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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
MÀS EFECTIVOS EN GUERRA QUE LAS BALAS

(Por Daniel Pipes, ‘New York Sun’, 17 de octubre de 2006)
 

Los soldados, los marineros y los pilotos una vez determinaban el resultado de una guerra, pero ya no. Hoy día, los productores de televisión, los columnistas, los predicadores y los políticos tienen una posición más determinante en cómo el Occidente va adelantando en la guerra. Ese cambio en estilo de combate tiene unas implicaciones muy profundas.


 
En una guerra convencional, como la Segunda Guerra Mundial, el combate se realizaba bajo dos premisas tan básicas que casi nadie se percataba de ellas.

La primera premisa era que las fuerzas armadas convencionales daban el todo por el todo con intención de ganar la guerra. El lado en oposición respondía con sus compañías de soldados, filas de tanques, flotas de barcos y escuadrones de aviones. Millones de jóvenes salían a la guerra, mientras los civiles sufrían privaciones. Los asuntos de estrategia e inteligencia eran importantes, pero el tamaño de la población, la economía y las armas en el arsenal eran aún más importantes. Un observador podía evaluar el progreso de la guerra al seguir el estatus de la exportación de acero, abastecimiento de petróleo, construcción de barcos y control de territorio.


 
La segunda premisa era que la población de cada lado apoyaba fielmente a su liderato nacional. De hecho, los traidores y disidentes eran eliminados, mientras que un amplio consenso apoyaba a sus líderes. Eso era especialmente notorio en el caso de la Unión Soviética, cuando aún los dementes asesinatos masivos de Stalin no detuvieron a la población de dar su máximo por la “Madre Patria.”

Ambos aspectos anteriores de ese paradigma han fallecido.


En primer lugar, el combate convencional contra fuerzas enemigas en pos de la victoria ya casi ha desaparecido, y ha sido sustituido por la amenaza indirecta de operaciones guerrilleras, insurgentes, intifadas y terrorismo. Ese nuevo patrón aplica a los franceses en Algeria, a los americanos en Vietnam, y a los soviéticos en Afganistán. Es también cierto respecto a la lucha entre los israelíes y los palestinos, en cuanto a las fuerzas de coalición en Irak y la guerra contra el terrorismo en general.


Ese cambio significa que ya es inmaterial conocer el número de soldados y armas, denominado por la milicia estadounidense como “contar los frijoles,” como también el estado de la economía y el control de territorio. Guerras con lados desiguales ahora se parecen más a operaciones policíacas que a combates del pasado. Al igual que en la moderna lucha contra el crimen, el lado que disfruta de superioridad en términos de poder tiene que operar bajo un sinnúmero de limitaciones, mientras que la parte más débil libremente viola cualquier ley o norma en su despiadado intento por arrebatar el control.


En segundo lugar, la solidaridad y el consenso de antaño se han ido esfumando, proceso que comenzó hace casi un siglo (con los británicos durante la guerra de Sudáfrica entre 1899 y 1902). La noción de lealtad ha cambiado fundamentalmente. Antes se podía asumir que una persona era fiel a su comunidad natal. Un español o un sueco era fiel a su monarca, un francés a su república, y un americano a su constitución. Ese supuesto ya está obsoleto, reemplazado por la fidelidad hacia una comunidad política, como el socialismo, el liberalismo, el conservatismo o el islamismo, por nombrar algunos ejemplos. Los lazos geográficos y sociales son de mucha menos importancia que antes.


Ahora que las lealtades son esenciales, las guerras se deciden mayormente en las páginas periodísticas y menos en el campo de batalla. Los buenos argumentos, la retórica elocuente, la capacidad de manipular sutilmente la verdad y los fuertes números en las encuestas valen más que conquistar una colina o cruzar un río. La solidaridad, el ánimo, la fidelidad y el conocimiento son el nuevo acero, el caucho, el petróleo y el armamento. Por lo tanto, los gobiernos occidentales deben utilizar las relaciones públicas como parte de su estrategia.


Aún en el caso de la adquisición iraní de armas nucleares, la opinión pública occidental es clave, y no tanto su arsenal. Si estuvieran unidos los europeos y los americanos, se podría disuadir a los iraníes de seguir adelante con su programa nuclear. Si no hay unidad entre Europa y Estados Unidos, los iraníes pueden redoblar sus esfuerzos.


Carl von Clausewitz dijo que “el centro de gravedad” de una guerra ha cambiado desde la conquista armada a una conquista de corazones y mentes de sus ciudadanos. ¿Los iraníes aceptan las consecuencias de tener armas nucleares? ¿Los iraquíes aceptan a las tropas de coalición como libertadores? ¿Los palestinos se sacrifican voluntariamente en ataques suicidas? ¿Los europeos y los canadienses quieren una verdadera fuerza militar? ¿Los americanos ven el islam como un peligro letal?


Los estrategas no-occidentales reconocen la prioridad de la política retórica y se aprovechan de ello. Hubo una secuencia de victorias debido a la erosión en la fuerza de voluntad del enemigo: Algeria ganó en 1962, Vietnam en 1975 y Afganistán en 1989. En julio de 2005, el hombre #2 de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahri, describió esa idea en una carta al declarar que más de la mitad de la batalla islamista se realiza en los medios de comunicación.


El Occidente ha sido afortunado en dominar las áreas militares y económicas, pero esas ya no son suficientes. Al igual que sus enemigos, tienen que prestar más atención al efecto de las relaciones públicas en la guerra.


OTRO ARTÍCULO RELACIONADO DE ARUTZ-SHEVA: El previo Jefe de Estado Mayor de la Fuerza de Defensa Israelí Moshe Ya’alón cree que la propaganda árabe contra el derecho de Israel en existir ha llegado al extremo de afectar hasta la propia sociedad israelí.


“La propaganda árabe fortalece los reclamos contra la legitimidad de la existencia de un estado judío,” dijo Ya’alón, “y, tristemente, esas alegaciones se están infiltrando entre la juventud israelí, muchos de los cuales se encuentran en crisis de identidad y están ignorantes de la historia del pueblo judío.”


MOTIVO DE ORACIÓN: Ore para que Israel pueda aprender a utilizar esa importante arma militar, que es ganar la opinión pública por medio de los medios de comunicación. Ore también para que el propio pueblo israelí no sea disuadido por la propaganda árabe, sino que apoye fielmente a su propio pueblo.


VERSO BÍBLICO: “Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el que te formó desde el seno materno: Yo, el SEÑOR, creador de todo, que extiendo los cielos yo solo y afirmo la tierra sin ayuda; hago fallar los pronósticos de los impostores, hago necios a los adivinos, hago retroceder a los sabios, y convierto en necedad su sabiduría. Yo soy el que confirmo la palabra de su siervo, y cumplo el propósito de sus mensajeros; el que dice de Jerusalén: ‘Será habitada’; y de las ciudades de Judá: ‘Serán reedificadas, y sus ruinas levantaré’…” (Is. 44:24-26).

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