Puentes para la Paz en acción

Marzo 2026

La última Pascua

Chaya* (pronunciado Jaya) permaneció inmóvil en la puerta de su pequeño apartamento en Jerusalén, con su mano curtida aferrada al marco como si necesitara ayuda. Al ver las camisetas azules de Puentes para la Paz, su rostro se transformó. Una luz brilló en sus ojos, los mismos ojos que ya habían visto demasiada oscuridad.

«Han venido», susurró entre lágrimas. «Han vuelto».

No fueron las bolsas de alimentos que llevaban nuestros voluntarios las que despertaron aquella emoción, aunque con ellas podría alimentarse durante semanas. Fue algo mucho más preciado: el regalo de ser recordada, de ser importante.

Tras sobrevivir al Holocausto siendo niña, Chaya encontró una nueva vida y un refugio en Israel. Se casó, hizo amigos y disfrutó de una vida activa. Ahora, a sus 89 años, casi todos sus seres queridos han fallecido y vive sola. Los problemas de salud y la edad avanzada la han confinado entre cuatro paredes. La soledad es su compañera constante, además de otro sentimiento más oscuro: el pensamiento recurrente de que quizás sería más fácil no despertar mañana.

«Ya no tengo ganas de vivir», confesó durante una visita, con voz apenas audible. Después, agarrando la mano de nuestra voluntaria con una fuerza sorprendente, le preguntó con urgencia: «¿Volverás?».

Oramos por Chaya ese día. Oramos para que la esperanza superara su desesperación, para que sintiera el amor de Dios a través de nuestra presencia, para que supiera que su vida aún tiene valor y propósito.

Pero también descubrimos una verdad impactante: que para Chaya y para miles como ella, no solo entregamos comida. Entregamos la esperanza misma.

Ecos del pasado

Han pasado más de 80 años desde la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. Sin embargo, aproximadamente 112,000 sobrevivientes del Holocausto siguen viviendo aquí en Israel, muchos de ellos luchan con la pobreza, atormentados por el recuerdo de horrores indecibles, batallando contra la soledad en sus últimos años. Cada mes, más personas fallecen, llevándose consigo testimonios en primera persona de uno de los capítulos más oscuros de la historia.

Se nos acaba el tiempo para honrar a estos preciados sobrevivientes que soportaron el infierno y eligieron reconstruir sus vidas destrozadas en la tierra de sus antepasados.

Puentes para la Paz se dedica a bendecir a estos queridos sobrevivientes de todas las maneras posibles, pero el tiempo se acaba. Durante cinco años, hemos asumido un compromiso sagrado. Además de nuestro programa habitual de alimentos, nos aseguramos de que 1500 sobrevivientes del Holocausto en Jerusalén puedan celebrar el Pésaj (la Pascua judía) con dignidad, alegría y todos los elementos tradicionales que hacen que la festividad sea significativa. Este año, necesitamos tu ayuda más que nunca.

Una mesa del Séder para una sola persona

La celebración del Pésaj conmemora el éxodo de los israelitas de la esclavitud en Egipto. Las familias judías se reúnen alrededor de mesas repletas de alimentos simbólicos: matzá (pan sin levadura), jaroset (una mezcla dulce que representa el mortero usado por los esclavos hebreos), maror (hierbas amargas) y jugo de uva o vino, que se reparte en cuatro copas durante la velada en la que se narra la liberación divina.

Es una celebración para compartir. Las familias se reúnen alrededor de la mesa, los niños hacen las cuatro preguntas tradicionales mientras las voces se alzan entonando antiguos cantos de libertad y gratitud.

Pero imagina preparar una mesa vacía solo para uno mismo. Imagina las sillas vacías donde deberían sentarse tus seres queridos. Imagina celebrar la liberación de la esclavitud cuando tus propios recuerdos aún están cautivos del trauma.

Esta es la realidad para los sobrevivientes como Chaya.

El amor hecho tangible

Los voluntarios de Puentes para la Paz dedican meses a preparar la bendición anual de Pésaj para nuestros sobrevivientes del Holocausto. Preparamos paquetes de comida con alimentos básicos que constituyen la base de innumerables comidas. Luego, preparamos bolsas especiales de Pésaj con los elementos esenciales de la fiesta: jugo de uva, matzá, ingredientes para el jaroset y, cuando los fondos lo permiten, un plato completo para el Séder.

Pero el verdadero ministerio tiene lugar durante la distribución misma.

Casi en todas las visitas, nuestros voluntarios son invitados a entrar en la casa. Los sobrevivientes, que llevan días preparándose, insisten en que se sienten, poniéndoles unas galletas caseras o un pastel en las manos. Mientras toman el té, muestran fotografías de familiares asesinados hace décadas. Comparten recuerdos, tanto hermosos como terribles. Preguntan por sus hijos, celebran sus logros y les cuentan sus penas y alegrías.

Tras años recibiendo nuestras visitas, sus rostros se iluminan al vernos llegar. Nos hemos convertido en familia. Conocemos sus historias, sus comidas favoritas, qué recuerdos les traen sonrisas y cuáles traen lágrimas. Recordamos sus cumpleaños. Oramos por ellos. Realizamos pequeñas reparaciones en sus casas. Nos sentamos en silencio cuando faltan las palabras y les tomamos la mano cuando la soledad amenaza con abrumarlos.

Una sobreviviente confesó que nuestras visitas mensuales son lo único que le alegran la vida. Otra nos contó que saber que hay cristianos de todo el mundo que se preocupan lo suficiente, como para enviar a nuestros voluntarios como un mensaje de amor, ha transformado su perspectiva sobre su fe y sobre el último capítulo de su vida.

Esta es tu invitación

Los sobrevivientes del Holocausto en Israel no eligieron ver a sus familias destrozadas, ni sufrir el hambre, la tortura y las pérdidas inimaginables. Pero sobrevivieron. Reconstruyeron. Perseveraron.

Ahora, en sus últimos años, nos necesitan.

Dios ha puesto un llamado especial en nuestros corazones con respecto a los vulnerables. Santiago 1:27 declara que cuidar de ellos es “religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios”. El profeta Isaías proclamó el deseo de Dios de «consolar a Mi pueblo» (40:1).

Durante este Pésaj, tenemos el privilegio, y la santa responsabilidad, de responder a ese llamado. Tu donativo a nuestro fondo ‘Salvavidas para los Necesitados de Israel’ garantizará que los sobrevivientes del Holocausto como Chaya no solo sobrevivan al Pésaj, sino que lo celebren. Tu donativo les hará saber que no han sido olvidados, sino que son queridos, que no enfrentan la festividad solos porque hay cristianos en todo el mundo que los acompañan.

¿Serás tú uno de esos cristianos? ¿Ayudarás a preparar la mesa para alguien que ha visto demasiada oscuridad? ¿Llevarás luz a sus últimos años?

El tiempo se acaba. Estos preciados sobrevivientes no estarán con nosotros por mucho más tiempo. Pero hoy —ahora mismo— puedes hacer que sus últimas fiestas de Pésaj sean significativas.

Por favor, dona con generosidad hoy a nuestro proyecto ‘Salvavidas para los Necesitados de Israel’. Llenemos sus mesas, sus corazones y sus últimos años con la certeza de que el amor cristiano es real, activo y no permitiremos que pasen sus últimas fiestas de Pésaj en soledad.

Con urgencia y esperanza,

Rvdo. Peter J. Fast

Presidente ejecutivo internacional

*El nombre ha sido cambiado para proteger la privacidad

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz

Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

Salvavidas para los necesitados de Israel

Tu donativo brinda apoyo fundamental a los ciudadanos de Israel que se encuentran en mayor riesgo — sobrevivientes del Holocausto, viudas, huérfanos y familias en situación vulnerable. A través de ayuda práctica como reparaciones del hogar, atención dental, alimentos y canastas de ánimo, tu colaboración restaura la dignidad, la esperanza y la seguridad donde más se necesita.

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