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EL SALMO DEL PACTO
Una Oración por el Israel de Hoy
La vida en
Israel es extremadamente inestable en recientes días. Las horas y
los días oscilan entre soleado y lluvioso. También el pasado de
Israel refleja los extremos entre risa y lágrimas, entre gozo y
pena. Siendo una nación inusual, se destaca de entre las demás
naciones del mundo. Sus familias han sido desparramadas hasta lo más
remoto de la tierra por medio de lo que se denomina la “diáspora.”
Muchas familias han sido truncadas, mientras que otras han
florecido.
Lamentablemente, hay una creciente expectativa
de guerra y dolor entre todos los israelíes. Cada titular provoca
rumores, temores y especulaciones. Los enemigos de Israel conspiran
en sus cuatro fronteras, al norte, sur, este y oeste. Abiertamente
declaran la meta de “borrar a Israel del mapa.” La nación enfrenta
“guerras y rumores de guerra” pero, a pesar de ello, la gente
mantiene su fe y determinación. El analista israelí Michael Freund
dice: “¡El único lugar donde Israel puede mirar es hacia arriba!” La
Biblia es una fuente fidedigna de inspiración. Al leer y meditar en
los salmos, sus autores nos brindan seguridad porque fueron personas
que experimentaron las mismas dudas y temores que enfrentamos hoy
día. “De todos los libros en el ‘Más Antiguo Testamento,’ el libro
de los Salmos representa la fe de individuos en el Señor de manera
más vívida…Los Salmos son las respuestas inspiradas del corazón
humano hacia la revelación de Dios a través de la ley, la historia y
la profecía,” escribe el autor Allen P. Ross.
En las Escrituras
Hebreas (de Génesis a Malaquías o Tanaj), el Libro de los
Salmos se llama Tehillim, que significa “canciones de
alabanza.” Originalmente, fueron compuestas para ser acompañadas con
“instrumentos de cuerda.” Pero en los Salmos también encontramos
lamentos. De hecho, los cánticos de lamento son más numerosos que
cualquier otro tipo de canto, constituyendo casi una tercera parte
de la colección. ¿Qué significa eso para nosotros hoy día? Una
tercera parte de los salmos fueron escritos por héroes bíblicos
quienes, en su debilidad de la carne, en su humanidad, clamaron a
Dios por Su auxilio y liberación. Como individuos, clamaron en su
estado de angustia personal. También clamaron en intercesión por su
nación durante momentos de dificultad. Usted podría tener esas
necesidades en su propia vida. En sabiduría, clame al Señor. No es
señal de debilidad. En el Salmo 89, David lo hizo, Salomón lo hizo,
además de Etán el ezraíta.
He decidido estudiar el Salmo 89 porque es
fuente de gran fortaleza para cualquiera que quiera apoyar a Israel,
y el pueblo judío necesita que oremos por ellos hoy día según este
salmo. Las amenazas que enfrenta Israel no son nuevas. Ha sido su
forma de vida desde que Dios lo escogió para Sí. El gran teólogo
Charles H. Spurgeon introdujo su comentario sobre el Salmo 89 de
esta manera: “Hemos llegado al majestuoso Salmo del Pacto, el cual,
según el orden judío, finaliza el tercer libro de los Salmos. Ante
un gran desastre nacional, el creyente clama a Su Dios, argumentando
a favor de las promesas del pacto y esperando ver Su liberación en
base a la fidelidad de Dios.”
Etán el ezraíta, un talentoso músico en
el equipo de adoración de David, compuso el Salmo 89. Su nombre
significa “perenne” o “permanente.” Era fiel y, congruentemente, su
salmo comienza con la fidelidad de Dios. Él enfatiza que Dios
cumplirá Su pacto con David porque no se puede negar a Sí mismo.
Mientras Etán proclama el carácter de Dios, su corazón se llena de
alabanza, pese a las circunstancias que enfrenta David. Comienza
alabándole (vs. 1-37), estableciendo su argumento fundamental de que
Dios es todopoderoso, luego cita los problemas (vs. 38-45), y
termina haciendo su súplica (vs. 46-52). El proceso refleja un marcado cambio en ritmo.
Súplica en base a la Fe
El nombre de Etán aparece en 1 Crónicas 15:17-18
y 1 Reyes 4:31, donde se le describe como un hombre de gran
sabiduría, sobrepasado sólo por el legendario Salomón. En el momento
que Etán clama a Dios, David debió haber estado atravesando una gran
batalla o alguna situación debilitante (vs. 38-45). Etán estaba muy
conmovido por la seriedad de la situación, y recordó las cosas
grandes que Dios había prometido a David, promesas que parecían
imposibles de alcanzar por sí mismo: había comenzado como un humilde
pastor, y las promesas respecto a él eran grandiosas. Pero en ese
momento, David parecía tener todo en su contra, y su fiel compañero
en la adoración elevó el problema al sitio adecuado.
Todos hemos conocido un momento semejante al de
Etán, en que hemos preguntado a Dios: “¿Cuánto tiempo más pasará
antes de que reines victorioso? ¡El enemigo parece estar ganando!
¿Por qué, Dios?” Podríamos también clamar: “¿Dónde estás, Señor?”
Este salmo parece haberse escrito para nuestros días, porque el
enemigo está agresivamente rodeando a Israel. Grupos terroristas
están acumulando cohetes Kassam, y algunos podrían incluso tener
acceso a armas nucleares en el futuro cercano. Podríamos cuestionar:
“¿Dónde está el Dios de las promesas?” Algunos enemigos de Israel
retan abiertamente la capacidad de Dios en sostener a Su pueblo bajo
la creciente presión, mientras que otros confiadamente creen que
Dios ya no bendice a Israel. El pasivo e inconcluso final de la
guerra durante el verano pasado contra Hizbolá ha hecho que los
terroristas pierdan su respecto hacia el ejército israelí y sus
agencias de seguridad. Sin embargo, es erróneo basar nuestra
sabiduría y conocimiento en los eventos de este mundo.
La
Biblia debe ser nuestra fuente de ánimo, y los salmos
particularmente hablan en momentos como éstos. Hay una profunda
verdad en los versos del 30 al 37. Dios dice que castigará a Israel
si “no andan en Mis juicios”
(v. 30). Si Sus hijos no guardan Sus mandamientos, Dios dice que
castigará “con vara su
transgresión” (v. 32). Pero añade que “no quitaré de él Mi
misericordia, ni obraré falsamente en Mi fidelidad. No quebrantaré
Mi pacto, ni cambiaré la palabra de Mis labios” (vs.
33-34). Dios es fiel a Su pacto, aunque Su pueblo peque. Ese Dios,
cumplidor de pactos, es quien nos inspira a tener fe, y no los
informes de los medios noticiosos o palabras vanas.
La fe
inspiradora comienza con la alabanza, como en los versos 5-18. Es
importante reconocer que la alabanza va más allá de la mera canción.
En los salmos, aprendemos a alabar cuando luchamos con las
circunstancias del diario vivir. ¿Alguna vez ha sido usted impactado
por la belleza de un árbol, una flor, un animal o algo tan asombroso
como el Gran Cañón de Estados Unidos? El adorador ve la mano de Dios
y alaba al Creador, quien ha hecho todas las cosas bellas. ¿Busca
usted a Dios en el transcurso de los eventos diarios? ¿Puede usted
detectar cuando se cumple la profecía bíblica? ¿Puede ver que Dios
está en control? ¿Reconoce usted que el retorno de miles de judíos a
la tierra de Israel es el cumplimiento literal de las promesas de
Dios? Ese es un milagro asombroso. A pesar de las bombas y
dificultades, los judíos siguen llegando. Ese hecho nos inspira a
adorar al Señor de los milagros y nos llena de fe.
Los que son fieles, permanecen fiel en medio de
la crisis. No son pensadores abstractos ni soñadores; son personas
de fe. Esa clase de fe no proviene del aire, sino surge al ampararse
en la Palabra de Dios.
Súplica en base al Carácter de
Dios
Etán
trae a su memoria el poder y la autoridad de Dios, y lo declara ante
Dios. Escribe: “Tus
maravillas…” (v. 5); “¿Quién en el firmamento se
puede comparar al SEÑOR?” (v. 6); “Dios muy temido” (v. 7); “Esparciste a Tus enemigos”
(v. 10); y “Tú tienes un
brazo fuerte” (v. 13).
Aún
cuando el corazón de Etán se llena de angustia, incertidumbre y
duda, comienza a orar desde el lugar más seguro posible: desde la
alabanza. ¡Suena como una cosa alocada! ¡Alaba frente a la posible
derrota! Aunque tiene dudas y temores, su confianza está puesta en
Dios, y por eso se acerca a Él con sus preguntas íntimas. Escuche la
confianza y el deleite en sus primeros versos: “Por siempre cantaré de las
misericordias del SEÑOR; con mi boca daré a conocer Tu fidelidad a
todas las generaciones. Porque dije: Para siempre será edificada la
misericordia; en los cielos mismos establecerás Tu fidelidad”
(vs. 1-2).
En eso
consiste el poder de la intercesión de Etán. Él reconoce el carácter
de Dios: Su fidelidad. La palabra “fiel” describe a alguien sobre el
cual nos podemos recostar o apoyar. Etán también menciona el término
“misericordia” como un atributo divino. Algunos dicen que la
misericordia es “amor fiel,” y Etán afirma que ese amor permanece
para siempre. ¡Cuán maravilloso y seguro es estar en ese lugar! A
veces sentimos una abundancia de ello, pero otras veces parece que
estamos corriendo con el tanque vacío. Lo importante es que nos
podemos apoyar en Dios, y Él responde porque Él es amor. Etán exalta
esas cualidades de “amor” y “fidelidad,” y ruega que Dios cumpla lo
prometido basado en esos atributos.
Súplica en base al Pacto
A
la luz de lo que parecía ser una devastación en la vida de David,
Etán reclamó el cumplimiento del Pacto Davídico, haciendo
intercesión por él (vs. 19-37). Hizo referencia al pacto que Dios
estableció por medio del profeta Samuel:
“…y
haré de ti un gran nombre como el nombre de los grandes que hay en
la tierra. 'Asignaré también un lugar para mi pueblo Israel, y lo
plantaré allí a fin de que habite en su propio lugar y no sea
perturbado de nuevo, ni los aflijan más los malvados como antes, y
como desde el día en que ordené que hubiera jueces sobre mi pueblo
Israel; te daré reposo de todos tus enemigos, y el SEÑOR también te
hace saber que el SEÑOR te edificará una casa. 'Cuando tus días se
cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente
después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su
reino. 'El edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de
su reino para siempre. 'Yo seré padre para él y él será hijo para
mí. Cuando cometa iniquidad, lo corregiré con vara de hombres y con
azotes de hijos de hombres, pero mi misericordia no se apartará de
él, como la aparté de Saúl a quien quité de delante de ti. 'Tu casa
y tu reino permanecerán para siempre delante de mí; tu trono será
establecido para siempre'"
(2 Sam. 7:9b-16).
Luego
de que Etán le recordara a Dios sobre Su pacto, le preguntó: “Si ese
es Tu pacto, ¿por qué está David tan afligido? ¿Por qué su corona
está tan amancillada?” (Vea Salmo 89:39.) ¿Se ha sentido usted así?
A medida que resurge el antisemitismo en el mundo, ese es el clamor
en nuestro corazón. A medida que las naciones traman destruir a
Israel, los cohetes caen sobre Sderot y las emociones del pueblo
languidecen, esa es nuestra súplica del corazón. “¿Por qué Tu ungido
está tan triste y deprimido?” La Biblia está llena de maravillosas
promesas para Israel, ¿pero por qué el mal parece tener la
delantera? ¿Por qué toma tanto tiempo para que los planes de Dios
produzcan fruto?
No
obstante, Etán recuerda el pacto de Dios con David: “Yo he hecho un pacto con mi
escogido, he jurado a David mi siervo: Estableceré tu descendencia
para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones”
(vs. 3-4). No hay forma de confundir el significado de ese pacto.
Dios hizo un compromiso por medio de esas palabras: juró establecer
la descendencia de David para siempre. Para enfatizar la naturaleza
perpetua de Su pacto y que nadie lo malinterpretara, dijo que el
trono de David sería por todas las generaciones. Parece que Etán
está angustiado por lo que aparenta ser la total negación del pacto.
Está apesadumbrado por las circunstancias, y se dirige hacia quien
único puede ayudarle. Cuando nos inundan los titulares deprimentes y
las noticias negativas, muchos comenzamos a dudar de las promesas de
Dios. Es como si Satanás nos tentara al preguntarnos, “¿Dios
realmente dijo que bendeciría a Israel?” Pero nos dejamos engañar si
prestamos más atención a los titulares que a las promesas de Su
pacto.
La
situación de David parecía desesperante para Etán, y sin
posibilidades de que se pudiera cumplir el Pacto Davídico. ¿Pero qué
poseía Etán que fuera tan confiable y verdadero? ¡Tenía la Palabra
de Dios! Etán le recordó al Señor que había descrito a David como,
“Mi siervo” (vs. 3, 20). Ahora que el siervo
del Señor estaba en aprietos, Etán comenzó a reclamar algunos
dividendos de ese pacto.
La
frase “Mi siervo” en el Pacto Davídico es muy
interesante, y tiene grandes connotaciones. Robert B. Chisholm
explica lo siguiente: “El trasfondo para el Pacto Davídico y la
ilustración de ser hijo está asociado con un típico pacto antiguo
del Cercano Oriente en que un rey premiaba a un siervo fiel,
elevándolo al estatus de ‘hijo’ y otorgándole unos dones especiales,
usualmente relacionados con territorio y dinastía. En contraste al
trato de señor/vasallo, de cuyo patrón surge el Pacto Mosaico, el
pacto de otorgamiento era un acuerdo incondicional y cobrable que
nadie podía quitar al receptor. Como resultado, las promesas de Dios
a David estaban garantizadas por un pacto divino
irrevocable.”
Cuando
Dios se refiere a David como “Mi siervo,” implica que ha
hecho un pacto con él, un pacto divino irrevocable. “Por amor a David tu siervo, no
hagas volver el rostro de tu ungido. El SEÑOR ha jurado a David una
verdad de la cual no se retractará: De tu descendencia pondré sobre
tu trono. Si tus hijos guardan mi pacto, y mi testimonio que les
enseñaré, sus hijos también ocuparán tu trono para siempre. Porque
el SEÑOR ha escogido a Sion; la quiso para su habitación. Este es mi
lugar de reposo para siempre; aquí habitaré, porque la he
deseado” (Sal.
132:10-14).
Cuando
Etán temió que el futuro cumplimiento de la promesa a David estaba
en grave peligro, intercedió y reclamó el cumplimiento del pacto
para con Su pueblo.
El pacto incluía la promesa al trono, a pesar de que, ante los ojos
del mundo, David estaba sin poder y autoridad. Sin embargo, Dios usó
unas frases muy contundentes respecto a Sus promesas. “Yo he hecho…,” “estableceré…” y “He jurado…” son sólo tres de las frases mencionadas en el Salmo
89.
Etán
pregunta: “¿Quién es como el Señor?” Quizás algunas personas lo
habían defraudado, pero Dios no lo había defraudado. No podemos
medir la fidelidad de Dios con la de otras personas. Como hemos
visto, tampoco el pecado de David podía revocar el Pacto Davídico.
Dios castiga y disciplina al ofensor, pero el cumplimiento de Su
pacto está asegurado. “Pero
no quitaré de él mi misericordia, ni obraré falsamente en mi
fidelidad. No quebrantaré mi pacto, ni cambiaré la palabra de mis
labios. Una vez he jurado por mi santidad; no mentiré a David”
(Sal.
89:33-35).
No todos los reyes de Judá honraron al Señor,
pero Dios no abandonó a Su pueblo. Él es fiel. No hay limitación a
la fidelidad o al amor de Dios.
Súplica con Lamento
Aunque Etán reconoció esos
importantes atributos de Dios, sus esperanzas de victoria llegaron a
menguar, y pasó de la alabanza al lamento (vs. 46-71). No puedo
evitar relacionar ese sentimiento con lo que está ocurriendo en
Israel durante estos momentos actuales. “¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Te
esconderás para siempre? ¿Arderá como el fuego tu furor?...¿Dónde
están, Señor, tus misericordias de antes, que en tu fidelidad
juraste a David? Recuerda, Señor, el oprobio de tus siervos; cómo
llevo dentro de mí el oprobio de muchos pueblos” (Sal. 89:46,
49-50).
Es muy importante reconocer que podemos ser
engañados por nuestras circunstancias. En verdad, Dios estaba
disciplinando a David y lo estaba preparando para unas
responsabilidades y oportunidades mucho más grandes. En cada una de
nuestras crisis, debemos mantener como fundamento de nuestra fe el
hecho de que Dios es fiel. He aquí una promesa que tiene certeza de
cumplirse: Dios ha hecho un pacto con Su pueblo Israel. También le
ha dado a usted Sus fieles promesas. Es imposible reclamar las
promesas de Dios con Su Iglesia si alegamos que Dios cambió Su
parecer sobre las promesas y el pacto que hizo con
Israel.
Del Lamento a la Alabanza
Las cosas no andaban bien con David, pero Dios
permaneció fiel a Su promesa. Aún cuando nosotros dañamos las cosas,
cuando dejamos de ser fieles, Él permanece fiel. Siempre guardará
Sus promesas, y nos cuidará según Su gran fidelidad. Considere estos
versos:
“Oí, y
se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra
podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy. Tranquilo espero
el día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos.
Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque
falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento;
aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los
establos, con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el
Dios de mi salvación. El Señor DIOS es mi fortaleza; El ha hecho mis
pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar”
(Hab. 3:16-19).
“En
gran manera me gozaré en el SEÑOR, mi alma se regocijará en mi Dios;
porque El me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en
manto de justicia como el novio se engalana con una corona, como la
novia se adorna con sus joyas. Porque como la tierra produce sus
renuevos, y como el huerto hace brotar lo sembrado en él, así el
Señor DIOS hará que la justicia y la alabanza broten en presencia de
todas las naciones” (Is. 61:10-11).
“Por
amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no me estaré
quieto, hasta que salga su justicia como resplandor, y su salvación
se encienda como antorcha. Entonces verán las
naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y te llamarán con
un nombre nuevo, que la boca del SEÑOR determinará. Serás también
corona de hermosura en la mano del SEÑOR, y diadema real en la palma
de tu Dios. Nunca más se dirá de ti: Abandonada, ni de tu tierra se
dirá jamás: Desolada; sino que se te llamará: Mi deleite está en
ella, y a tu tierra: Desposada; porque en ti se deleita el SEÑOR, y
tu tierra será desposada” (Is. 62:1-4).
Recuerde,
las cosas no siempre son como parecen. Servimos a un Dios asombroso,
y Etán lo dijo todo con su verso final: “¡Bendito sea el SEÑOR para
siempre! Amén y amén” (Sal. 89:52). Todo el que se afiance de este salmo,
recibirá fortaleza para los momentos de dificultad y tribulación, y
será bendecido. Dios es fiel ¡a pesar de todo!
“Por
amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no me estaré
quieto, hasta que salga su justicia como resplandor, y su salvación
se encienda como antorcha” (Isaías 62:4).
Por
Ron Ross,
Radio
Mosaico Israel Puentes para la Paz -
Jerusalén
(Traducido por Teri S.
Riddering, Coordinadora PPP Centro de Recursos
Hispanos)
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