De Caracas a Teherán: la forma en que la caída de Maduro debilita la línea vital de Jizbolá

Por Simon Fenn
El 3 de enero de 2026, las fuerzas especiales de los Estados Unidos llevaron a cabo una incursión impecable antes del amanecer, en la residencia del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas, en el marco de la Operación “Resolución Absoluta”, con el objetivo de detener al líder en sus tendencias cada vez más autoritarias. Agentes de la fuerza especial Delta Force, respaldados por ataques aéreos selectivos que neutralizaron rápidamente las defensas aéreas venezolanas, capturaron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Desde allí, fueron trasladado al USS Iwo Jima y volaron directamente a Nueva York. Toda la operación se llevó a cabo sin una sola baja estadounidense.
La incursión fue tan sucinta, eficiente y precisa que podría confundirse fácilmente con una operación israelí. Y no nos equivoquemos: el resultado final beneficia inequívocamente a Israel. Pero, ¿en qué consiste exactamente esta conexión?

El salvavidas de Jizbolá: la conexión entre Irán y Venezuela
Las autoridades estadounidenses llevan acusando desde hace tiempo a altos funcionarios venezolanos —incluyendo líderes militares vinculados al llamado “Cartel de los Soles”— de facilitar el envío de enormes cantidades de cocaína a Estados Unidos, mientras al mismo tiempo, brindaban protección a los narcotraficantes. Una acusación formal en 2020 señalaba que estas redes operaban en colaboración con grupos guerrilleros colombianos, como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), utilizando el territorio venezolano como punto de tránsito. Una acusación posterior, presentada tras la orden de captura contra Maduro, atenuó el lenguaje empleado, describiendo la estructura como un “sistema de patrocinio” más amplio en lugar de un cartel formal; no obstante, las acusaciones fundamentales acerca del narcotráfico patrocinado por el Estado siguen constituyendo el eje central del caso.
El 5 de enero, Maduro se declaró no culpable de cargos que incluyen conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína y delitos relacionados con armas.
Funcionarios de seguridad de Estados Unidos e Israel han estado expresando desde hace tiempo su preocupación de que este ecosistema criminal haya estado brindando un refugio seguro a Jizbolá —un grupo terrorista libanés y proxy de Irán— a través de redes de lavado de dinero y otras actividades que hayan podido ayudar al grupo a recaudar fondos y movilizar recursos. A lo largo de los años, la inteligencia de la Administración de Control de Drogas de EE. UU. (DEA) y las designaciones del Departamento del Tesoro han señalado la presencia de Jizbolá en Venezuela, donde el grupo obtuvo pasaportes fraudulentos, lavó dinero a través de empresas locales y se benefició de la protección bajo el gobierno de Maduro. Estos vínculos, que se remontan a la era de Hugo Chávez, han ayudado a Jizbolá a generar fondos mediante actividades ilícitas —incluyendo el narcotráfico— para financiar sus operaciones en el Medio Oriente, lo que incluye ataques contra objetivos israelíes y actividades de representación más amplias respaldadas por Irán.
Informes estadounidenses y otros testimonios ante el Congreso han descrito la conexión entre Venezuela e Jizbolá como parte de un “eje Irán-Venezuela-Jizbolá” más amplio, en el que Caracas actúa como centro logístico y financiero para el grupo terrorista en el hemisferio occidental. Ahora, la detención de Maduro ha perturbado gravemente esa vía al eliminar a un patrocinador estatal clave que hizo la vista gorda —y facilitó activamente— el acceso de Jizbolá a la región.

La respuesta de Israel: Un golpe al eje del terror
Los funcionarios israelíes han elogiado la captura de Maduro, presentándola como un golpe directo a la red global de influencia y financiación del terrorismo de Irán. El ministro de Asuntos de la Diáspora, Amichai Chikli, publicó en X poco después de la operación: “Maduro no dirigía un país; dirigía un imperio criminal y del narcotráfico que alimentó directamente a Jizbolá y a Irán”. Chikli describió además la captura como “un golpe fatal al eje global del mal y un claro mensaje para [el líder supremo iraní] Ali Jamenei”.
Shosh Bedrosian, portavoz del gobierno israelí en la oficina del primer ministro Netanyahu, se hizo eco de una declaración similar. Señaló que Netanyahu estaba satisfecho con la operación y citó la postura histórica del Ministerio de Asuntos Exteriores: “Venezuela ha desestabilizado la región, sirviendo como base para operativos terroristas de Jizbolá y albergando instalaciones iraníes de producción de armamento”.
El propio primer ministro Netanyahu hizo alusión a la operación estadounidense en X, elogiando la “decisiva determinación” del presidente Donald Trump y la “brillante actuación de sus valientes soldados”. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, añadió que Israel acoge con satisfacción la destitución de un líder que “encabezaba una red de narcotráfico y terror”, expresando su esperanza de que se restablezcan los lazos con una Venezuela democrática. El líder de la oposición, Yair Lapid, fue más allá, advirtiendo que “el régimen de Irán debería prestar mucha atención a lo que está sucediendo en Venezuela”, especialmente a medida que crece el descontento interno en Teherán.
La caída de Maduro se produce, en efecto, en medio de una serie de reveses para Teherán y en una época de intensa inestabilidad en Irán. Las actuaciones militares de Israel han debilitado al proxy iraní Hamás en Gaza, han desmantelado el liderazgo de Jizbolá en el Líbano y han reducido la capacidad de los hutíes en Yemen, al mismo tiempo que el régimen de Assad colapsaba en Siria.
Aunque Venezuela no es considerada como un proxy directo de Irán, sí funcionó como un centro extraterritorial vital para el régimen, facilitando el lavado de dinero, el desvío de fondos procedentes del narcotráfico hacia Jizbolá y actividades relacionadas con el tráfico de armas. Informes de medios israelíes y de analistas de seguridad destacan cómo Jizbolá actuó en estrecha colaboración con organizaciones criminales venezolanas, aprovechando el entorno permisivo del país para mantener operaciones que respaldaban indirectamente ataques contra Israel.
Por lo tanto, no resulta sorprendente que el entusiasmo de Israel forme parte de una esperanza mayor al cortar el vínculo de Maduro en la cadena de financiación entre Irán e Jizbolá, lo que contribuirá a estrechar el cerco financiero sobre los grupos que amenazan a Israel y complementará la presión militar en la región. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, reafirmó este vínculo al declarar que la misión en Venezuela tiene como objetivo eliminar la “presencia de Irán y Jizbolá” a miles de kilómetros de su verdadera base de operaciones.
Una nueva era en la lucha contra el terrorismo
La operación llevada a cabo al amanecer en Venezuela proviene de los contundentes esfuerzos de Estados Unidos, bajo la actual administración, para desmantelar las redes de narcoterrorismo, tal como se ha evidenciado en la reciente designación de grupos como el Tren de Aragua (una organización criminal de Venezuela) como organizaciones terroristas. Asimismo, refuerza la cooperación en materia de seguridad con Israel, país que ha enfrentado durante años la embestida de los proxis respaldados por Irán.
Mientras Maduro se encuentra a la espera de juicio en Nueva York, el vacío de poder en Caracas ha dejado a Venezuela en un terreno incierto, con Estados Unidos asumiendo una supervisión temporal durante un periodo de transición.
Las reacciones internacionales siguen estando profundamente divididas. China y Cuba han condenado esta actuación por considerarla una violación de la soberanía, mientras que otros observan hasta qué punto esta intervención debilita los vínculos criminales y a los terroristas transnacionales que, desde hace años han estado eludiendo a las autoridades internacionales. Por el momento, esta captura se erige como una de las actuaciones más audaces emprendidas por Estados Unidos contra un líder extranjero en ejercicio en décadas; mientras el resultado final de sus consecuencias estratégicas —especialmente para los planes de seguridad de Israel— aún no ha concluido.
Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz
Revisado por Ara Sainz – Voluntaria en Puentes para la Paz
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