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DIOS ESTÁ CON NOSOTROS
Un Estudio del Salmo 46


  “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal. 46:10-11).

 

Una tormenta se avecina. Cualquier analista político lo podría predecir. De hecho, cualquiera que sigue las noticias aún ocasionalmente podría estar de acuerdo. Viene una tempestad cuya proporción la mayoría de nosotros aún subestimamos. “He aquí, el mal va de nación en nación, y una gran tempestad se levanta de los confines de la tierra. Y los muertos por el SEÑOR en aquel día estarán desde un extremo de la tierra hasta el otro...” (Jer. 25:32-33a).

 

Desde Israel, donde estamos rodeados por naciones árabes, percibo la cercanía de esa tormenta con mayor intensidad, mucho más que cuando estoy en mi casa en Colorado, Estados Unidos, rodeada por un plácido bosque de árboles de álamo. Cuando trato de imaginar cómo será esa tormenta, ni siquiera puedo visualizar su magnitud. A menudo me pregunto si estaré lista para enfrentarla cuando llegue.

 

El verano pasado, cuando vimos el preámbulo a esa tormenta contra Israel, muchos lo compararon con el Salmo 83, en que se describe una batalla donde la mayoría de los vecinos cercanos a Israel conspiran para destruirlo. Sin embargo, David Dolan, un reportero y reconocido autor cristiano que vive en Jerusalén, comentó que una alianza de naciones o regiones de ese tipo aún no se ha visto hasta el momento. Muchos países ciertamente atacaron a Israel en 1967 y 1973, pero Egipto formaba parte de esa coalición. En el Salmo 83, Egipto no es mencionado en lo absoluto. No obstante, hay mucha razón para que la gente haga referencia a ese salmo cuando ven que las cosas se ponen calientes es esta región.

 

Quisiera que analicemos el Salmo 46. Yo lo considero un salmo de los últimos tiempos porque su lenguaje se asemeja al de los profetas, al del apóstol Juan en el libro de Apocalipsis, y al de Yeshúa (Jesús) cuando describieron los postreros días. Me gusta el Salmo 46 no sólo porque es profético, sino también porque refleja un sentir victorioso. Cuatro veces en ese corto salmo Dios recuerda que está con Su pueblo, aún durante el peor de los tiempos.

 

Yo creo que Dios desea prepararnos para las tormentas que están por venir, y también nos recuerda que estará con nosotros en medio de ellas. No necesitamos un mero recordatorio de esa maravillosa verdad; necesitamos que esa Palabra cave profundamente en nuestro interior de manera que podamos estar firmes cuando lleguen esos tiempos temibles e inciertos. Leamos el Salmo 46:

 

Salmo 46

 

1 Dios es nuestro refugio y fortaleza,

nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

2 Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios,

y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares;

3 aunque bramen y se agiten sus aguas,

aunque tiemblen los montes con creciente enojo. Selah

4 Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,

las moradas santas del Altísimo [Jerusalén].

5 Dios está en medio de ella, no será sacudida;

Dios la ayudará al romper el alba.

6 Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos;

dio Él su voz, y la tierra se derritió.

7 El Señor de los ejércitos está con nosotros;

nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Selah

8 Venid, contemplad las obras del Señor,

que ha hecho asolamientos en la tierra;

9 que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra;

quiebra el arco, parte la lanza,

y quema los carros en el fuego.

10 Estad quietos, y sabed que yo soy Dios;

exaltado seré entre las naciones,

exaltado seré en la tierra.

11 El Señor de los ejércitos está con nosotros;

nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Selah

 

La Tormenta – Tiempo de Tribulaciones

 

El salmista no describe una tormenta cualquiera. Es una extraordinaria y espantosa época de adversidad. Está describiendo lo que podría llamarse uno de los peores tiempos, incluyendo terremotos y tsunamis. Nos recuerda las palabras de Yeshúa: “Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas” (Luc. 21:25). En Mateo 24:7, Yeshúa incluye terremotos, como también el apóstol Juan en Apocalipsis 6:12.

 

En el verso 6, el salmista dice que la tierra se derretirá, y podríamos visualizar volcanes o cataclismos nucleares. Además, habla de problemas políticos, lo que podría implicar colapsos económicos, cambios de gobernantes y guerra. El salmista también habla de que Dios ocasionará “asolamientos en la tierra” (verso 8), indicando que tendrán impacto global. El profeta Hageo menciona un semejante tiempo de sacudimiento: “...Una vez más, dentro de poco, yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme. Y haré temblar a todas las naciones...” (Hag. 2:6-7a).

 

La buena noticia para Israel se encuentra en Isaías 54:9-10. “Porque esto es para mí como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé. Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mi misericordia no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado --dice el SEÑOR, que tiene compasión de ti.”

 

Pero, ¿quién no tendrá temor en momentos como esos? ¿Cómo podremos manejar nuestros temores? ¿Es posible enfrentar esas tormentas sin temor? No estoy diciendo que la tormenta que viene es la que describe el Salmo 46, pero siento que tampoco será cualquier tormenta. Sin duda, llegará por etapas, aumentando en fuerza e intensidad. Sea cual fuese su magnitud, nunca habremos visto algo igual. El anterior primer ministro israelí Benjamín Netanyahu recientemente habló acerca de un próximo conflicto con Irán, y comparó nuestros días con los de 1938, cuando el régimen nazi intensificó sus horrendas amenazas. La diferencia, según Netanyahu, es que el enemigo moderno pronto tendrá capacidad nuclear. ¿Lo podremos enfrentar sin temor?

 

Una respuesta está en que sabemos que Dios es el Señor de la tormenta: “...en el torbellino y la tempestad está su camino...” (Nahum 1:3). Él controla lo que creó. Aunque los eventos parezcan caóticos a nosotros, nada está fuera del control de Dios. Él usa las tormentas para lograr Sus propósitos. A veces las usa para castigarnos: “Serás castigada por el SEÑOR de los ejércitos con truenos y terremotos y gran ruido, con torbellino y tempestad y con llama de fuego consumidor” (Is. 29:6). Así también lo describe el salmista en el Salmo 46. Pero Dios puede calmar la tormenta cuando quiera: “Entonces en su angustia clamaron al SEÑOR y El los sacó de sus aflicciones. Cambió la tempestad en calma y las olas del mar callaron” (Sal. 107:28-29).

 

Recuerde, ésta no será Su primera tormenta. “El SEÑOR se sentó como Rey cuando el diluvio; sí, como Rey se sienta el SEÑOR para siempre. El SEÑOR dará fuerza a su pueblo; el SEÑOR bendecirá a su pueblo con paz” (Sal. 29:10-11).

 

Nuestro Pronto Auxilio

 

Otra respuesta a nuestros temores es la confianza en el pronto auxilio de Dios. La mayoría de las traducciones bíblicas utilizan la palabra “presente” por “pronto,” indicando que la ayuda de Dios está muy tangible, reconocible y suficiente. Dios estará muy cerca en momentos de tribulación. Evidenciará que es suficiente, incluso más que suficiente. Conoceremos Su presencia como nunca antes la hemos conocido. Le encontraremos en los momentos más oscuros, porque “ni aún las tinieblas son oscuras para ti, y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para ti” (Sal. 139:12). Podría ser que nunca lo hayamos conocido tan de cerca porque nunca antes hubiésemos estado en un lugar tan oscuro, pero Él se hará presente.

 

En terminología de los últimos tiempos, el salmista describe a Jerusalén como una ciudad rodeada y bajo asedio. Sin embargo, el profeta Zacarías declara que Dios la ayudará: “Y sucederá aquel día que me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén” (Zac. 12:9). El profeta Isaías aclara: “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia...serán como nada, como si no existieran, los que te hacen guerra. Porque yo soy el SEÑOR tu Dios, que sostiene tu diestra, que te dice: ‘No temas, yo te ayudaré.’ No temas, gusano de Jacob, vosotros hombres de Israel; yo te ayudaré--declara el SEÑOR-- y tu Redentor es el Santo de Israel” (Is. 41:10, 12b-14).

 

Dios está en Medio

 

El verso 5 dice: “Dios está en medio...” A Dios le gusta estar en medio de las cosas. En el principio, Su árbol de la vida estaba en medio del Jardín de Edén. Apareció a Moisés en medio del arbusto. Destruyó al faraón en medio del mar. Su tabernáculo estaba en medio del campamento, y caminaba en medio del campamento (Deut. 23:14). Dios les hablaba de en medio del fuego en el Monte Sinaí. Puso a Israel en medio de la tierra. Era el cuarto “hombre” en medio del horno de fuego con Sadrac, Mesac y Abed-nego (Dan. 3:25).

 

Yeshúa está en medio de dos o tres cuando se reúnen en Su nombre (Mat. 18:20). Yeshúa murió entre otros dos convictos. Luego de Su muerte, cuando los discípulos se habían encerrado por temor, apareció en su medio (Juan 20:19). Juan lo vio de pie entre los siete candelabros (Apoc. 1:13), y finalmente estará en medio del trono de Dios (Apoc. 7:17).

 

Como repite el Salmo 46 en dos ocasiones: “¡El Señor de los ejércitos está con nosotros!” Y como creyentes, podemos decir: “Dios está conmigo. ¡No seré conmovido!” ¡Qué consuelo! Si permitimos que eso penetre profundo en nuestro espíritu, el temor tiene que huir.

 

El Propósito de Dios

 

Entonces, ¿por qué viene la calamidad? En el Salmo 46, veo tres propósitos. En primer lugar, Dios está juzgando al mundo. Usualmente pensamos en el juicio como algo terrible, pero en el verso 8 nos invita a contemplar Sus desolaciones, ¡y seremos alegrados! El Salmo 96 nos explica por qué: “El juzgará a los pueblos con equidad. Alégrense los cielos y regocíjese la tierra; ruja el mar y cuanto contiene; gócese el campo y todo lo que en él hay. Entonces todos los árboles del bosque cantarán con gozo delante del SEÑOR, porque El viene; porque El viene a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con su fidelidad” (Sal. 96:10b-13). ¿Podremos imaginar un mundo donde reine la justicia? ¡Cuán maravilloso será eso! Es una buena razón para estar gozoso, aún en tiempos de juicio.

 

En segundo lugar, Él “hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra” (v. 9). Aunque la tierra tiene que atravesar tribulaciones primero, algún día veremos paz en la tierra.

 

Tercero, Dios dice: “Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (v. 10). Eso lo repite muchas veces en las Escrituras. En todo lo que Dios hace, Su propósito es que el ser humano que creó le conozca. A veces tiene que disciplinar también a Israel para que le conozca, como dice en Ezequiel:

“Y os sacaré de en medio de la ciudad, os entregaré en manos de extraños y traeré juicios contra vosotros. A espada caeréis; en los confines de Israel os juzgaré; y sabréis que yo soy el SEÑOR” (Ezeq. 11:9-10).

 

Otras veces, el Señor les bendice para que le conozcan: “Como aroma agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos y os haya recogido de las tierras donde estáis dispersos; y mostraré mi santidad entre vosotros a la vista de las naciones. Y sabréis que yo soy el SEÑOR, cuando os traiga a la tierra de Israel, a la tierra que juré dar a vuestros padres” (Ezeq. 20:41-42). Aunque Sus propósitos incluyan juicio, disciplina o favor, Su intención es que Su nombre sea exaltado en toda la tierra.

 

Nuestra Respuesta

 

Como vimos anteriormente, debemos regocijarnos en la calamidad porque sabemos cuál será el resultado. Esa debe ser nuestra respuesta durante cualquier tipo de tribulación. Dios siempre tiene un propósito para nuestro bien, aún cuando se manifiesten desolaciones.

 

La primera reacción del salmista en el Salmo 46 es: “Por tanto, no temeremos.” Suena muy sencillo, pero todos sabemos que no lo es. La mayoría de nosotros nunca hemos estado en circunstancias como las de David. Si el rey David fue el autor de este salmo, no sabemos cuándo lo escribió, pero estaba hablando con la confianza de uno que ha experimentado la presencia de Dios en momentos de tribulación: como cuando es atacado por un oso o un león, enfrentando a Goliat, respondiendo en batalla contra sus enemigos, o huyendo de Saúl o de uno de sus propios hijos. Aunque quizás no hayamos experimentado un terremoto o tsunami, podemos recordar el testimonio de David. Dios estará con nosotros, y será nuestro refugio y fortaleza.

 

En el Salmo 46, después de mencionar desolaciones, guerras, arcos, flechas y carruajes, Dios dice: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios.” La palabra hebrea de “estad quietos” no solamente implica estar en silencio. Incluye soltarlo todo, abandonarlo y estar relajado. Algunas traducciones dicen “deja de luchar.” Cuando tenemos miedo, estamos todo menos relajado; estamos tensos. ¿Por qué? Porque nos estamos aferrando a nuestro propio instinto de preservación, sea para nuestro bien o para el de otro. Tenemos miedo de morir, miedo de lastimarnos, miedo de perder algo o alguien. A la postre, debemos estar dispuestos a entregar nuestras vidas, si así lo requiere Dios. Yeshúa lo dijo así: “El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará” (Mat. 10:39). Suéltalo. Pero el Dios de Jacob es nuestro “refugio”: es nuestro lugar elevado, nuestra altura, nuestro lugar de retiro. “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo; en lo secreto de su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto. Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan...” (Sal. 27:5-6a).

 

Es la Palabra de Dios lo que nos hace estar relajados. Todos hemos experimentado eso. Si tomáramos el tiempo de leer Su Palabra cuando estamos en tribulaciones, encontraríamos que inmediatamente nuestro nivel de tensión se reduce. Es la clave para tener “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Fil. 4:7).

 

Cuando de niña visitaba unas clases bíblicas de verano, memorizaba muchos versos bíblicos, pero no he memorizado muchos desde entonces. Por mucho tiempo deseaba volver a tener esa disciplina. Hace algunos meses, desperté repentinamente y supe que era tiempo de hacerlo de nuevo. He vuelto a gozarme en “esconder” la Palabra en mi corazón. La Palabra memorizada adquiere vida de una manera totalmente distinta a cuando solamente uno la lee. Le quiero animar a usted también. Pídale al Señor la gracia para poder realizar esta disciplina. Cuando lleguen momentos difíciles, usted tendrá la Palabra lista, firme en su corazón, para el día de la angustia. El Salmo 46 sería un buen lugar para comenzar.

 

Conclusión

 

En este estudio del Salmo 46, hemos considerado la tormenta venidera y al Señor de la tormenta, quien está en completo control de los eventos. Dios está muy presente. Le gusta estar “en el medio,” especialmente durante momentos de tribulación. ¿Y qué de nosotros? ¿Dónde desea Dios que estemos? Nos quiere “en el medio” también. El Dios de Jacob es nuestro refugio y fortaleza, y es nuestro refugio en medio del caos. Piénselo. Cuando las cosas estén difíciles, y la tormenta esté en su apogeo, ¿dónde está la necesidad? Está en medio de la tempestad. ¿Y quién podrá ayudar a otros? El que no se deja paralizar por el temor.

 

 

Experimentamos ese efecto el verano pasado aquí en Israel, cuando Israel estuvo en guerra contra la Hizbolá. Puentes para la Paz recibió llamadas y solicitudes para ayudar desde sitios donde antes no habíamos llegado, y muchos beneficiarios regulares pidieron más alimento de lo usual. No necesitaban ayuda cuando las cosas se hubiesen calmado. Necesitaban alimento y ayuda mientras caían los cohetes. Varios de nuestros voluntarios viajaron al norte en medio del peligro, sin conocer dónde o cuándo caería el próximo cohete Katyusha. Porque estuvimos dispuestos a estar “en el medio,” ¡pudimos ayudar a 23,000 personas durante y después de la guerra!

 

Dios quiere que estemos con Él en medio del caos. Allí es donde mejor lo podemos percibir, y donde Su presencia se manifiesta más. Oremos para que el Señor nos prepare para los días que vienen, para que estemos preparados a satisfacer la necesidad de otros en esa hora de angustia.

 

Por Charleeda Sprinkle

Editora Asistente

Publicaciones Internacionales

 

 

(Traducido por Teri S. Riddering)

 

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