LA
GUERRA EN SDEROT:
Viviendo bajo
Lluvias de Kassam
Como si fuese
cualquier día rutinario, la Sra. Geut Aragón trabajaba con su
computadora en la habitación, acompañada por su hijo y el vecinito
de cinco años llamado Lior. No había nada inusual, y el hijo de Geut
salió un momento para ir al baño. De repente, un cohete Kassam
estalló por el techo. Geut y Lior sobrevivieron, gracias a Dios.
Aunque ambos tuvieron que ser hospitalizados, el hijo de Geut
resultó ileso.
Shlomi, el esposo de Geut, estaba trabajando en
una cafetería de Sderot. Recibió una llamada telefónica informándole
del ataque. Había comenzado a trabajar allí hacía siete meses, y el
negocio andaba muy mal. Trabajaba desde las 7:00 a.m. hasta la
medianoche. Por medio de un traductor, Shlomi dijo que durante los
pasados tres meses, su clientela se había reducido en un 70%. ¿Qué
siente un padre, esposo y jefe de hogar cuando su casa ha sido
golpeada por un Kassam? Su respuesta es sorprendentemente simple:
“¿Qué siento? Preocupado, nervioso.”
Habían
transcurrido dos días desde el ataque. La habitación había sido
recogida, y aún colgaba del techo una pequeña lámpara en forma de
avión como vestigio de la vida previo al ataque. De alguna manera,
la vida había seguido adelante para esta familia en Sderot. También
se podía ver una mancha de sangre en la pared, recordatorio sombrío
del peligro que siempre se vive allí.
Poco después de salir de ese hogar marcado por
el terrorismo, supe de otro cohete Kassam que había caído en Sderot.
Fue uno de los 40 cohetes recibidos ese día en la región, parte de
una lluvia de 200 que cayeron durante un período de siete días. Un
grupo de personas se habían reunido en la calle justo luego de haber
explotado el Kassam. Una mujer lloraba en la puerta trasera de su
casa en expresión nerviosa. Un vecino era ayudado a una camilla de
ambulancia, también sufriendo de ansiedad. El equipo de limpieza
trabaja rápidamente. En 30 minutos, ya el Kassam había desaparecido
y los bomberos habían lavado el hoyo negro que quedó en la calle
como resultado del cohete.
Me detuve en la calle para entrevistar a un
hombre sobre el incidente. Su nombre era Ohad Haddad, estudiante en
el cercano Colegio Sapir. Dijo que se encontraba en su casa cuando
había caído el cohete, pero nunca escuchó la sirena advirtiendo
sobre el inminente peligro. Se sintió muy asustado cuando oyó caer
el misil. No tiene planes de abandonar a Sderot, pero su perspectiva
es representativa del desespero que sienten todos en esa zona de
guerra. “No tengo a dónde ir,” expresó Haddad. “Pronto habrá en cada
ciudad más bombas y ataques suicidas, así que no quedará un lugar
seguro en todo Israel. Por ahora nos quedaremos aquí, y esperemos
que el gobierno haga algo para protegernos.”
Shlomi dijo que también se quedaría en Sderot. Había
nacido allí, y no quería dejar su comunidad tan familiar, ni
siquiera luego de su percance. Pero no podemos decir lo mismo de
todos sus vecinos. La hija de unos vecinos fue herida, y ellos
piensan irse de Sderot. Esa decisión podría hacerse cada vez más
común para los 19,000 habitantes del pueblo. Se percibe más y más
frustración con el paso de los días. “Es muy difícil. No es sencillo
vivir en una ciudad con cohetes a cada momento, cada día y cada
hora,” dijo Haddad.
Puentes para la Paz ha ofrecido ayudar a Sderot
para aliviar su sufrimiento. Hemos adoptado a Sderot como parte de
nuestro proyecto Adopción de una Comunidad Israelí. Proveemos
alimento a 100 familias en necesidad, asistencia para proyectos
especiales, y ánimo en medio de la tragedia.
La vida debería ser más que un simple alivio
esporádico en medio del sufrimiento. Pero luego de siete años
recibiendo cohetes desde Gaza, el manejo de crisis ha sido rasgo
distintivo de la vida diaria en Sderot. Así como la lámpara en forma
de avión que rehusó sucumbir bajo el cohete Kassam en la casa de la
familia Aragón, los residentes de Sderot rehúsan sucumbir ante la
guerra contra su ciudad.
Por
Joshua Spurlock, Corresponsal
PPP
Radio Mosaico Israel
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Queridos
Amigos:
Cuando leí el anterior relato de Joshua sobre
la vida tan sufrida en Sderot, supe que tenía que compartirlo con
ustedes, además de contarles sobre la forma en que estamos ayudando
a los ciudadanos traumatizados de Sderot. Cuando les preguntamos en
qué manera podíamos ayudar, nos respondieron: “Necesitamos frazadas
y calentadores eléctricos.” Las casas en Israel no están construidas
para soportar un clima muy frío, y estamos atravesando un intenso
invierno. Nuestro único problema, en ese momento, era que no
teníamos fondos en el proyecto de Víctimas de Terrorismo. Pero mismo
día alguien envió un e-mail preguntando cómo podía ayudar a las
víctimas de Sderot. Cuando le dijimos que necesitábamos 300 frazadas
y 200 calentadores eléctricos, él y su fundación nos enviaron US
$14,000 para cubrir ese gasto. ¡Gloria al Señor por Su bondad! Qué
bueno es ser parte de la solución para que los cristianos compartan
el amor de Dios con Su pueblo.
Hay tantas
necesidades en Israel: el 25% de la población vive bajo el nivel de
pobreza, misiles están continuamente cayendo sobre la parte sur de
Israel desde Gaza, y Nasrallah expide amenazas a diario desde el
norte. Usted puede ser
parte de la respuesta divina para aliviar el sufrimiento del pueblo
israelí. Ellos levantan sus voces, diciendo: “Ten a bien, oh SEÑOR,
libertarme; apresúrate, SEÑOR, a socorrerme… Por cuanto yo estoy
afligido y necesitado, el Señor me tiene en cuenta. Tú eres mi
socorro y mi libertador; Dios mío, no te tardes”
(Salmo 40:13, 17). Mientras claman, Dios nos pide que les ayudemos
en su necesidad. ¡O si fuésemos receptivos para escuchar Su voz y
obedecer Su mandato! Los donativos y las oraciones que recibimos nos
capacitan para ser el rostro del amor de Dios ante el pueblo de
Israel. A continuación, algunas maneras en que usted puede
ayudar:
Adopción de una Comunidad Israelí—Con el
compromiso de US $100 al mes por un año, usted puede ayudar a
alimentar la gente de un pueblo “adoptado” y demostrarles el amor
cristiano.
Víctimas de Terrorismo—Cualquier cantidad
puede animar a los que son víctimas del terrorismo y de la
guerra.
Frazadas—Cada una tiene un costo de $18
estadounidenses.
Alimento—Debido a un aumento de 20% en el
costo de alimento en Israel, tenemos que aumentar nuestro
presupuesto para que continuemos brindando la misma cantidad de
antes.
Bendiciones
desde Jerusalén,
Rebecca
J. Brimmer
Presidenta
Internacional y CEO