Abril 2026


"ERES UNO DE LOS NUESTROS"
Cuando el misil impactó en Beit Shemesh el 1 de marzo, contuvimos la respiración.
Muchos de “nuestros” niños viven allí.
En Beit Shemesh viven la mayoría de los niños que participan en nuestro programa ‘Alimenta a un Niño’; niños y niñas de familias con dificultades a quienes hemos acompañado, alimentado y brindado nuestro amor durante años. Cuando nos enteramos de la noticia de que un misil balístico iraní había impactado directamente contra un refugio antiaéreo público situado bajo una sinagoga en Beit Shemesh, nuestro equipo se trasladó de inmediato a la ciudad para llevar refrigerios y consuelo a los equipos de emergencia que extraían los escombros. Nueve personas perdieron la vida en el ataque. Decenas más resultaron heridas.
Y después nos dispusimos a esperar noticias de nuestros niños.
Una madre que corrió hacia el peligro
Ronit Elimelech (45) era madre soltera y la principal cuidadora de tres hijos, dos de los cuales están inscritos en nuestro programa ‘Alimenta a un Niño’. Colaboraba como médico voluntaria de United Hatzalá —el organismo comunitario de primera respuesta en situación de emergencia de Israel— ya que su hijo le había pedido que se uniera a ellos como regalo de cumpleaños. Ese era el tipo de madre que era.
El 1 de marzo, Ronit estaba visitando a sus padres en Beit Shemesh con sus hijos. Cuando las sirenas sonaron, reunió a sus niños y corrieron hacia el refugio público situado bajo la sinagoga. Su madre, Sara, estaba a su lado.
Más tarde, los equipos de rescate hallaron el chaleco de paramédico y el equipo médico de Ronit bajo los escombros: un testimonio silencioso y desgarrador de una mujer que dedicó su vida a auxiliar a aquellos que necesitaban ayuda. Ni Ronit ni su madre sobrevivieron.
Dos de sus hijos fueron rescatados de los escombros con heridas leves. Un tercero fue hallado ileso. Esos chicos —nuestros chicos— se han quedado ahora sin su madre.
Claro que fuimos
Asistimos al funeral. Por supuesto que sí. Las calles estaban llenas de gente; todos ellos compartían cuán profundamente amadas eran Ronit y su familia. Las sirenas volvieron a sonar mientras los dolientes permanecían junto a las tumbas, un cruel recordatorio de que la guerra no se detiene ni siquiera ante el duelo.
Durante el funeral, nuestro equipo se reunió con el alcalde de Beit Shemesh, con el director de la escuela donde estudian los hijos de Ronit y con los familiares que habían asumido la responsabilidad de cuidarlos. Le hicimos la misma promesa a todos ellos: que no nos íbamos a ir a ninguna parte. Independientemente del lugar al que vayan estos chicos —y sea quien sea el familiar que los acoja— nosotros seguiremos cuidando de los hijos de Ronit. Son nuestros hijos. Y eso es lo que hace una familia.
¿Te imaginas lo que significa para una familia devastada —para una comunidad destrozada— escuchar esas palabras? ¿Saber que hay cristianos, al otro lado del mundo, a quienes les importan lo suficiente como para hacerse presentes, para quedarse y para prometer cuidar de estos muchachos en duelo? Esto no supone únicamente apoyo práctico; es el amor de Dios hecho tangible. Es esa clase de amor incondicional que tiene el poder de llegar hasta los corazones rotos y comenzar —lenta, tiernamente— a reconstruir aquello que ha quedado destrozado.
Más que una comida: un futuro
Los hijos de Ronit no son los únicos niños que nos necesitan en este momento. En Israel, casi 1.2 millones de niños —casi el 40% de todos los niños israelíes— viven por debajo del umbral de pobreza. Más de 325,000 familias enfrentan una grave inestabilidad alimentaria. La guerra no ha hecho más que agravar esta crisis. Padres que antes habían mantenido a sus familias se encuentran ahora en el frente o han fallecido. Las madres están al límite de sus fuerzas. Y los niños llegan a la escuela hambrientos, mal equipados, atrasados en sus estudios y avergonzados.

A través de ‘Alimenta a un Niño’, proporcionamos mucho más que una comida caliente y nutritiva cada día escolar. Llenamos mochilas con materiales para que los niños no se sienten diferentes. Cubrimos el costo de las excursiones escolares y de las actividades extraescolares. Nos aseguramos de que cuenten con lo necesario para prosperar en un entorno educativo cada vez más digital. Pero, más allá de cada provisión tangible, hay un mensaje que transmitimos con intencionalidad: eres visto, eres amado y no has sido olvidado.
Hemos acompañado a muchos de estos niños desde sus años de escuela primaria hasta su graduación de la escuela secundaria. Hemos celebrado cumpleaños e hitos importantes. Hemos recibido invitaciones de boda. Nos hemos alegrado ante la noticia de una beca universitaria, honores académicos o la llegada de un nuevo bebé. La relación no termina cuando finaliza el año escolar. Estos niños se han convertido en nuestros, porque eso es lo que sucede cuando el amor es incondicional y constante: se construye algo que perdura.
Ese es el legado de ‘Alimenta a un Niño’. Los participantes no son solo una generación de niños israelíes que fueron alimentados y equipados, sino una generación que creció sabiendo que cristianos de todo el mundo los reconocieron como suyos, los defendieron y los amaron incondicionalmente. Las repercusiones de esa verdad moldearán a la nación de Israel durante las próximas décadas.
Apoya a los niños de Israel
Los niños de Israel han soportado más de dos años de una guerra incesante. Sirenas. Misiles. Horas en refugios antiaéreos. Las cicatrices invisibles del trauma que ningún niño debería cargar. Y, sin embargo, regresan a la escuela. Se sientan en las aulas. Intentan aprender, crecer y formarse.
Es en ese momento cuando debemos apoyarlos.
El profeta Isaías escribió acerca del día en que Dios consolaría a Sion, cuando Él «convertirá su desierto en Edén» (51:3). Estamos llamados a ser instrumentos de ese consuelo, a llevar gozo y esperanza a lugares de luto y desesperación. Tú puedes ser ese consuelo hoy para los hijos de Israel.
Tu donativo a ‘Alimenta a un Niño’ asegurará que podamos atender a los hijos que Ronit dejó. Pondrá comida en la mesa de un niño hambriento cuyo padre se encuentra en el frente. Llenará una mochila; financiará una excursión escolar; enviará un regalo de cumpleaños; y transmitirá el mensaje más poderoso que un niño puede recibir: Importas. Eres amado. Eres uno de los nuestros.
¿Apoyarás hoy a los hijos de Israel? ¿Los acompañarás en medio del caos y el dolor de la guerra, y les transmitirás —con tu generoso donativo— que los cristianos de todo el mundo los ven, los valoran y los sienten como propios?
Por favor, dona hoy a nuestro programa ‘Alimenta a un Niño’.
Con amor y shalom,
Rvdo. Peter J. Fast
Presidente ejecutivo internacional
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz

Alimenta a un Niño
Con tu apoyo, podemos brindar dignidad, estabilidad y esperanza a los niños que más lo necesitan, demostrándoles que no los hemos olvidado y ayudándoles a prosperar. Colabora con nosotros para generar un impacto duradero, un niño a la vez.
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