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EN POS DE LA PAZ


Aún no he conocido a un israelí que no desee la paz. Aunque sea de la izquierda o la derecha en asuntos políticos, todos abrigan un profundo deseo de alcanzar la paz. Las ideas de cómo lograrlo pueden variar, pero estoy convencida de que la vasta mayoría de los israelíes estarían dispuestos a soltar las armas si realmente creyesen que fuese posible alcanzar una genuina paz. Pero he vivido en Israel por casi 20 años, y nunca he experimentado ese tipo de paz. Ha habido temporadas de relativa calma, pero nunca un verdadero cese de violencia.

He aprendido a valorar profundamente la fuerza de seguridad israelí, que provee cierto grado de seguridad a los habitantes en Israel. Los líderes mundiales quisieran resolver los problemas con treguas y propuestas de paz, y desde 1993, Israel lo ha intentado por medio de los Acuerdos de Oslo. El cerco de seguridad que separa a los israelíes de los árabes en las comunidades de la Margen Occidental (la Judea y Samaria bíblica) ha minimizado dramáticamente los actos terroristas en años recientes. Las operaciones militares en Gaza dieron un fuerte golpe al terrorismo, y la Segunda Guerra del Líbano en 2006 tuvo cierto efecto disuasivo. Pero ninguno de esos esfuerzos ha producido la paz. Han sido simples esfuerzos por tratar de bregar con la realidad, que está lejos de ser pacífica. La paz permanece esquiva.

El problema con la mayoría de esos esfuerzos es que no llegan a la raíz del problema. Cualquier esfuerzo que no vaya acompañado de un corazón genuino por alcanzar la paz está destinado a fracasar. Pero los creyentes en el Señor podemos tener paz en nuestros corazones durante momentos amenazantes en esta vida, con la certeza de que Dios está con nosotros. En este Estudio de Israel, quiero explorar el tema de la paz y uno de los peores enemigos al sosegado corazón: el temor.

Cuando Reina el Temor

En el mundo actual, el temor reina en los corazones de hombres y mujeres en todo lugar. La inseguridad financiera, las amenazas de guerra y el terrorismo llenan sus corazones de incertidumbre y negatividad. Ninguno está ajeno al temor. Cuando yo era niña, frecuentemente me sentía atemorizada. Sentía miedo de perros grandes, de puentes por los que uno podía ver hacia abajo, de caballos y de cabras (especialmente luego de que uno muy grande me tratara de morder.) Mi padre era evangelista y maestro de la Biblia, especializado en la profecía bíblica. Algunas de las predicciones para los finales tiempos son muy intimidantes. Por lo tanto, también sentía temor del futuro, y frecuentemente padecía de pesadillas. Mis padres me daban buenos consejos para sobreponerme al temor, y el Señor me ministró mucho en esa área. Pero no sólo los niños sienten temor, sino que muchos adultos también luchan con eso. Podemos sentir temor al fracaso, a personas, a hablar en público, a ruina financiera, al peligro físico, al envejecimiento y a estar solo.

Durante el reciente conflicto en Gaza, Puentes para la Paz estuvo presente para ministrar a los poblados que llevaban ocho años en la línea directa de fuego. Poco tiempo de iniciarse la guerra, fui a conocer los alcaldes de las ciudades afectadas para expresar nuestro apoyo cristiano. La noche antes de ir, tuve que sobreponerme a un repentino sentido de temor. Me preguntaba: “¿Por qué quieres ir a una zona de guerra?” Pero fui, a pesar de ese temor natural, y me alegro de haberlo hecho. Varias semanas después, las sirenas de emergencia también sonaron en Jerusalén. No nos habían advertido sobre una prueba, y cuando escuchamos el sonido ondulante de la sirena, asumimos que Jerusalén se encontraba bajo ataque aéreo. Tomé mi abrigo, celular y cartera, y me uní al resto del personal de Puentes para la Paz en nuestro cuarto de seguridad en el sótano. Aunque no estaba aterrorizada, mi cuerpo respondió con un aumento de adrenalina y fuertes latidos de corazón. La última vez que habíamos escuchado esas sirenas en Jerusalén (excepto por medidas de práctica) fue durante la Guerra del Golfo en 1991, cuando nos refugiamos en cuartos sellados con máscaras de gas mientras Saddam Hussein disparaba misiles Scud contra Israel.

¿Qué es el Temor?

Primero, tenemos que reconocer que hay más de un tipo de temor en la Biblia. Está el temor positivo, del cual hablaremos en un futuro estudio, como el temor del Señor, pero en este Estudio de Israel hablaremos del temor que destruye la paz en que Dios quiere que andemos.

El temor es una aprensión mental de que algo malo pudiera acontecer. Es una emoción que experimentamos en anticipación a algún dolor o un peligro específico. El temor tiene que ver con nuestra mente, nuestro patrón de pensamiento y nuestro sistema de creencia. Otra definición dice que es una respuesta natural a ciertos estímulos, una interpretación hecha en base a nuestro trasfondo individual y nuestras experiencias pasadas. Un diccionario define el temor como “una fuerte emoción causada por la anticipación o la percepción de un peligro; razón por estar alarmado; preocupación ansiosa.” Algunas variantes del temor pudieran incluir desasosiego, ansiedad, preocupación, timidez, susto, alarma, horror, terror o pánico, los cuales son temor en diversos grados o niveles. Mientras reflexionaba al respecto, me dí cuenta que los seres humanos aceptamos el temor como algo natural en nuestras vidas. Pero para el cristiano, el temor no debe ser normal. Aunque ciertamente es algo natural, no es el plan de Dios para nuestras vidas.

Luego de mis temores de niñez, pensé que había dejado eso atrás. Cuando llegué a los 40 años de edad, me regresaron los temores. A mi esposo le habían diagnosticado una condición de diabetes, y un buen amigo me dijo que eso acortaría su expectativa de vida. Cuando me dí cuenta que las mujeres estadísticamente viven más tiempo que los hombres, concluí que yo viviría más tiempo que mi esposo. Habíamos servido al Señor en Israel por varios años, y dependíamos del apoyo económico externo. Nunca teníamos más allá de lo esencial, y no contábamos con un fondo de retiro. Además, no teníamos hijos y, a los 40 años de edad, no esperaba que lo tuviésemos (sin que hubiese un verdadero milagro de Dios). Ante esos hechos, a menudo decía que me quedaría sola, sin ingreso por concepto de ahorros o retiro, sin hijos que me cuidaran, y terminaría comiendo comida de gato. Así transcurrieron varios meses hasta que una noche, en un servicio de la Iglesia, el Señor penetró mi corazón y me hizo ver que estaba difamando Su nombre al no confiar en que se encargaría de mi futuro bienestar. Me sentí culpable por ese pecado de duda, me arrepentí, y luego tuve un verdadero cambio de actitud.

Por medio de esa experiencia, comprendí que el temor y la falta de fe están ligados. Podemos decir que confiamos en Dios, reconocer que Él es el Todopoderoso, Omnisciente Creador del universo, pero si permitimos que el temor tenga un lugar en nuestras vidas, le decimos que no creemos que nos podrá cuidar. Pablo dijo que “…todo lo que no procede de fe, es pecado” (Rom. 14:23). Si dudamos del cuidado protector de Dios, no tenemos fe. Por esa razón, me atrevo a decir que el temor es pecado.

Los Resultados del Temor

El temor ante ciertas situaciones imaginarias puede tener un efecto devastador sobre nuestras vidas. Podría ocasionarnos una parálisis emocional y evitar que sigamos adelante. Los médicos saben que el temor, la preocupación y la ansiedad son frecuentes causas de enfermedad y muerte. El Dr. Charles Mayo dijo: “Nunca he conocido a alguien que muera de demasiado trabajo, pero sí he conocido a muchos que han muerto por causa del temor, la ansiedad y la preocupación.” Un susto repentino podría ocasionarnos un ataque del corazón. La preocupación y el temor constante pueden conducirnos a muchos problemas de salud, como el cáncer, las úlceras y enfermedades cardiacas. El cristiano temeroso no camina en la plenitud de lo que Dios tiene para Sus hijos. Tal persona está atrofiada espiritualmente. El temor roba su gozo y agota su fuerza. Bajo la influencia del temor, tomamos decisiones equivocadas y perdemos muchas oportunidades que Dios nos está ofreciendo.

Recientes eventos mundiales dan la impresión de que todo comienza a salirse de control, pero es tiempo de que los creyentes caminemos en fe. Cuando Yeshúa (Jesús) habló sobre los finales tiempos, advirtió que el temor sería prevalente. “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas, desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas empiecen a suceder, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su redención” (Luc. 21:26-28, énfasis añadido). Aún cuando Yeshúa reconoce que las personas serán inundadas de temor, instruye a Sus creyentes que levanten su vista a Dios. Él quiere que no miremos las circunstancias intimidantes, sino que levantemos nuestra mirada confiadamente hacia Él, porque nuestra redención está cerca.

El Temor no es Plan de Dios para Nosotros

Repetidamente en las Escrituras, el Señor nos dice que no temamos. Veamos algunos de esos textos bíblicos:

"Sean firmes y valientes, no teman ni se aterroricen ante ellos, porque el SEÑOR tu Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará…El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes" (Deut. 31:6, 8). En esos momentos, Josué y los hijos de Israel enfrentaban exactamente lo que enfrenta Israel hoy día—la guerra, con todos sus horrores.

“No temas, porque Yo estoy contigo; No te desalientes, porque Yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré; Sí, te sostendré con la diestra de Mi justicia” (Is. 41:10).

Una de las últimas cosas que dijo Yeshúa a Sus discípulos fue: “…y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20b). Como todavía no hemos llegado al fin del mundo, podemos confiar en el hecho de que Yeshúa todavía está con nosotros. ¿Eso significa que no tendremos que enfrentar problemas? No. También dijo: “Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Dios nunca nos dijo que no tendríamos tribulaciones, pero sí prometió que no tendríamos que atravesarlas solos. “No temas, porque Yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; Mío eres tú. Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, y si por los ríos, no te cubrirán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará” (Is. 43:1b-2).

Uno podría preguntarse por qué el acto de formalizar una relación homosexual pudiera ocasionar la destrucción de la tierra. Podría parecer como si el castigo fuese más que el crimen. Sin embargo, desde los días de la creación, Dios ha resaltado el propósito especial de la institución matrimonial. Maimónides, erudito judío del siglo doce y experto en la Torá, enseñó que Adán fue creado en la plena imagen de Dios, reflejando todos Sus atributos, tanto femeninos como masculinos. Cuando Dios creó a Eva, separó Sus atributos masculinos, reflejados en Adán, de los femeninos, reflejados en Eva. Desde ese día en adelante, cuando el hombre y la mujer se unían en matrimonio, se unían los atributos de Dios en una sola carne para demostrar al mundo un cuadro total de Su persona. Su propósito para el matrimonio siempre ha sido demostrar la plenitud de Su carácter por medio de la interacción entre el esposo y la esposa. Por consiguiente, un matrimonio homosexual infringe el propósito de Dios y crea un cuadro pervertido de Su naturaleza. Según los sabios judíos, esa actividad se hizo tan prevalente durante los días de Noé que, aparentemente, Dios sintió que no le quedaba otra alternativa que destruir a la humanidad y comenzar de nuevo.

¿Cómo Nos Podemos Sobreponer al Temor?

Quiero compartir cuatro maneras prácticas en que podemos sobreponernos al temor:

1. Debemos conocer la verdad en la Palabra de Dios.
Cuando desconocemos las promesas en la Palabra de Dios, tendremos razón por temer. Ese desconocimiento de las Escrituras hará que caigamos en error. “Están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios” (Mat. 22:29). Busque las promesas de Dios en las Escrituras, y medite en ellas. Pídale al Señor que las haga real en su vida. Sus palabras son vida para aquel que las reciba. Para comenzar, lea el Salmo 91 y el Salmo 23.

2. Debemos conocer a Dios y confiar en Él.
La forma en que podemos conocer a Dios y desarrollar confianza en Él es por una relación de intimidad. Las Escrituras proclaman que Él es un Dios de amor, misericordia y compasión, pero a menos que creamos esas palabras de corazón y no sólo de mente, continuaremos siendo víctimas del temor, la incredulidad y la incapacidad de confiar en Él. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor” (1 Jn. 4:18).

No hay más perfecto amor que el amor de Dios. Una revelación de Su amor transformará nuestras vidas. Durante un servicio devocional con el personal de Puentes para la Paz, cantamos muchos himnos maravillosos sobre el asombroso Creador, el Dios que todo lo puede hacer, quien es más grande que todo, a quien nadie lo detiene, quien todo lo sabe, y quien aún así nos ama. Imagínese, ¡conoce cuántos cabellos tenemos en nuestra cabeza, un número siempre cambiante! Dios nos ama, y por ser el amor personificado, desea echar fuera el temor de nuestras vidas. Él desea perfeccionar nuestro amor. Recuerde que Dios no es quien da el temor. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7).

Cuando niña, mi madre frecuentemente me citaba Proverbios 3:5-6. Me dijo que lo memorizara y que lo repitiera cada vez que sentía temor. “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas.” Cuando conocemos a Dios y le amamos, podemos comprender Su amor por nosotros y podemos confiar en Su cuidado protector.

3. Debemos rendir nuestras preocupaciones y temores ante Dios.
Repetidamente en las Escrituras, Dios pide a Su pueblo que se rinda ante Él. Como seres humanos que somos, creados a la imagen de Dios para razonar, resolver problemas y pensar creativamente, a menudo caemos en la trampa de creer que podemos manejar nuestras propias vidas. Frank Sinatra cantaba, “A mi manera,” pero Dios nos llama a que vivamos “a Su manera.” En meses recientes, he estado meditando en oración este asunto de la rendición. Su manera es mucho mejor que cualquier cosa que pudiéramos realizar por cuenta propia. A veces resistimos la rendición porque no queremos perder control de nuestras vidas. Pero el salmista dice:

“Encomienda al SEÑOR tu camino, confía en El, que El actuará…Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan…Porque el SEÑOR ama la justicia, y no abandona a Sus santos; ellos son preservados para siempre, pero la descendencia de los impíos será exterminada” (Sal. 37:5, 25,28).

“Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el SEÑOR” (Sal. 34:19).

“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de ustedes” (1 Ped. 5:6-7).

4. No demos rienda suelta a nuestros pensamientos.
¿Ha observado la manera en que los niños dan rienda suelta a su imaginación? Son muy creativos, y es divertido escuchar sus ideas. La imaginación puede tener ese lado positivo, pero también tiene un lado negativo. El temor frecuentemente es imaginación negativa. Podemos imaginar cosas terribles, y nos parecen ciertas. Considere el proverbio que dice: “El impío huye sin que nadie lo persiga, pero los justos están confiados como un león” (Prov. 28:1). A veces nuestra imaginación nos hace huir de algo no existente. Dios nos ha dado la solución. Debemos mirar a Dios y no a la situación temida. “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado” (Is. 26:3, RV 1909).

Podemos decidir tomar control de nuestra imaginación. Las Escrituras dicen: “Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne. Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2 Cor. 10:3-5, énfasis añadido).

Eso requiere estar en constante estado de vigilancia. Probablemente no podamos evitar que entren ciertos pensamientos a nuestra mente, pero podemos tomar la decisión concienzuda de no meditar en ellos. Debemos tener cuidado de llenar nuestras mentes de cosas edificantes y santas. A mí me ayuda recordar todas las cosas que Dios ha hecho en el pasado, tanto por mí como durante tiempos bíblicos. Siempre me rodeo de música de alabanza y adoración. También debemos pasar más tiempo en la Palabra, y no llenar nuestras mentes de basura. Lo que vemos y leemos se convierte en parte de quien somos. ¡Cuán importante es cuidar lo que entra a nuestras mentes!

Tomemos en Serio el Temor

Recientemente leí el pasaje en Apocalipsis que habla sobre un cielo nuevo y una tierra nueva. Esas maravillosas promesas son para los vencedores, pero me sorprendí al ver la lista de quienes no serían vencedores: "El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado…El vencedor heredará estas cosas, y Yo seré su Dios y él será Mi hijo. Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras, y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apoc. 21:4, 7-8).

Al principio de este estudio hice una aseveración atrevida de que el temor es pecado. Fíjese que los cobardes e incrédulos están en el mismo grupo que los asesinos y demás. Es hora de que los cristianos tomemos este asunto con toda seriedad, y permitamos que Dios nos dé Su paz. Nos dijo que “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten” (Fil. 4:6-8, énfasis añadido).

La Paz Puede ser Nuestra

En hebreo, la palabra por “paz” es shalom, y se escucha muy frecuentemente en Israel. Cada vez que alguien saluda a otro le dice “shalom,” expresando el deseo común por la paz. Hebreo es un idioma en que cada palabra proviene de una combinación de consonantes llamada shoresh (raíz). Las palabras que se derivan de esta raíz significan paz, plenitud, seguridad, y algo completo o terminado. Eso es lo que Dios desea para Su pueblo. Esa verdadera paz que nos lleva a un lugar de plenitud es resultado de un corazón que conoce, ama y confía en Dios. Caminemos en esa paz que Dios nos da.

No podemos negar que el tiempo en que vivimos está lleno de sufrimiento. De hecho, muchos creen que estamos en el final de los tiempos. Hay mucha inseguridad en cuanto al futuro, y es esencial que nos rindamos ante el Todopoderoso y confiemos nuestras vidas a Él. Nos ha dicho que los planes que tiene para Su pueblo son buenos. “‘Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes,’ declara el SEÑOR, ‘planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y Yo los escucharé. Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón’” (Jer. 29:11-13). Tomemos la decisión de invocar al Señor en oración y buscarle de todo corazón. Durante estos tiempos de crisis, debemos poner nuestra esperanza en el Todopoderoso Dios quien ama a Sus hijos.

Yeshúa animó a Sus discípulos diciendo: “La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo” (Jn. 14:27). El mensaje bíblico es claro: Dios desea que pongamos nuestra atención en Él para que nos dé Su regalo de paz, pero la decisión es nuestra. Quiero cerrar con las palabras que el apóstol Pablo usó para animar a los creyentes en Roma: “Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Rom. 15:13).

Por Rebecca J. Brimmer
Presidenta Internacional y CEO





 

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