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BUSCANDO A DIOS:

¿CUÁN SEDIENTO ESTÁS?

 

Como el ciervo sediento de agua                    Sólo Tú eres mi escudo fiel,

Siempre oh DIos Te anhelo así.                     Ante Ti yo me rendiré.

Más que todo anhela mi alma                     Sólo a Ti anhela mi alma,

Adorarte sólo a Ti.                                        Con mi voz te adoraré.

 

Tú, mi amigo, y Tú, mi hermano                 Oro y plata no satisface

Aunque eres Dios y Rey.                           Solo Tú me llenarás.

Cuánto anhela mi vida amarte                         Tu regalo de gozo, dame

     Dios auméntame la fe.                               Sáciame de Tu bondad.

(Letra original en inglés por Martin Nystron - traducción por Teri S. Riddering)

  

El rey David era uno de los mejores “buscadores” de Dios. Podríamos decir que él buscaba al Señor mejor que nadie, pero no sabemos eso de seguro, porque sólo Dios conoce el corazón. Sin embargo, de todos los autores en las Escrituras, David es quien mejor expresaba el corazón del que busca a Dios. Buscaba a Dios apasionadamente, y sus palabras representan eso de manera tangible, pintando cuadros que nos ayudan a comprender lo que es el hambre de Dios.

 

Uno de los himnos contemporáneos de adoración en inglés que se canta mucho en recientes años es “As the Deer” (Como el Ciervo), escrito por Martin Nystrom en 1984. Se basa en el Salmo 42:1-2, probablemente compuesto por David, y ofrecemos aquí una versión al español por esta traductora. ¿Qué corazón no se siente atraído por Dios mientras canta esa alabanza? Podemos sentir el corazón de David mientras anhelaba a Dios. Sin embargo, cualquiera que ha estado enamorado sabe que es necesario escribir más que una simple carta para expresar la profundidad del amor que siente. Quiero que examinemos varias “cartas de amor” del rey David, con la esperanza de provocar esa pasión en nuestro propio corazón hacia Dios.

 

Antes que nada, veamos unos versos bíblicos que expresan ese celo de Dios, escritos mucho antes de David. Luego de que los israelitas hubiesen vagado por el desierto 40 años, justo antes de entrar a la Tierra Prometida, Moisés describió el futuro de la nación, un futuro que le fue revelado sobrenaturalmente. Dijo: “Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis permanecido largo tiempo en la tierra…” (Deut. 4:25). Tristemente, ese verso continúa diciendo que el pueblo caería en idolatría, y que el Señor los dispersaría entre las naciones. Pero también les anima con una buena noticia: “Pero desde allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma” (v. 29).

 

Con la voz posiblemente entrecortada, Moisés les ruega: “Escucha, pues, oh Israel, y cuida de hacerlo, para que te vaya bien…” (Deut. 6:3). Y entonces Moisés pronuncia la famosa frase, que la nación ha recitado diariamente desde entonces, llamada el Shemá: “Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es. Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Deut 6:4-5). Eso fue lo que David hizo. El autor Andrew Murray escribe en su libro The Believer’s New Covenant [El Pacto Nuevo del Creyente]: “El secreto del gozo de la salvación consiste en entregar todo el corazón…Dios se regocija sobre Su pueblo para hacerles bien, con todo Su corazón y con toda Su alma. Eso requiere de nuestra parte [que entreguemos] todo nuestro corazón y toda nuestra alma…Según la medida en que entregamos, recibiremos” [traducción por esta autora].

 

Cuando Dios levantó a David para ser rey, el profeta Samuel dijo a Saúl: “El SEÑOR ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón…” (1 Sam. 13:14). Cuando el apóstol Pablo habló a la multitud durante unos de sus viajes, relató esa historia y clarificó parte de su significado: “…un hombre conforme a Mi corazón, que hará toda mi voluntad” (Hechos 13:22b). Aunque David pecó como cualquier otro hombre (2 Sam. 12), tenía tanta pasión por Dios que, cuando pecó, se arrepintió con igual pasión.

 

Cualquiera que lea el Salmo 51 puede sentir el profundo quebrantamiento y dolor que David sentía por causa de su pecado, y también el temor de que fuese a quedar separado del que tan intensamente amaba. “No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu… Porque no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería… Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás” (Sal. 51:11, 16a, 17).

 

Aprendemos de esto que se requiere un amor apasionado hacia Dios para arrepentirse de manera apasionada y sincera. Pero hoy día, los líderes eclesiásticos que han caído en grave pecado, como el de David, a menudo no se someten a la disciplina del Señor. ¡O que nuestros líderes pudieran ser hombres “conforme al corazón de Dios!” Los miembros de la iglesia también pueden ser culpables de pecado. Que cada cual se arrepienta de su pecado, en lugar de defenderse y justificarse. Pero para hacer eso, debemos desarrollar un corazón como el de David.

 

¿CÓMO DEBEMOS BUSCAR A DIOS?

 

Sedientamente“Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía.  Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente…” (Sal. 42:1-2a). El salmista tiene tanta sed, que dice: “Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche…” (v. 3a). Ese es el lenguaje de un hombre desesperado. Sabemos que David vivió en el desierto mientras huía del rey Saúl (1 Sam. 23). “Cual tierra seca y árida donde no hay agua” (Sal. 63:1) es una buena descripción del desierto de Judea, justo al sur de Jerusalén. Pero David encontró un escondite en Ein Gedi (1 Sam. 23:29), un lugar en el desierto rocoso frente al Mar Muerto, donde había abundante agua para él y para todos sus hombres. ¿En el desierto? Sí, ¡en el desierto!

 

Actualmente, Ein Gedi es una de las atracciones turísticas de Israel. Cuando me visitó mi hija, caminamos por esa área ¡durante el tiempo más caliente del verano, durante el tiempo más caliente del día! Llevaba mi traje de baño bajo mi camisa y pantalones cortos, y mi hija cargaba el agua. Si no hubiese sido por los manantiales de agua, los riachuelos y las cascadas, yo no hubiera podido continuar. Cada 10 minutos, nos deteníamos para mojar mi camisa y pañuelo en el agua, y me los ponía mojados. Dentro de pocos minutos, ya estaban nuevamente secos. Otra estrategia de sobrevivencia era caminar en tenis por donde corría un riachuelo y donde los arbustos producían un poco de sombra. ¡Cómo se nos refrescaban los ardientes pies! ¡Y cuán asombroso era ver el contraste entre la piedra estéril y el riachuelo marcado de verdes arbustos! Al principio del camino, nadie podía sospechar que hubiese allí alguna gota de agua. ¡Qué oasis para el desanimado David y sus hombres!

 

El agua de la Palabra de Dios y Su refrescante presencia está siempre cercana, pero a veces tenemos que tener enorme sed antes de que la busquemos. Y hay mucha gente que ni siquiera sabe a dónde ir para saciar su sed. En su libro Sermones de los Salmos, el pastor Clovis G. Chappell relata una ilustración semejante:

 

“Hay una historia antigua sobre un barco que iba a la deriva, y cuya tripulación languidecía de sed. Por fin, se les acercó otro barco. La tripulación afligida hizo una señal, ‘Agua, agua; estamos muriendo de sed.’ ‘Bajen sus cubetas allí mismo donde están,’ les llegó la respuesta sorprendente. Pero tal respuesta pareció pura burla a los hombres sedientos. Les gritaron de nuevo, ‘Agua, agua; estamos muriendo de sed.’ De nuevo, les respondieron, ‘Bajen sus cubetas allí mismo donde están.’ Por fin decidieron hacer caso, sin seguridad de lo que pudieran encontrar, pero con una pizca de esperanza de que quizás no se estuvieran burlando. Y realmente encontraron algo. Descubrieron agua fresca, que para ellos era inmensurable. Pues, sin saberlo, ellos habían entrado a la amplia desembocadura del Amazonas, cuyas aguas, muchas millas adentro, endulzaban el mar.”

 

Anhelantemente—En el Salmo 63:1, David describe su sed con la frase “…mi carne te anhela…” Otras traducciones usan “mi carne te desea.” Esta es la única vez en la Biblia donde aparece la palabra hebrea kamá, que implica languidecer o desfallecer. Describe una severa desesperación. Varias veces en mi vida he anhelado tan fuertemente a Dios que me ocasionaba verdadero dolor físico. Lamentablemente, sólo fue unas pocas veces. ¿Cuán severo es nuestro anhelo de Dios?

 

Gozosamente—Hay otra canción contemporánea de alabanza que invita a los cantantes a “danzar como David.” Algunas iglesias permiten que los adoradores realmente dancen, mientras otras no lo permiten. Pero David danzó frente al Señor cuando subían el Arca a Jerusalén. El texto en 2 Samuel 6 nos dice que también saltaba. Cuando me encuentro de regreso a América, un equipo de danzantes de mi congregación danza durante la alabanza y adoración. Es muy emocionante verlos en su entrega al Señor. Pero también existen otras maneras de expresar nuestro gozo: gritando, aplaudiendo, levantando las manos, cantando o tocando algún instrumento, y todas ellas son bíblicas. En esa forma, expresamos nuestro amor a Dios con pasión.

 

¿Podemos buscar a Dios con gozo? Sí, y de hecho, la manera más rápida para entrar ante la presencia de Dios es por medio de la alabanza. Sin embargo, no siempre comienza con un sentimiento de gozo. Incluso, podríamos sentirnos muy tristes y deprimidos, pero si nos disciplinamos a pensar de otra manera (Col. 3:2; Fil. 4:8), y le comenzamos a alabar y darle gracias, nuestro espíritu comienza a elevarse. El libro de los Salmos nos ayuda a hacer eso. Cuando usted no puede alabar con gozo, ¡lea un Salmo!

 

Diligentemente—Aunque esa palabra no proviene de uno de los salmos de David, debe ser incluido aquí. El autor de la carta a los Hebreos dice que Dios es galardonador o remunerador de los que le buscan (11:6). Varias versiones en inglés añaden que debemos buscar a Dios de manera diligente, según el significado de la palabra griega que implica investigar, escudriñar o buscar con ansias. En su libro Standing on the Rock [Parada sobre la Roca], la autora Rebecca Brown comenta: “Diligentemente implica trabajo. Debemos trabajar para conocer a Dios.” Como autora, yo comprendo bien el trabajo que se pasa escribiendo un trabajo de investigación o un artículo. No se limita sólo a un deseo que nos emociona por dentro; se trata de una disciplina.

 

¿CUÁNDO DEBEMOS BUSCAR A DIOS?

 

Claro está, tenemos acceso a Dios durante cualquier hora del día, pero escuche lo que nos dice el salmista: “Oh SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración  a ti…” (Sal. 5:3). “Tarde, mañana y mediodía me lamentaré y gemiré” (Sal. 55:17). También, “…a ti madrugaré…” (Sal. 63:1, Versión Sagradas Escrituras). Muchos cristianos luchamos con mantener ciertas horas específicas de oración, pero los judíos tradicionales han practicado horas precisas de oración desde los tiempos de Moisés.

 

Durante el segundo siglo, luego de que fuera destruido el Segundo Templo, surgió un debate entre dos rabinos respecto a que si se debe orar dos o tres veces al día. Muchos judíos creían que Abraham introdujo la oración de madrugada, Isaac la de la tarde, y Jacob, la oración nocturna. (Algunos versos que pudieran sugerir eso son: Génesis 19:27, 24:63 y 32:1-3.) Sin embargo, muchos otros se basaban en oraciones sólo de mañana y tarde, según la hora de los sacrificios (Éxodo 29:38-39). Al considerar el Salmo 55 antes citado, y el hecho de que Daniel oraba tres veces al día (en Daniel 6:10), fue determinado que se debería orar tres veces al día.

 

Pablo exhortó que oráramos “sin cesar” (1 Tes. 5:17), que nos mantuviéramos siempre en una actitud de oración. Pero basado en los textos del Antiguo Testamento, y especialmente porque Dios instituyó la adoración en el Tabernáculo y el Templo de manera regular y diaria, podemos concluir que Su deseo es que le busquemos regularmente, y más que sólo una vez al día. Eso requiere disciplina, pero si deseamos Su compañía, no debe ser una obligación, sino un gozo.

 

¿DÓNDE DEBEMOS BUSCAR A DIOS?

 

En el desierto—Podemos buscar a Dios en cualquier lugar, ¿pero dónde le encontró David? El Salmo 63:1 dice: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua.” ¿Por qué la Biblia narra tantas experiencias importantes en el desierto?

 

Fue en el desierto donde Hagar se encontró con Dios (Gén. 16:7); donde Dios entrenó a Moisés por 40 años para que fuera pastor, y se le reveló en una zarza ardiente (Éx. 3:1-2); donde Dios se dio a conocer a Israel repetidamente durante 40 años; donde Dios entrenó a David para ser rey; donde Elías se escondió del rey Acab y fue alimentado por cuervos (1 Rey. 17); a donde huyó Elías de Jezabel y fue encontrado por Dios en el mismo monte que a Moisés (1 Rey. 19); donde Juan el Bautista vivió y ministró (Mat. 3:1); donde Yeshúa (Jesús) fue tentado antes de comenzar Su ministerio (Mat. 4:1); y donde probablemente Pablo recibió más comprensión sobre el Nuevo Pacto (Gál. 1:17). ¿Desea usted ser un hombre o una mujer de Dios? Entonces, no resista las épocas de desierto en su vida. Desafortunadamente, a menudo necesitamos sequías en nuestra vida para que busquemos a Dios en verdad. Oseas nos dice: “…en su angustia me buscarán con diligencia” (5:15b).

 

En el Santuario“Así te contemplaba en el santuario…” (Sal. 63:2). “Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo. Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo; en lo secreto de su tienda me ocultará; sobre una roca me pondrá en alto” (Sal. 27:4-5). Moisés y Josué también le buscaron allí. El deseo de David no era de sólo encontrarse con Dios dos veces al día durante el momento del sacrificio, sino de habitar allí. Para los creyentes en Yeshúa, esa es una verdadera posibilidad. A eso se refería cuando nos dijo que moráramos en Él (Jn. 14:1-11).

 

Aunque yo haya experimentado muchos grandes momentos de estar a solas con el Señor, en la privacidad de mi hogar o en el auto mientras voy al trabajo, somos amonestados a no dejar de congregarnos (Heb. 10:25). Yeshúa dijo: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat. 18:20).

 

David amaba el lugar de la morada de Dios, y sabemos que el Tabernáculo y el Templo eran meras réplicas del trono celestial de Dios (Heb. 8:5). En el cielo, nuestra experiencia de adoración será mucho más espectacular de lo que podríamos experimentar en la tierra. Pero en el cielo, la adoración no será privada, sino corporativa. Seremos parte de “una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero” (Apoc. 7:9).

 

Dios desea que le busquemos como pueblo, no tan sólo como individuo. Yo pienso que el pueblo judío hace eso mucho mejor que nosotros. Cuando ellos confiesan sus pecados en Yom Kipur (Día del Arrepentimiento y del Perdón), sus oraciones recitadas hablan de “nosotros.” A menudo confiesan sus pecados y oran como nación. Sin dudas, eso se debe a que Dios los escogió como nación. Están siguiendo el ejemplo de intercesores como Nehemías (1:7). En Basic Judaism [Judaísmo Básico], Milton Steinberg explica: “El hombre no está sólo, sino que participa en su comunidad. Por lo tanto, no es suficiente que hable con Dios en su soledad; debe dirigirse a Él en su otro aspecto también.” Dios quiere que lo busquemos en la comunidad y como una comunidad, juntos en un solo cuerpo.

 

¿Por Qué Debemos Buscar a Dios?

 

¿Recuerda Hebreos 11:6, donde dice que Dios “…es remunerador de los que le buscan?” ¿Cuáles son esas recompensas? En el Salmo 63, David dijo: “Así te contemplaba en el santuario, para ver tu poder y tu gloria” (v. 2) y “porque tu misericordia es mejor que la vida…” (v. 3). Oseas dijo: “…porque es tiempo de buscar al SEÑOR hasta que venga a enseñaros justicia” (Oseas 10:12). Amós 5:6 dice: “Buscad al SEÑOR y viviréis…” Para un creyente, nuestra vida depende de buscar así a Dios.

 

Satisfacción—En el Salmo 63:5, David lo resumió diciendo, “está saciada mi alma…” El pastor/rey dijo en el Salmo 23, “…nada me faltará.” El Rev. Chappell relató una ilustración sobre lo que es estar satisfecho por Dios:

 

“Una gallina encontró una rara y fea criatura entre su nidada de normales y respetables polluelos. El huevo del cual había nacido fue encontrado en la ladera de una escarpada montaña. Éste trató de satisfacerse con la vida mansa y aburrida del corral. Pero por alguna razón, eso no funcionaba. Su pico torcido estaba fuera de lugar allí, y sus enormes alas eran inservibles. Así la pobre y torpe avecilla miraba al mundo con ojos apagados. No podía encontrar su lugar, ni sentirse en casa allí. Pero un día escuchó un fuerte chillido desde arriba. Cuando miró, sus ojos se encendieron. Vio una gran ave igual que él, un águila. Entonces se dio cuenta de lo que había estado anhelando todo el tiempo. Abrió sus lustrosas alas marrones y salió disparado hacia la libertad de su mundo mayor. Estaba hecho para las alturas y para los riscos de las montañas. Por esa razón no se sentía satisfecho en el corral. Nosotros tampoco podremos estar satisfechos si no tenemos a Dios. Eso es cierto, aunque lo reconozcamos o no.”

 

Todo lo que Necesitamos—En el Sermón del Monte, Yeshúa dijo: “Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿qué beberemos?’ o ‘¿con qué nos vestiremos?’…Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:31, 33). Los cristianos a veces confundimos nuestras prioridades. Ponemos primero nuestras carreras y necesidades materiales, pensando que nosotros somos responsables de obtener esas cosas, y si nos queda tiempo, buscamos a Dios. Yeshúa dice que lo busquemos primero a Él, y Él nos dará todas las cosas que necesitamos. Él quiere que le busquemos para la carrera que Él quiere para nosotros, dónde Él quiere que vivamos, o dónde Él quiere que estudiemos. Si lo buscamos primero que nada, Él se encargará de todas nuestras necesidades.

 

¿Cuánto de Dios Deseamos Tener?

 

Rebecca Brown reta a sus lectores con unas fuertes preguntas: “¿Cuánto de Dios usted desea tener? ¿Quiere sólo lo suficiente para asegurar que llegue al cielo cuando muera, pero no lo suficiente para que se sienta inquieto o incómodo?...¿Cuánta interferencia de Dios permitirá usted en su vida privada, sus metas o sus sueños? ¿Está dispuesto a que Dios haga en su vida lo que usted no desea?”

 

El desear más de Dios tiene su precio. ¿Tenemos suficiente sed como para pagar el precio? Tristemente, Rebecca Brown comenta que “el temor de ese precio es lo que nos detiene de progresar.” Como cristianos, debemos estar dispuestos a decir, como dijo Yeshúa en Su vida: “…no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn. 5:30b).

 

Dios Nos Busca

 

Una relación como la que buscaba David comienza con Dios. Es Dios quien nos invita: “Buscad mi rostro…” (Sal. 27:8a). Las Escrituras nos enseñan que Dios es un buscador diligente. Así como el pastor amoroso, Él no está sólo interesado en grandes números, sino que deja el rebaño de ovejas para buscar a una sencilla oveja perdida y desesperada. Como dice en el libro de Ezequiel: “Buscaré la perdida, haré volver la descarriada, vendaré la perniquebrada y fortaleceré la enferma…” (Ezeq. 34:16a).

 

Si nuestros corazones carecen de la pasión de David, o si no tenemos la disciplina necesaria para continuar adelante, todo lo que tenemos que hacer es pedir a Dios por misericordia. Su deseo es nuestro bien. Él desea tener una relación más profunda con nosotros de lo que nosotros mismos pudiéramos desear. Esa es la promesa que Dios nos hizo a través de Jeremías: "Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón” (Jer. 29:13).

 

Por Charleeda Sprinkle

Editora Asistente

 

(Traducido Por Teri S. Riddering) 

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