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BASE BÍBLICA PARA APOYAR A
ISRAEL
¿Tiene Dios
algún interés especial en la tierra y el pueblo de Israel? Bueno,
para comenzar, la palabra "Israel" se menciona en la Biblia más de
2,300 veces. ¿Cómo compara eso con otros temas de importancia en el
corazón de Dios? La palabra "pecado" se menciona 440 veces, y "amor" se menciona 238 veces. De hecho, las únicas palabras
que se mencionan con mayor frecuencia en la Biblia son los varios
nombres de Dios. Quizás esa sea la clave para detectar cuánta
importancia tiene algo en el corazón de Dios. Si Dios habla de Sí
mismo con esa frecuencia, es porque quiere que le conozcamos y
comprendamos Su amor por nosotros. Quizás la frecuencia en que habla
sobre Israel revela Su segunda prioridad, y es que conozcamos y
comprendamos cuánto amor tiene hacia la tierra y el pueblo que ha
escogido para Sí.
Para algunos de nuestros lectores, este estudio
podría parecerle como un viejo amigo, familiar y cálido. Pero para
otros, quizás este tema le sea nuevo y le parezca algo incómodo. Hay
un antiguo adagio que dice que cuando visites a un amigo, procura
tres cosas: una puerta abierta que te reciba, un libro abierto para
que aprendas, y una mente abierta para que consideres nuevas ideas.
De esa manera, le invitamos a explorar la base bíblica para apoyar a
Israel, y le sugerimos que mantenga su Biblia abierta para
corroborar la veracidad de lo que expondremos, y su mente abierta
para considerar algunas nuevas ideas.
A pesar
de que los cristianos creemos que Yeshúa (Jesús) es el Mesías,
sabemos que Dios es fiel y continúa honrando Sus promesas o pactos
hechos con el pueblo judío. Creemos que al ver esa fidelidad de Dios
respecto a Su Palabra, la Iglesia puede sentirse animada, en lugar
de turbada o desalentada. De hecho, yo creo que las iglesias que
honran la Biblia enseñan que Dios cumple todos Sus pactos,
incluyendo el pacto de la salvación por Yeshúa.
Ahora,
tenga su mente abierta para estudiar Génesis 9:8-16: “Entonces
habló Dios a Noé y a sus hijos que estaban con él, diciendo: He
aquí, yo establezco mi pacto con vosotros, y con
vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente
que está con vosotros: aves, ganados y todos los animales de la
tierra que están con vosotros; todos los que han salido del arca,
todos los animales de la tierra. Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a
ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más
diluvio para destruir la tierra."
"Y dijo Dios: Esta es la señal del
pacto que hago entre yo
y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las
generaciones: pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra.
Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el
arco en las nubes, y me acordaré de mi pacto que hay entre yo y
vosotros y entre todo ser viviente de toda carne; y nunca más se
convertirán las aguas en diluvio para destruir toda carne. Cuando el
arco esté en las nubes, lo miraré para acordarme del pacto eterno entre Dios y
todo ser viviente de toda carne que está sobre la
tierra” (énfasis añadido).
El Pacto con la Tierra
Es
probable que cada escuela dominical enseñe a sus niños el origen del
arco iris, y probablemente cada cristiano se siente animado cuando
ve el
arco iris en el cielo, recordando la fidelidad de
Dios. También podemos ver Su fidelidad a medida que Dios restaura la
nación de Israel y trae de regreso al pueblo judío desde la tierra
de su dispersión, luego de miles de años en el exilio. Por lo tanto,
ya que Dios actualmente está haciendo algo maravilloso en
cumplimiento de Su pacto con Israel, veamos lo que nos dicen las
Escrituras sobre la tierra: “Y el SEÑOR dijo a Abram: Vete
de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la
tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te
bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a
los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas
todas las familias de la tierra” (Gén.
12:1-3).
Veamos
dos asuntos importantes en el anterior pasaje. Primeramente, Dios
pidió que Abraham fuese a una tierra específica, a un lugar que le
mostraría. Abraham no pudo seleccionar ese lugar. En segundo lugar,
Dios le incluye una promesa. A los cristianos nos gusta tener un
librito que nos recuerde las promesas de Dios. Pues, Génesis 12:3
contiene la primera promesa incondicional de Dios: “Bendeciré a los que te bendigan,
y al que te maldiga, maldeciré.” Si procuramos las bendiciones
de Dios en nuestras vidas, es importante que comprendamos esa
promesa. Dios nos dice que si bendecimos a Abraham, seremos
bendecidos, y si maldecimos a Abraham, seremos maldecidos. Y como
Abraham murió hace miles de años, ¿cómo lo podemos aplicar hoy día?
Leamos otro texto bíblico para ver cuál es la tierra específica que
Dios dio a Abraham.
“En
aquel día el SEÑOR hizo un pacto con Abram, diciendo: A tu
descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el
río grande, el río Eufrates: los ceneos, los cenezeos, los
cadmoneos, los hititas, los ferezeos, los refaítas, los amorreos,
los cananeos, los gergeseos y los jebuseos” (Gén.
15:18-21).
“Y
te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus
peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua; y yo
seré su Dios” (Gén. 17:8, énfasis añadido). No existe
debate. La tierra a la que se refiere es tanto la antigua como la
moderna tierra de Israel.
Dos Hijos
En
Génesis 17:18-20, Abraham pregunta si el pacto puede venir por
Ismael: “Y dijo Abraham a
Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti! Pero Dios dijo: No, sino
que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de
Isaac; y estableceré mi pacto con él, pacto perpetuo para su
descendencia después de él. Y en cuanto a Ismael, te he oído; he
aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran
manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran
nación” (énfasis
añadido).
Allí
leemos que Ismael sería bendecido, pero no con el pacto de Abraham.
Algunos musulmanes árabes concuerdan en que la tierra ha sido dada a
los descendientes de Abraham, y reclaman su derecho como hijos de
Abraham. Pero los descendientes de Ismael ya poseen 20 naciones
alrededor de la tierra de Israel, incluyendo dos terceras partes de
las reservas mundiales de petróleo.
Verdaderamente,
ellos han sido bendecidos, pero no con el pacto referente a la
tierra de Israel.
Un
poco después, en Génesis 26:2-6, Dios se aparece a Isaac y confirma
más detalles del pacto: “Y se
le apareció el SEÑOR, y dijo: No desciendas a Egipto; quédate en la
tierra que yo te diré. Reside en esta tierra y yo estaré contigo y
te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas
tierras, y confirmaré contigo el juramento que juré a tu padre
Abraham. Y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del
cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y en tu
simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque
Abraham me obedeció, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis
estatutos y mis leyes. Habitó, pues, Isaac en
Gerar.”
En
ese pasaje, Dios nuevamente confirma y explica Su pacto. Hace
referencia a una tierra específica dada a un pueblo específico, los
descendientes de hombres específicos, e incluye una bendición futura
para toda la tierra a través de gente específica. Por otro lado,
algunos cuestionan si el pacto pudiera aplicar a ambos hijos de
Isaac, tanto a Esaú como a Jacob, modernamente los jordanos y los
israelíes. Pero el Señor había anticipado ese cuestionamiento, y
aclaró: “Y Dios se apareció
de nuevo a Jacob cuando volvió de Padán-aram, y lo bendijo. Y Dios
le dijo: Tu nombre es Jacob; no te llamarás más Jacob, sino que tu
nombre será Israel. Y le puso el nombre de Israel. También le dijo
Dios: Yo soy el Dios Todopoderoso. Sé fecundo y multiplícate; una
nación y multitud de naciones vendrán de ti, y reyes saldrán de tus
lomos. Y la tierra que di a Abraham y a Isaac, a ti te la daré; y
daré la tierra a tu descendencia después de ti” (Gén.
35:9-12).
Pacto Perpetuo
Claramente, el pacto respecto a Israel pasó de Abraham a
Isaac, luego a Jacob, y luego a los descendientes de Jacob. En
Génesis 17:7, Dios usa la misma frase que usó en Génesis 9:16 sobre
el arco iris para referirse a ambos pactos. Los llamó “pacto
perpetuo,” o en el hebreo, brit olam , un
acuerdo inquebrantable que durará por siempre y para siempre. Lo
importante es que Dios guarda cada uno de Sus pactos. Si usted puede
creer que el arco iris es señal de un pacto de Dios, entonces debe
poder creer que Dios también guardará Su pacto referente a la tierra
y los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, gente que conocemos
hoy día como el pueblo judío, o los modernos israelíes.
Finalmente,
la Biblia nos dice que Dios tiene una relación especial con ese
pedazo de tierra, la única propiedad del mundo que reclama para Sí.
“Además, la tierra no se
venderá en forma permanente, pues la tierra es mía; porque vosotros
sois sólo forasteros y peregrinos para conmigo” (Lev. 25:23).
A través de la Historia
Ahora que hemos establecido que la tierra de
Israel fue dada por Dios al pueblo judío como heredad perpetua,
veamos la importancia de ese pacto a través de la historia. En 720
a.C., fue destruida la parte norte de la tierra, el reino de Israel.
Muchos de sus habitantes fueron transferidos a otras tierras, y esa
porción se convirtió en una provincia de Asiria. En 586 a.C. el
Templo fue destruido, y el reino del sur, Judá, fue capturado por
los babilonios. Nuevamente, muchos fueron llevados al
exilio.
Entonces,
¿qué pasó con el pacto perpetuo de Dios? Sabemos que poco a poco,
los exiliados comenzaron a regresar desde la cautividad babilónica,
según leemos en los libros de Esdras y Nehemías. Los de la tribu de
Judá tuvieron una corta soberanía en su tierra bajo la dinastía
jasmonea, luego de la revuelta de los macabeos. Hasta hoy día, ese
evento se conmemora por medio de Jánuca (fiesta de la
Dedicación o fiesta de las Luces). Sin embargo, la historia
evidencia que permaneció una continua presencia de judíos en la
tierra, pese a las guerras, masacres, expulsiones y exilios, aún
desde 720 a.C. ¿Pero esos sobrevivientes representan el cumplimiento
de las promesas de Dios y el vívido ejemplo de la fidelidad al
mundo? Nuevamente, veamos lo que nos dice la Palabra: “Entonces acontecerá en aquel
día que el Señor ha de recobrar de nuevo con su mano, por segunda
vez, al remanente de su pueblo que haya quedado de Asiria, de
Egipto, de Patros, de Cus, de Elam, de Sinar, de Hamat y de las
islas del mar. Alzará un estandarte ante las naciones, reunirá a los
desterrados de Israel, y juntará a los dispersos de Judá de los
cuatro confines de la tierra” (Isa. 11:11-12).
Si
Dios trajo por primera vez a los desterrados de la cautividad
babilónica, ¿qué tal luego del segundo destierro? Los judíos fueron
dispersados aún más que en el anterior. Pero durante la década de
1880, millones de judíos comenzaron a regresar a Israel. Estamos
viendo ese proceso todavía hoy día. “No temas, porque yo estoy
contigo; del oriente traeré tu descendencia, y del occidente te
reuniré. Diré al norte: ‘Entrégalos;’ y al sur: ‘No los retengas.’
Trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la
tierra” (Isa. 43:5-6).
Historia Reciente
Durante el pasado siglo, el pueblo judío en el
norte fue maltratado bajo el régimen comunista de la Unión
Soviética. Durante la década de 1970, el pueblo judío comenzó a
protestar, y exigió que se le permitiera regresar a Israel. El
control soviético iba debilitándose y, a mediados de la década de
1980, Mikhail Gorbachev accedió a que cada vez más judíos escaparan
hacia Israel. El norte comenzó a “entregarlos.” El nuevo gobierno
marxista en Etiopía también comenzó a perseguir a la población judía
a principios de la década de 1970, pero no les permitió salir.
Luego, entre 1984 y 1991, sobre 22,000 etíopes inmigraron a Israel.
¡El sur tampoco los pudo retener!
¿Podría ser
que ahora, en el siglo 21, estemos viendo cómo Dios trae a su pueblo
judío desde todas partes del mundo? En Ezequiel 37, leemos el famoso
pasaje de la visión de los huesos secos. ¿Estamos escuchando el
estremecimiento de los huesos mientras se juntan en este moderno
estado de Israel? “Por tanto,
profetiza, y diles: “Así
dice el Señor Dios: ‘He aquí, abriré vuestros sepulcros y os haré
subir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de
Israel. Y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando abra vuestros
sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo mío’”
(Ezeq. 37:12-13).
En el libro de Éxodo, leemos que 600,000
varones judíos salieron de Egipto cuando Dios los liberó de la
esclavitud y los restauró en la Tierra Prometida después de 40 años
en el desierto. Algunos eruditos estiman que, entre hombres, mujeres
y niños, como 2 ó 3 millones de personas llegaron a la nueva tierra
de Israel. Hoy día, la población judía en Israel está cerca de los
5.3 millones, luego de que hubiera únicamente 60,000 personas en
1914, antes de la Primera Guerra Mundial. Durante los pasados 100
años, el número de judíos ha aumentado a medida que Dios los trae a
su antigua tierra ancestral desde sobre 100 países alrededor del
mundo. Quizás estamos viendo algo aún mayor que el primer éxodo
desde Egipto. Dios los está trayendo del éxodo en números nunca
antes vistos en la historia.
Nuestra Responsabilidad
Ya que Dios
está guardando Su pacto con el pueblo judío, y está cumpliendo Sus
promesas ante nuestros propios ojos, ¿tenemos alguna
responsabilidad? ¿Hace falta que hagamos algo, o no? Veamos otros
pasajes bíblicos: “¡Ay de los
pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mis
prados!--declara el SEÑOR. Por tanto, así dice el SEÑOR, Dios de
Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros
habéis dispersado mis ovejas y las habéis ahuyentado, y no os habéis
ocupado de ellas; he aquí, yo me ocuparé de vosotros por la maldad
de vuestras obras--declara el SEÑOR. Yo mismo reuniré el remanente
de mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré
volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarán. Pondré sobre
ellas pastores que las apacentarán, y nunca más tendrán temor, ni se
aterrarán, ni faltará ninguna--declara el SEÑOR” (Jer. 23:1-4).
“Porque
he aquí que en aquellos días y en aquel tiempo, cuando yo restaure
el bienestar de Judá y Jerusalén, reuniré a todas las naciones, y
las haré bajar al valle de Josafat. Y allí entraré en juicio con
ellas a favor de mi pueblo y mi heredad, Israel, a quien ellas
esparcieron entre las naciones, y repartieron mi
tierra” (Joel 3:1-2).
J. Hudson Taylor, un conocido misionero a la
China, dijo: “Yo antes pedía a Dios que me ayudara. Entonces
pregunté si yo le pudiese ayudar. Terminé pidiéndole que hiciera Su
trabajo a través mío.” Hoy día, Dios está cumpliendo Sus promesas y
demostrando Su fidelidad a Su pacto con el pueblo judío al
restaurarlos en la tierra de Israel, su heredad perpetua. Así como
Taylor, tenemos la oportunidad de averiguar lo que Dios está
haciendo y ser partícipe en ello.
Parte de ese trabajo es apoyar al pueblo de Israel
a medida que reconstruye su nación. ¡Esa es una promesa que podemos reclamar
y proclamar para Israel! “Y te
daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus
peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua; y
yo seré su Dios” (Gén. 17:8). Así como el arco iris es señal de
la fidelidad de Dios respecto a Su pacto con el mundo, el moderno
estado de Israel también es señal de Su fidelidad respecto a Su
pacto con la tierra de Israel.
Escuche
con atención. Creo que puedo oír el susurro de las palabras del
profeta Amós: “Restauraré el
bienestar de mi pueblo Israel, y ellos reedificarán las ciudades
asoladas y habitarán en ellas; también plantarán viñas y beberán su
vino, y cultivarán huertos y comerán sus frutos. Los plantaré en su
tierra, y no serán arrancados jamás de la tierra que les he dado
--dice el SEÑOR tu Dios” (Amós 9:14-15).
Por
Jim Solberg,
Director
Oficina Nacional de PPP Estados
Unidos
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