mundo.
Lejos de ser una carga, Israel es uno de los aliados más confiables y mutuamente beneficiosos de Estados Unidos.
Pero más allá de lo práctico, la dimensión moral importa aún más. La guerra de Israel después del 7 de octubre no es una disputa política abstracta; es una lucha contra una organización terrorista genocida que declara explícitamente su intención de destruir, tanto a Israel como a Occidente. Acusar a Israel de defender a sus ciudadanos no solo es erróneo, sino que revela cuán profundamente la desinformación moldea la conciencia pública.


¿Es el sionismo cristiano un “apoyo ciego”?

Quizás la acusación más común contra los cristianos partidarios de Israel es que defienden ciegamente a Israel sin importar los hechos o las circunstancias; una crítica que no comprende lo que es el sionismo cristiano.
El apoyo cristiano a Israel no se basa en la infalibilidad política, sino en la identidad bíblica. Este apoyo no exige estar de acuerdo con todas las políticas del gobierno israelí. Tampoco estar exento de responsabilidad moral. Los cristianos pueden reconocer las imperfecciones de Israel —al igual que reconocemos las de todas las demás naciones— sin dejar de afirmar el pacto que Dios mismo estableció.
Apoyar bíblicamente a Israel no implica caer en un partidismo ingenuo. Es reconocer que las promesas, los propósitos y el carácter de Dios están entretejidos en la historia de Israel, y que bendecir a Israel es, en última instancia, un acto de obediencia a Él.

¿Qué está en juego?

El cambio en la percepción evangélica refleja una crisis espiritual más profunda: confusión sobre las Escrituras, el auge de la ideología sobre la teología, y la erosión de la claridad moral dentro de la Iglesia. La forma en que los cristianos responden a Israel en este momento revela lo qué configura su cosmovisión: las tendencias culturales, o la verdad bíblica.

Durante generaciones los evangélicos han comprendido que bendecir a Israel, implica alinearse con el corazón de Dios. Ese llamado no ha cambiado. Y en tiempos de creciente hostilidad, desinformación y confusión moral, apoyar a Israel no es solo una postura política sino espiritual. A medida que cambian los vientos culturales, el llamado del sionismo cristiano sigue siendo el mismo: no un apoyo ciego, sino un apoyo bíblico, arraigado en la verdad y alineado con el Dios que cumple Sus promesas.

Traducido por Chuy González – Voluntario en Puentes para la Paz
Revisado por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz 



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