Febrero 2026

CORAZÓN EN PEDAZOS
«¿Por qué tuve que arreglar la tubería del fregadero de la cocina?», preguntó Dov*, un querido amigo que sirve en las Fuerzas Especiales de las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel].
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras movía la cabeza y continuaba: «Me tomó dos minutos arreglar el fregadero. Si tan solo me hubiera marchado inmediatamente, quizá habría podido salvar más vidas».
Parpadeé sorprendido, sintiendo el corazón roto por el peso que mi amigo llevaba sobre sus hombros.
Mi amistad con Dov se forjó entre el fuego, sangre y misiles del 7 de octubre, seguidos por una guerra desesperada de dos años librada en siete frentes. Nos conocimos cerca de la frontera con Gaza en las semanas posteriores al horrible "Sábado Negro", y desde entonces lo he visto día tras día lidiar con la culpa del superviviente.
Dov forma parte de un grupo de élite que son llamados cuando el país enfrenta un ataque. El 7 de octubre, recibió una llamada de este tipo.
Dov luchó contra terroristas de Hamás durante horas mientras se dirigía hacia el sur, hasta que finalmente llegó al lugar del festival de música Nova, donde 368 jóvenes habían sido masacrados y sus cuerpos yacían esparcidos por el suelo hasta donde alcanzaba la vista. Lo que Dov experimentó aquel día hace que incluso la película más aterradora parezca inofensiva. Esas imágenes lo han cambiado para siempre.
Ahora, después de dos años de guerra, de combates en Gaza y Líbano, Dov está agotado, con el corazón herido; sus ojos reflejan el profundo trauma que ha vivido. Veo el dolor, incluso cuando sonríe.
También conocí a Moshe, un rabino de Sderot, tras los sucesos del 7 de octubre, un hombre brillante y compasivo, con varios títulos avanzados en psicología infantil. Antes del ataque de Hamás, él soñaba con una carrera que le permitiera brindar consuelo a niños que sufren. Nada podría haberlo preparado para el dolor que invadió su alma tratando de consolar a casi cincuenta niños que sobrevivieron a la masacre en los kibutzim (comunidades) del sur.

Estos niños han visto lo inimaginable, cuando su mundo, que antes era un tranquilo paisaje agrícola, se convirtió en el escenario de un apocalipsis.
Luchando contra su propias lágrimas, el rabino Moshe compartió: «Cada vez que miro a los ojos de uno de estos niños, lo único que veo es un vacío oscuro. Solo quiero llorar».
El nivel de trauma en Israel es asombroso por su magnitud. El número total de afectados aún se desconoce. Las FDI han realizado varias encuestas sobre el trauma entre hombres y mujeres en servicio activo. Se estima que decenas de miles de soldados y personal de primeros auxilios padecen traumas graves.
Alrededor de mil supervivientes del 7 de octubre sufrieron amputaciones, algunos de ellos también quedaron con otras discapacidades como la ceguera. A esto se suma el intenso trauma que sufrieron las familias de los seres queridos secuestrados y tomados como rehenes en Gaza, vivos o muertos. Tras una angustiosa espera de 738 días para el regreso de todos los rehenes con vida, ahora están saliendo a la luz testimonios desgarradores, que conmueven profundamente a la nación, una herida que quizás nunca cicatrice por completo.

Como cristianos comprometidos que apoyamos a la nación de Israel y a las comunidades judías en todo el mundo, este es el momento de intensificar nuestras oraciones y brindar consuelo a miles de israelíes devastados que sufren en silencio. He conocido a muchos que confiesan que no pueden dormir sin medicamentos y luchan por encontrarle sentido a sus vidas. En medio de este trauma y dolor, innumerables personas se están volviendo a Dios y clamando a Él.
Creo que el Señor ha abierto una puerta única para que los cristianos expresen el amor incondicional por Israel y el pueblo judío que hemos profesado durante décadas. En los momentos más difíciles, Su luz brilla a través de las relaciones transformadoras que hemos ido forjando al mantenernos hombro a hombro brindando asistencia vital al pueblo de Israel. Sea por el jardín conmemorativo que construimos en Majdal Shams en memoria de los doce niños drusos que fueron asesinados por un misil de Jizbolá mientras jugaban al fútbol, o por la distribución de botellas de agua y alimentos a los conmocionados residentes de Bat Yam o Beerseba tan solo unas horas después de que los misiles balísticos iraníes causaron caos en sus barrios, creemos que estos actos de amor y cuidado muestran algo más profundo que las palabras.

Pero queda mucho más por hacer. Israel no puede llevar esta carga solo. Con tus oraciones y tus donativos Puentes para la Paz podrá ser tus manos y tus pies en Israel. Anhelamos transformar vidas y sanar corazones traumados, mostrando el amor del reino de Dios en la tierra donde el Señor ha puesto Su nombre (Deuteronomio 12:5). ¿Nos ayudarás hoy? Considera donar a nuestro fondo para ‘Ayuda en Crisis’.
«Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?”. El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”» (Mateo 25:37-40).
Shalom,
Rvdo. Peter J. Fast
Director ejecutivo internacional
*Nombres modificados por motivos de seguridad.

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