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¿ES USTED UN VERDADERO
ADORADOR?
La adoración a Dios implica mucho más que
simplemente asistir a un servicio de adoración donde cantamos
alabanzas y escuchamos la predicación de la Palabra. Adoración es un
estilo de vida que envuelve todo nuestro ser, tanto de día como de
noche. Adorar es todo lo que decimos, lo que hacemos y, más
importante aún, cómo lo hacemos.
En Mateo 6 podemos encontrar unos comentarios de Jesús (Yeshúa) en torno a algunos
asuntos prácticos de nuestra fe, específicamente en torno al
ofrendar, el orar y el ayunar.
Respecto al ofrendar o dar, dijo lo siguiente: "Guardaos de hacer vuestra
justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra
manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los
cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante
de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles,
para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen
su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo
que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre
que ve en lo secreto te recompensará en público" (Mat.
6:1-4).
En Lucas 21:1-4, Yeshúa alabó la pequeña
ofrenda de dos blancas que echó una pobre viuda en el arca de
ofrendas. Jesús describió la ofrenda como mayor en contraste con la
que echaron unos ricos. En proporción a lo que poseían los ricos,
ellos dieron muy poco, mientras que la pobre viuda "...de su pobreza echó todo el
sustento que tenía" (Luc. 21:1-4).
En cuanto a la oración, Jesús dijo en Mateo 6:5-15 que era
mejor entrar a una habitación secreta para orar y procurar a Dios
privadamente. No deberíamos orar públicamente con la mera intención
de ser escuchados por los hombres. Dios recompensa a los que oran en
secreto, pero los que prefieren hacer un espectáculo público de la
oración ya reciben su recompensa de los hombres.
De manera semejante, Jesús dijo que el que ayuna no debe
poner una cara larga para que todos sepan que está ayunando y
recibir la alabanza de los hombres por su “piedad.” Por el
contrario, "…cuando ayunes,
unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que
ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo
secreto te recompensará en público" (Mat. 6:16-18). En tiempos
antiguos, era práctica común de los judíos echar cenizas sobre su
cabeza cuando ayunaban. Por otro lado, lavarse el rostro y ungirse
con aceite era señal de celebración y alegría. Según Jesús, lo
importante es mantener en secreto el asunto de nuestro ayuno entre
nosotros y el Señor, para que entonces seamos recompensados por
Dios.
¿Qué hay de común en estos ejemplos? A Dios le interesa más
la calidad de la expresión de nuestra fe como un acto de adoración
que la cantidad. La profundidad de nuestra devoción sólo es conocida
por Dios. Esa clase de profunda devoción es también la que Él busca.
Después de todo, Dios es un Dios celoso, y lo agradamos más cuando
la adoración es dirigida únicamente a Él, y no es compartida con
otros. A medida que lo bendecimos con nuestros actos de adoración,
Dios será abundante en Su recompensa.
El asunto de la calidad de la adoración era, y todavía es,
muy enfatizado en el judaísmo, y el público judío que escuchaba a Yeshúa debió haber captado
muy bien Su mensaje de no hacer esas cosas como lo hacían los
hipócritas. Ellos sabían a qué se refería, y por qué lo enfatizaba
tan fuertemente.
El anterior Director de Publicaciones en la oficina de
Puentes para la Paz en Jerusalén, Ron Cantrell, dictó una
conferencia sobre este tema de la adoración al Señor, y enfatizó los
conceptos hebraicos de ‘gadlut’ y ‘katnut’. ¿Qué significan
esas palabras? Veamos lo que Ron Cantrell nos dice al
respecto:
Existe un relato judío de que Dios no escogió únicamente al
pueblo judío, sino que ofreció Su Ley a todas las naciones, pero los
únicos quienes la aceptaron fueron los judíos. Si es cierto o no,
sabemos por cierto que Dios le dio las Sagradas Escrituras al pueblo
hebreo. Por esa razón, la herencia que hemos recibido como hijos de
Dios tiene un sabor hebraico. Supongo que si los chinos hubieran
aceptado Su ley, estaríamos estudiando las raíces chinas de nuestra
fe. Pero, dado que las Escrituras surgieron en el cálido desierto
del Sinaí en medio del pueblo hebreo, están empapadas de
características culturales y lingüísticas hebreas. Las raíces del
cristianismo provienen de ese fundamento judío, y todavía mantiene
esa influencia.
¿Y por qué debemos estudiar las raíces hebraicas de nuestra
fe? Cuando estudiamos los orígenes de nuestra fe cristiana,
encontramos una riqueza de datos sobre el carácter de Dios que no
podríamos conocer de otro modo. Por encima del tiempo y el espacio,
nuestra espiritualidad está investida con el manto de la cultura, el
idioma y la vida de los israelitas. El contexto de nuestras
Escrituras es uno del Medio Oriente.
El estudio de las raíces judaicas de nuestra fe no tiene la
intención de convertir los gentiles en judíos. Por otro lado, el
esfuerzo de algunos cristianos en remover todo sabor judío del
cristianismo lo han tornado en un caldo insípido. "Gustad, y ved que es bueno
Jehová..." (Sal. 34:8), es la instrucción del salmista.
Ciertamente, un banquete de sabores nos espera a medida que gustemos
de las Escrituras sazonadas con las especias de los antiguos
Patriarcas.
Oremos con
Propósito
Los turistas que visitan a Israel por primera vez se
sorprenden al ver cómo oran los judíos. Concentrados en su oración,
se mecen de atrás para adelante mientras se presentan ante el Señor.
Los judíos llaman ese tipo de oración por su nombre en “yiddish”:
‘daven’. Me han
preguntado frecuentemente sobre ese curioso movimiento, y hay varias
explicaciones. Lo que se dice más frecuentemente al respecto es que
el pueblo judío percibe al espíritu humano como una llama de fuego.
La palabra hebrea para espíritu es ‘ruaj’. Por lo tanto, si la
persona está absorta en la oración, su llama será movida por el
soplo del Ruaj (Espíritu)
de Dios, y ese movimiento del cuerpo refleja lo que sucede en su
interior.
Hay un gran beneficio en orar con ese
tipo de movimiento, y es que ayuda a la persona concentrarse mejor
en la oración. Ya que la mayoría de los judíos oran de pie, el ritmo
de su cuerpo les ayuda a orar por más tiempo que estando quietos. El
pueblo judío cree que no se debe orar de manera repetitiva y
superficial. Las oraciones deben recitarse con plena conciencia de
su significado. El movimiento ayuda para que los pensamientos se
profundicen más en la mente y el corazón.
Aún en algunos cristianos, el Espíritu Santo
provoca ciertos movimientos corporales cuando entran en profunda
oración. La
palabra hebrea ‘cavaná ’
significa “dirección y propósito.”
Existe una exhortación tradicional de que las oraciones
judías se hagan con ‘cavaná’. Un concepto hebreo
que se halla en esta palabra ‘cavaná’ tiene que ver con
otras dos palabras hebreas: ‘gadol’ y ‘katán’, las cuales
significan “grande” y “pequeño,” respectivamente. La forma
sustantiva de estos verbos hebreos son ‘gadlut’ (grandeza) y ‘katnut’ (pequeñez). El que
ora de manera repetitiva y superficial ora con ‘katnut’, o sea, con una
mente pequeña. Por el contrario, el que ora con ‘gadlut’ lo hace con una
mente grande o elevada. Esa es la verdadera meta o ‘cavaná’ de la oración,
según Dios nos pide que oremos. ‘Cavaná’ enfatiza la calidad
de la oración, y no la cantidad. Eso no sucede si estamos pendientes
de qué opinan los demás acerca de nuestras oraciones, o si oramos de
manera repetitiva y hueca mientras pensamos en otras cosas. Debemos
estar enfocados totalmente en nuestra conversación y nuestra
adoración a Dios.
El Verdadero Milagro del Éxodo de
Egipto
Se puede decir que el proceso del éxodo de Egipto fue en los
hebreos un proceso gradual desde lo pequeño, ‘katnut’, hasta lo grande,
‘gadlut’. Los hebreos
tenían gran temor de los egipcios, bajo cuya autoridad se
encontraban en condición de servidumbre. Incluso, temían ser
apedreados por los egipcios si hacían sus sacrificios a Dios delante
de ellos. Moisés quería hacer los sacrificios a tres días de
distancia del pueblo egipcio. "Entonces Faraón llamó a Moisés
y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en
la tierra. Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque
ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios.
He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de
ellos, ¿no nos apedrearían? Camino de tres días iremos por el
desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él
nos dirá" (Éx. 8:25-27).
Cuando el pueblo egipcio todavía estaba sufriendo la cuarta
plaga, el faraón dio permiso a Moisés para que el pueblo hebreo
saliera a sacrificar a su Dios, pero sólo después de que hubiese
quitado la plaga de las moscas. Dios quitó las moscas, pero entonces
el faraón cambió de parecer. Como resultado, le llegaron más plagas.
La décima y última plaga fue la del paso del ángel de la muerte
sobre los hogares cuyas puertas no tenían la sangre del cordero.
Dios ordenó en Éxodo 12:3-6 que cada familia guardara su oveja en la
casa por cuatro días, y que entonces la matara. Al obedecer esa
orden, los israelitas demostraban que su fe y conocimiento de Dios
se había movido desde una pequeña hasta una grande, una en que
podían creer que ciertamente Dios los iba a librar de su servidumbre
por medio de una manifestación dramática que nunca
olvidarían.
La ola de
plagas que experimentaron los egipcios, pero no los hebreos, era
evidencia del poder de Dios. Sirvió para transformar las mentes y
los corazones de ambos pueblos. Los hebreos se movieron desde una fe
pequeña hasta una grande, desde lo ‘katnut’ hasta lo ‘gadlut’. Por el contrario,
la actitud del pueblo egipcio fue transformada desde una arrogante a
una temerosa, desde una ‘gadlut’ a una ‘katnut’.
Si los israelitas hubieran tratado de huir de Egipto sin el
permiso del faraón, las fuerzas egipcias los hubiera alcanzado más
adelante porque su imperio se extendía al norte hasta la frontera
con el imperio hitita (lo que es hoy día Turquía). Eso abarcaba toda
la tierra de Israel. Dios tenía que asegurar que Egipto no intentara
tocar a Su pueblo ungido, y también tenía que enseñar a Su pueblo
que no temiera a las amenazas egipcias.
Los Jasídicos y el Fervor a
Dios
La importancia del concepto ‘gadlut’ en nuestra vida
espiritual trasciende todas las barreras del tiempo. Es un elemento
que acompañó al pueblo judío, el Pueblo del Pacto, a través de las
edades.
Un rabino europeo de nombre Baal Shem Tov (1700-1760)
criticaba constantemente el judaísmo mediocre. Enseñaba acerca de un
Dios que era directamente accesible. También enseñaba que el ser
humano era capaz de realizar una maldad inimaginable, pero a la vez
procuraba la redención. Por esa razón, cada judío jugaba un papel
muy importante en la transformación gloriosa de lo mundano a lo
sagrado.
El Baal Shem Tov fue fundador del movimiento judío ortodoxo
llamado Jasidismo. Algunas de las canciones más íntimas de amor al
Señor provienen del movimiento jasídico. ‘Yedid Nefesh’ es uno de
esos cánticos más bellos, lo que en español significa: “El que ama
mi alma.” Mi esposa Carol la grabó en su CD titulado “Shalom, Shalom Jerusalem,”
y continuamente escuchamos comentarios acerca de su profundidad y
belleza. Aquí le ofrezco una traducción del hebreo al
español:
“El que ama mi alma, Padre de
misericordia,
Atrae a Tu siervo a Tu voluntad.
Como la gacela corre hacia su
hogar
Señor, yo corro para postrarme ante Tu
trono.”
Esa es una de las canciones más populares entre los israelíes
de todos los tiempos. No tan sólo la cantan los ortodoxos, sino que
todos los judíos de cualquier tendencia aprecian su mensaje
melódico. Jasidismo cambió al judaísmo en general con su manera
íntima de percibir y relacionarse con Dios. A veces los cristianos
pensamos que los judíos son incapaces de disfrutar la alabanza y
adoración a Dios, pero es importante notar que desde tiempos
antiguos ellos reflejaban un intenso amor y devoción a Dios por
medio de su música, especialmente los salmistas
bíblicos.
La Enciclopedia de Religión comenta que el jasidismo
“transformó todo [el judaísmo] con su énfasis en los atributos
divinos, una comunión constante con Dios en pensamiento y oración,
fe en la inspiración y el poder milagroso que poseían quienes
disfrutaban intimidad con Dios, y gozo y fervor exuberante en la
adoración. Sus cánticos de fe llegaron a ser fuente de vitalidad
para el pueblo. Su atractivo principal no consistía en visiones
apocalípticas sobre una inminente redención mesiánica del
sufrimiento humano, sino la manera en que el cántico elevaba a las
masas deprimidas y empobrecidas de su desespero, les
alivia ba su
dolor y sufrimiento, y llenaba al angustiado con una nueva
esperanza.”
“El jasidismo predica el contentamiento, la humildad y la
modestia sin suprimir los impulsos naturales del corazón. Su énfasis
en la salvación por la fe en lugar de las obras o el estudio de la
Torá amenazaba los mismos fundamentos del judaísmo rabínico en
Europa. El jasidismo tuvo gran oposición, pero fue ampliamente
aceptado durante la primera mitad del siglo 19, influenciando a la
mitad de los judíos del mundo durante ese tiempo. Es todavía muy
reconocido hoy día por su canciones populares, que han enriquecido
cada fase de la vida y cultura judía.”
Bajando unos
Escalones
El rabino Levi Yitzhak de Berdichev (1740-1810), sucesor de
Baal Shem Tov, escribió lo siguiente: “Algunos sirven al Bendito
Creador por interés en la enorme bendición que les otorga por
obedecerle, lo que podemos denominar como una pequeña mentalidad o
‘katnut’. Otros le sirven
porque es el Señor, el Gobernante y el Rey, sin importarles las
bendiciones o recompensas que Dios les pueda dar. Tales beneficios y
satisfacciones no son nada en comparación con el verdadero gozo que
produce el servir a Su Bendito Creador. Se puede decir que esos
sirven a Dios con una mentalidad más elevada, o ‘gadlut’.
El Rabino Yitzhak hizo una observación muy interesante acerca
de los relatos de los Diez Mandamientos de Éxodo y Deuteronomio. La
primera vez que Moisés bajó del monte con las tablas de la ley de
Dios (Éxodo 20), el quinto mandamiento de honrar al padre y a la
madre decía así: "Honra a tu
padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que
Jehová tu Dios te da" (Éx. 20:12).
Cuando Moisés descendió del monte, descubrió que los
israelitas habían regresado a su práctica de adorar a ídolos
egipcios porque temían haber sido abandonados por Dios. Intentaron
sustituir el liderato de Moisés y Dios con algo más familiar y
predecible, y crearon una réplica del Becerro Apis, que era
utilizado para predecir el futuro en Egipto. Hicieron una
celebración ante el becerro de oro según habían visto a los egipcios
celebrar el nacimiento de un nuevo becerro, demostrando por medio de
su ritual cúltico la sumisión a sus dioses.
El quinto mandamiento en el relato de Deuteronomio tiene una
frase adicional al de Éxodo: “Honra a tu padre y a tu madre,
como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus
días, y para que te vaya bien sobre la tierra que tu Dios te da”
(Deut. 5:16).
La frase “y para que te vaya bien…” es
la que no se encuentra en el verso anterior. En el contexto de la
frase, eso indica que si el pueblo cumplía con lo primero, Dios
haría lo segundo, a manera de recompensa.
El
comentario rabínico es que la primera vez que Dios dio los
mandamientos al pueblo, Dios creía que le servirían como el
Omnipotente porque sería un gozo obedecerle, pero demostraron que no
era así. La segunda referencia incluye la promesa de una bendición
adicional, para que el pueblo le sirva aunque sea por interés en ser
bendecido.
¿Qué Tiene que ver eso con
Nosotros?
La manifestación portentosa de
Dios no es lo mismo que la manifestación personal e íntima de Dios.
Aarón había presenciado muchas señales asombrosas de Dios,
incluyendo el fuego sobre la montaña, y llegó a sentir gran temor al
escuchar Su voz en el Monte Horeb. Aunque sabía que su hermano
estaba hablando con el Dios del Universo, Aarón hizo el becerro de
oro para apaciguar las ansias del pueblo. Razonaba que Moisés no
tardaría en bajar para contar lo que Dios le había dicho, y
arreglaría las cosas. Pudiese haber sido un espectacular momento de
‘gadlut’, pero Aarón lo
dañó, y lo tornó en un momento de ‘katnut’. Señales y
maravillas no deben ser menospreciadas, pero hay evidencia de que no
ayudan a tornar una experiencia ‘katnut’ en una ‘gadlut’ en el interior del
ser humano. Los truenos y relámpagos desde la cumbre de la montaña
ciertamente no tuvieron un impacto profundo ni duradero en los
corazones de los israelitas.
Los levitas en Israel (la tribu del norte) habían visto la
gloria de Dios, pero durante el tiempo de la monarquía regresaron a
la idolatría. Abandonaron lo ‘gadlut’ en su adoración y
retornaron a lo ‘katnut’.
Tristemente, también influenciaron a otros a hacer lo mismo. “Y los levitas que se apartaron
de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos,
llevarán su iniquidad. Y servirán en mi santuario como porteros a
las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán el
holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para
servirle. Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a
la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi
mano y jurado, dice Jehová el Señor, que ellos llevarán su
iniquidad. No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se
acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santísimas,
sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que hicieron. Les
pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para
todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de
hacerse" (Ezeq. 44:10-14).
En contraste, los hijos de Sadoc (de la tribu de Judá) veían
a Dios con otros ojos. Su perspectiva era ‘gadlut’ en todo lo
concerniente al servicio del Dios Todopoderoso. "Mas los sacerdotes levitas
hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando
los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para
ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura
y la sangre, dice Jehová el Señor. Ellos entrarán en mi santuario, y
se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas"
(Ezeq. 44:15-16).
Por otro lado, la carta a los Hebreos es como un pequeño rayo
de luz en medio de las tinieblas, demostrando que Dios ha invertido
en nosotros el proceso de lo ‘katnut’ a lo ‘gadlut’. “Y nos atestigua lo mismo el
Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que
haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis
leyes en sus corazones, y en sus mentes las
escribiré.”
Luego el autor añade: “Y nunca más me acordaré de sus
pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay
más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para
entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el
camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de
su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe,
purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos
con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de
nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió" (Heb.
10:15-23).
Una palabra muy esperanzadora nos llega de parte del salmista
David en una de sus oraciones. En el Salmo 18, David comienza
expresando su intenso amor por el Señor, y en el verso 35 expresa la
razón por la que Dios lo había engrandecido: "Me diste asimismo el escudo de
tu salvación; Tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha
engrandecido" (Sal. 18:35). La palabra que fue traducida como
“benignidad” viene de la palabra hebrea ‘anvá’, que tiene unas
implicaciones más que una simple “bondad”. ‘Anvá’ también significa
bajarse a otro nivel, a humillarse. Cuando Dios envió a Yeshúa el Mesías, se humilló
para que nosotros fuésemos engrandecidos. Al resucitar, fue elevado
a una posición al lado del Padre, y ahora nos quiere elevar a una
honrosa posición de ‘gadlut’ juntamente con
Él.
La Verdadera Adoración es el Producto de ‘Gadlut’
La grandeza, o ‘gadlut’, nos debe conducir a
alabar y adorar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo, que es
la manera más elevada de expresar nuestra gratitud a Dios. Como
expresaba el rabino Baal Shem Tov, es la transformación gozosa de lo
mundano a lo sagrado. En la Biblia, algunas palabras que han sido
traducidas generalmente como “alabanza” realmente vienen de otras
palabras de significado más profundo. Reflejan una relación más
profunda e íntima con el Señor.
Veamos algunas de esas palabras, y aprendamos lo que
significa adorar en el plano superior de ‘gadlut’.
Halel: Alardear, alabar o engrandecer de
manera celebratoria. "En Dios
nos gloriaremos todo el tiempo..." (Sal.
44:8).
Yadá: Proviene de la raíz hebrea para mano
(‘yad’), que implica
echar o extender algo con las manos, quizás refiriéndose a una
ofrenda mecida. "...Y para
siempre alabaremos [daremos gracias a] tu nombre" (Sal.
44:8).
Todá: Dar gracias con manos extendidas. "El que sacrifica
alabanza [acciones de gracias] me honrará; y al que ordenare su
camino, le mostraré la salvación de Dios" (Sal.
50:23).
Baraj: Bendecir con rodilla doblada y en
humillación. También puede implicar la impartición del éxito. "Bendice, alma mía, a
Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre" (Sal.
103:1).
Shabaj: Ofrecer una adoración a fuerte voz,
sin sentir vergüenza por ello. "Alabad a Jehová, naciones
todas; pueblos todos, alabadle [loadle]" (Sal.
117:1).
Teruá: Aclamar con gritos de júbilo y
victoria, también con el sonido prolongado del cuerno de carnero
(shofar). "Bienaventurado el
pueblo que sabe aclamarte; andará, oh Jehová, a la luz de tu
rostro" (Sal. 89:15).
Hishtajavei: Adoración en postración, con
quietud, asombro y sumisión. "Entonces dijo Abraham a sus
siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta
allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (Gén.
22:5).
Guil: Danzar en círculos con gozo
exuberante. "Jehová está en
medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría,
callará de amor, se regocijará [danzará] sobre ti con cánticos" (Sof.
3:17).
Espero que este estudio de Ron Cantrell y su
perspectiva celestial sobre la grandeza (‘gadlut’) le haya sido de
inspiración. Es necesario que adoremos a Dios con una mentalidad
elevada y con plena conciencia. También podemos apreciar la grandeza
que Dios nos ha otorgado a través del humilde sacrificio del Mesías.
Ahora podemos alcanzar unos niveles espirituales como nunca antes.
Esa grandeza no es para usarla como una medalla y enorgullecernos
por ello, sino para que comprendamos y valoremos el eterno
privilegio de poder unirnos con Dios en profunda e intensa
adoración.
Este mensaje nos podrá ayudar a evaluar
nuestra actitud cuando estamos ante la presencia de Dios. ¿Le
adoramos de veras? ¿Estamos adorando de manera automática, en lo ‘katnut’, y hemos quizás
perdido nuestro primer amor? ¿Necesitamos un despertamiento
espiritual para que entremos a unos niveles de ‘gadlut’ en la
adoración?
No tan
sólo deseemos esa grandeza durante nuestros momentos de adoración.
Procuremos vivir a esa altura, “a la medida de la estatura de
la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13).
(Teri S. Riddering)
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